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Nuestro EDITORIAL: ¿Qué te ha sucedido, Sudamérica?

La también vieja Sudamérica, y cansada, necesita integración, diálogo y creatividad. Particularmente en nuestra realidad boliviana echamos en falta ese incansable diálogo con los diferentes sectores sociales, que eche por tierra la confrontación, la crítica a cualquier precio, la marginación y exclusión de los de siempre, la charlatanería en los discursos, el bloqueo sistemático, …

El pasado día viernes, 6 de Mayo, el Papa Francisco recibió el Premio Carlomagno en el Vaticano. La ceremonia de premiación se llevó a cabo en la Sala Regia del Palacio Apostólico.

El Premio Carlomagno es otorgado desde 1950 por la ciudad alemana de Aquisgrán, cuyo alcalde, Marcel Philipp, estuvo presente junto a numerosas personalidades, entre ellas, su Majestad el Rey de España, Felipe VI. Fue la canciller alemana, Ángela Merkel, la encargada de la entrega del galardón junto a los Presidentes de la Comisión Europea, del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea.

El Papa Francisco ha sido el segundo Pontífice en recibir este premio, tras San Juan Pablo II en 2004. Lo recibió por “ser la voz de la conciencia de Europa” y aprovechó para pronunciar un denso discurso en el que apuntó interesantes reflexiones que brevemente queremos destacar.

A los líderes presentes del Viejo Continente, Francisco exigió “capacidad de integrar, de dialogar y de crear”. Llamó a “construir puentes y destruir muros” y denunció “una Europa cansada y envejecida”.

“Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida” -dijo el Papa-. “Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio”.

“Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Y sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía”.

“¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores?”

“Hoy urge crear «coaliciones», no sólo militares o económicas, sino culturales, educativas, filosóficas, religiosas… Armemos a nuestra gente con la cultura del diálogo y del encuentro” -añadió, clamando puestos de trabajo digno y un futuro para los jóvenes- “que ya son el presente”.

Todos los medios de comunicación, tanto europeos como los más cercanos, se han hecho eco de este discurso, valorando la fuerza de las palabras, sin duda proféticas, del Pontífice.

Nos preguntamos: ¿podría aplicarse, en parte, a nuestra querida Sudamérica lo dicho por Francisco?, ¿podríamos asumir el título de nuestro Editorial, con todas las consecuencias? Estamos seguros de responder afirmativamente a estos interrogantes.

La también vieja Sudamérica, y cansada, necesita integración, diálogo y creatividad. Particularmente en nuestra realidad boliviana echamos en falta ese incansable diálogo con los diferentes sectores sociales, que eche por tierra la confrontación, la crítica a cualquier precio, la marginación y exclusión de los de siempre, la charlatanería en los discursos, el bloqueo sistemático, …

Una Sudamérica abierta a la vida, a toda vida, desde la concepción hasta la muerte natural. Son inquietantes, por ejemplo, los intentos que nos rodean por eliminar “legalmente” vidas incipientes con inhumanas prácticas abortivas.

Soñemos, junto con el Papa, con una Sudamérica donde todavía el chico trabajador de la calle, el abuelito que pide limosna en cualquier esquina de nuestras calles, la mamita humilde que peregrina atención con su niñito en el aguayo, el adulto alcohólico y moribundo, el joven emigrante que deja el campo buscando una oportunidad en la gran ciudad, el discapacitado desatendido… y tantos otros “descartados” -como le gusta decir a Francisco- encuentren manos solidarias, acogedoras, promotoras de los básicos derechos humanos.

Una tierra, la nuestra, autora de auténtica democracia, libre de escándalos y mentiras de doble filo, libre de rancia corrupción que atosiga conciencias y genera violencia y despilfarro.

Y, ¿por qué no?, una tierra -nuestra hermosa tierra- donde el libro, ese buen amigo, ocupe las manos y el intelecto de nuestros jóvenes, donde la tecnología punta esté en su lugar forjando conocimiento y verdadero encuentro entre las personas, donde el arte -todo arte- fragüe sensibilidad y armonía.

Una Sudamérica, en fin, de gentes honestas, sinceras, trabajadoras, empeñadas en sumar y no restar, como se dice hoy. Gentes constructoras de puentes y no de muros, como dijo el Papa ante su merecido galardón.

Una gran Sudamérica, una gran Bolivia, noble herencia que pongamos en manos de nuestros hijos.