Análisis

P. Gonzalo Quisbert: La solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles Difuntos

Los primeros días del mes de noviembre la Iglesia celebra estas dos fiestas: La fiesta de Todos los santos y la conmemoración de los fieles difuntos. La Iglesia peregrina que somos todos nosotros, celebramos la fiesta de nuestros predecesores los santos y conmemoramos a la vez a nuestros difuntos, que nos recuerda la muerte, pero también la nueva vida que han adquirido después.

En Bolivia, hay una tradición cultural y religiosa muy fuerte. El día primero de noviembre, quienes han perdido a sus seres queridos, preparan un altar (mesa) con todas las cosas, que les gustaba comer y beber en vida. Al medio día se enciende el candelabro y los familiares en torno al altar comparten sea la comida y la bebida. El dia dos de noviembre, se va al cementerio llevando aquello que se había preparado en la mesa, pan, frutas, dulces y se comparte con las familias de escasos recursos, y éstos como signo de gratitud deben rezar por los fieles difuntos, por su alma, por su salvación. Esta tradición tiene un profundo sentido cristiano. “La muerte para el creyente nunca es el final”, “la oración es también de intercesión por los vivos y difuntos.

Alaben, siervos del Señor; alaben el nombre del Señor! Así comienza el salmo 112, que se recita en las primeras vísperas de la solemnidad de todos los santos. Este día primero del mes de noviembre, la comunidad cristiana entra en comunión con todos/as bautizados que han tenido una vida cristiana ejemplar. Decimos santos/as a hombres y mujeres a las que ha reconocido la Iglesia y le ha dado un lugar especial, elevándoles en el altar. No olvidemos que, los santos han sido personas de carne y hueso con cualidades y porque no decir con defectos. Ellos han sabido tener bien claro el bien y el mal, ayudados por la Palabra de Dios y acompañados del Espíritu Santo han buscado de asemejarse a Dios. Los santos nos acompañan, e interceden delante de Dios por nuestras necesidades.

En la profesión de fe decimos: “Creo en la comunión de los santos”. Pues este día, como todos los días del año los creyentes entramos en común unión con ellos. La comunidad cristiana conmemora a tantos hombres y mujeres que se han dejado guiar por el Espíritu del Señor, han cumplido los mandatos y han sido personas de bien. Pensemos en nuestros seres queridos que nos han mostrado el camino del bien a través de sus vidas. De manera concreta, quiero recordar a algunos sacerdotes que me han dado ejemplo con sus propias vidas y con su ministerio sacerdotal: Padre José Ferrari, Padre Manfredo Rauh, Padre Juan Vossing, Padre Crispín Borda, estoy seguro que ellos ya están gozando de presencia de Dios y, no solo ellos, cada quién tiene a alguien que recordar, sacerdote, religiosa, abuelos, papá, mamá o alguna amistad.

Celebrando la solemnidad de todos los santos, nos viene la invitación de buscar también nosotros la santidad en la vida cotidiana. Probablemente en este tiempo, ser santos sea difícil, porque el mundo de hoy nos muestra muchos caminos, que, en vez acercarnos a Dios puede alejarnos. Como decía San Pablo, “Dios sea nuestra fuerza”. San Bernardo Abad, dice: “cuando pienso en los santos, me arde grandes deseos”; el deseo de estar en comunión con ellos, de ser conciudadanos, familiares de los espiritus beatos y encontrarnos con la asamblea de los santos y compartir la Gloria de Dios.

El decreto Apostolicam Actuositatem (AA) del concilio Vaticano II dice: “La misión de la Iglesia no es solo anunciar el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres, sino también el de impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico” (5). El creyente no solo debe mirar el cielo, sino que debe estar con la mirada puesta en las cosas terrenas y buscar la santidad. Recordamos las frases del papa francisco: “De lo que tenemos necesidad, especialmente en estos tiempos, son de testigos creíbles que con la vida y con la palabra hagan visible el Evangelio, despierten la atracción por Jesucristo, por la belleza de Dios”. “Es necesario que hayan cristianos que hagan visible a los hombres de hoy la misericordia de Dios, su ternura por cada criatura”. Celebremos pues estas dos fiestas, con la esperanza de la resurrección. Un día esperamos estar en la asamblea de los santos, para gozar de la felicidad que no tiene fin.