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Nuestro Editorial: ¿Navidad sin Niño y con Papá Noel?

¿Es justo rechazar de plano la Navidad vivida sólo con Papá Noel? Porque son multitudes las que intentan vivir su Navidad desde el amor y la generosidad. Desde altos valores humanos. Y no tanto religiosos. Multitudes que en estos días, y a lo largo de todo el año, se comprometen en programas de apoyo social de gran altura. 

Van transcurriendo las jornadas navideñas. No han faltado los asombros y las emociones: el felicitarnos unos a otros, el compartir regalos, el reencontrarnos las familias… Todo ha contribuido en la vivencia de esta época llena de mágicas sensaciones.

Un poco más allá, en el trasfondo, la vida sigue ofreciéndonos los desencuentros y lamentables noticias del entorno social y político. No son sólo las idas y venidas de quienes presuntamente tejieron un complicado tejido de extorsiones. El pueblo, perplejo, se pregunta si la madeja urdida tendrá fin o se impondrá generosamente la indisimulada impunidad.

Lamentable es la escasa seguridad que ofrecen nuestros medios de transporte que han producido estos días un buen número de víctimas. Corre la irresponsabilidad en las fuerzas de seguridad para aplicar estrictamente las normas decretadas para asegurar vidas y bienes. Corre la irresponsabilidad en los chóferes a quienes les gana el sueño, el alcohol, las absurdas “competiciones” deportivas en la carretera o la simple mala educación para tratar con sus pasajeros.

Ante la sospecha de falta de transparencia y manejos varios en la consulta gubernamental a las comunidades del TIPNIS para la construcción de la discutida carretera que atraviese el corazón del Parque -sospecha basada en argumentos sopesados y no meras especulaciones-, la Iglesia Católica participó en la Comisión que evaluó los resultados de dicha consulta. Lo hizo junto a miembros de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos y de la Federación Internacional de Derechos Humanos. Lamentable cómo la Iglesia ha tenido que encajar las escasamente mesuradas imprecaciones de nuestros gobernantes cuando cumple con su obligación de ofrecer una palabra que quiere ser denuncia constructiva.

Lamentable también el pintoresco espectáculo, repetido cada Diciembre, de tantas familias migrantes que, llegadas de sus humildes comunidades, acuden a nuestras ciudades en busca de un juguete, algo de comida o ropa y, sobre todo, el calor de la mano compasiva. Asistencialismo que soluciona poco pero, quizá, limpia conciencias y estimula protagonismos. La salud económica de nuestro país tendrá un buen diagnóstico el día en que estas buenas gentes no necesiten mendigar.

En los últimos años, y no sólo en nuestras latitudes sudamericanas, parece que ha surgido con fuerza un mensaje, llamémoslo, de “purificación” navideña. Purificación del consumismo, de los excesos en comidas y bebidas, del sentimentalismo o ramplona sensiblería religiosa. Son muchas las voces que se alzan reclamando una vivencia más auténtica del único sentido que tiene la Navidad. De la única noticia que merece la pena celebrar: el Nacimiento de ese Niño que, como señal dictada por los ángeles, reposa en el humilde pesebre. Ciertamente, la Navidad tiene su origen y su fin en esta Buena Noticia que alegra a la Iglesia entera y, seguro que también, a tantos hombres y mujeres de buena voluntad.

Será poco todo lo que digamos y hagamos los católicos convencidos para inducir una buena y límpida “propaganda” del acontecimiento que cambió la historia humana. Que convirtió a Jesús de Nazaret en el eje sobre el que calendarizamos esa historia.

Vivir así la Navidad es vivirla con Niño.

Pero, ¿es justo rechazar de plano la Navidad vivida sólo con Papá Noel? Porque son multitudes las que intentan vivir su Navidad desde el amor y la generosidad. Desde altos valores humanos. Y no tanto religiosos. Multitudes que en estos días, y a lo largo de todo el año, se comprometen en programas de apoyo social de gran altura. La respuesta afirmativa al anterior interrogante sería una insensatez.

Estuvo acertado el editorialista Francis Church, del desaparecido The New York Sun, al responder a Virginia, una niña de 8 años que le escribió: Querido Editor, dime la verdad, ¿existe Papá Noel? Y él sabiamente le respondió:

Sí, Virginia, Papá Noel existe. Es tan cierto como que existe el amor, la generosidad y la devoción. Y tú sabes que todo eso existe de verdad y trae más belleza y alegría a nuestra vida. ¡Qué triste sería el mundo si no existiese Papá Noel! Sería tan triste como si no hubiese niñas como tú. No existiría la fe de los niños, ni la poesía y la fantasía, que hacen nuestra existencia leve y bonita. Pero para eso tenemos que aprender a ver con los ojos del corazón y del amor ¿Si existe Papá Noel? Gracias a Dios vive y vivirá siempre que haya niños grandes y pequeños que han aprendido a ver con los ojos del corazón.

¡Qué triste sería contarnos en la fila de los católicos que no aprenden a ver con los ojos del corazón!

En todo caso, el presente Año de la Fe nos estimula a crecer en nuestra creencia y vivencia cristianas y así asumir las grandes interpelaciones con que constantemente nos dispara nuestro entorno. Como la de Papá Noel.

Y la Nueva Evangelización, en que estamos inmersos, se constituye en el mejor acicate para testimoniar esa Fe. Para motivar el regreso de tantos que abandonaron la Iglesia, desencantados con anteriores experiencias religiosas. Para suscitar interrogantes en quienes aún no conocen la dicha de la Fe.

Claro, que nosotros, desde INFODECOM, nos quedamos con el Niño.

FELIZ NAVIDAD y DICHOSO 2013 para todos nuestros lectores, anunciantes y colaboradores. Gracias por su confianza en el año que termina.