Análisis

P. Pedro Rentería: “Hospital de campaña”

Hospital de campaña

De la serie: “A ti, joven campesino

Bueno, chavales, estamos ya en vacaciones estivales. Y en las puertas de la Navidad, supongo que estáis saboreando las buenas calificaciones alcanzadas en la Gestión ya terminada. En algunos, creo, no tan buenas…

¿Verdad que este final de Gestión fue bastante raro? Los acontecimientos políticos y sociales vividos en el mes de Noviembre en nuestra querida Bolivia, nos pusieron a todos “boca abajo”, me gusta decir. Y, como suele pasar en este tipo de vivencias, la “resaca” (ya sabéis: ¡diccionario siempre a mano!) resultante se extenderá en el tiempo y pondrá a prueba nuestra paciencia, honestidad y buen hacer.

Nunca olvidaré la sensación de miedo e inseguridad que vivisteis algunos de vosotros. Aprendí entonces, que es precisamente el adolescente, tras su fachada de arranque y energía, quien esconde incertidumbre, perplejidad y sin sinfín de interrogantes.

Y de esa dura experiencia, salimos fortalecidos… ¿verdad, chicos?

Permitidme, amiguitos del hogar-internado, retomar unas palabras con las que concluí el anterior artículo de esta columna, allá por Octubre: “Y que, entre todos, construyamos la cultura del encuentro, del diálogo, de la sinceridad y del progreso material y humano para los descartados, como nos recuerda nuestro buen Papa, Francisco”.

Necesito hoy retomar otras palabras de Francisco. El Pontífice nos saca los colores porque nos recuerda, en multitud de ocasiones, la urgencia del buen entendimiento entre los ciudadanos y los pueblos y, como resultado de ello, la construcción de mejores días, en especial para excluidos, marginados, menesterosos… descartados de nuestra sociedad y cultura.

En 2014 el Papa afirmó en uno de sus muchos encuentros con fieles católicos y no católicos: “…También, he dicho algunas veces que la Iglesia se parece a un hospital de campaña: tanta gente herida, tanta gente herida… que nos pide cercanía, que nos piden aquello que pedían a Jesús: cercanía, proximidad”.

Me parece que hoy tenemos un país herido… y dividido. En esta triste realidad, la Iglesia, nosotros los bautizados, siguiendo las consignas de Francisco, debemos ser ese “hospital de campaña”. Lo cierto es que, conociendo las mejores páginas de la vida de creyentes convencidos, lo hemos sido en momentos históricos bien dramáticos: guerras, persecuciones, desastres naturales, surgimiento y caída de ideologías…

Serán necesarias nuestras mejores disposiciones para algo temido y, quizá por ello, poco valorado: escuchar. Es gran medicina para las heridas. Estar disponibles, muy disponibles, para aquel que se acerque con su queja, su duda, su rabia, a lo mejor su violencia. Es la cercanía y proximidad de las que habla el Papa. Fueron las fuertes actitudes de Jesús. También lo dice Francisco.

Escuchar es acoger. A todos. Sin mirar siglas de partidos políticos ni ningún otro condicionante. Diferenciando con inocencia, pero con astucia, los intereses nobles de los mezquinos. A veces se presentan demasiado entremezclados. Ayudemos a separar el buen y humilde trigo de la orgullosa cizaña.

Sigue diciendo Francisco: “¡Cuánta pobreza y soledad lamentablemente vemos en el mundo de hoy! ¡Cuántas personas viven en gran sufrimiento y piden a la Iglesia ser signo de la cercanía, de la bondad, de la solidaridad y de la misericordia del Señor!”.

Ofrezcamos el Evangelio. ¿Qué mayor y mejor tesoro? Compartamos con las gentes la experiencia de la fe, del amor de Dios, del encuentro con Jesús. No hay vivencias más hermosas.

Cuando escribo estas líneas no estáis cerca. Así que sólo puedo imaginar alguna pregunta de esas que os encanta plantear. Por ejemplo, qué hacer, cómo actuar, cómo ser también vosotros hospital de campaña…

No tengáis miedo. Sed igualmente cercanos: en la familia, con los amigos, en el deporte. Escuchad a todos. Sin enemigos. En las dificultades, la paciencia y generosidad. Ante las críticas e insultos, la sonrisa. Y una oración sincera al buen Dios cuando el callejón no tenga salida.

El milagro estará en vuestras manos.

Seréis buenos “galenos” (¡diccionario!) en ese hospital de campaña.

 

[Imagenelpais.com]