Análisis

No se oye, Tata

Ha causado extrañeza en la población nacional y posiblemente en algunos observadores del extranjero no escuchar ningún comentario ni instrucción alguna del presidente Evo ni del vicepresidente Álvaro acerca del escándalo que se produjo en nuestro país referente a los hechos de corrupción que involucran a importantes hombres públicos en el caso del norteamericano Ostreicher.

Comentando este hecho que nos pareció incomprensible o tal vez inteligente, mi pariente espiritual trató de conseguir un pronunciamiento mío al respecto, pero yo que soy un viejo mañoso que entra al agua y no se moja, entra al fuego y no se quema, se divierte en el “Malena” y no paga, respondí a todas sus preguntas diciendo “no se oye, Tata”.

Sin dejarse vencer por mi astucia, la cholita cochabambina me aclaró que ella no es ningún Tata y que en todo caso tendría que decirle “Mama o Mamitay” o “Mamacita”, pero siguiendo la tradición aimara le respondí: “No se oye, Tata”.

Sin perder la paciencia con este juego me dijo: “Recapacite, compadre, no es posible que usted quien está atento al menor ruido que se produce en la plaza Murillo no hubiera escuchado la explosión de esa noticia-bomba que hizo estremecer al Palacio Quemado donde funciona el Ministerio de la Presidencia dirigido por el señor Juan Ramón Quintana y el Ministerio de Gobierno encabezado por el doctor Carlos Romero…”

Poniendo mi “cara de opa” (que no me es muy difícil) respondí a la inteligente cholita cochabambina: “¡No se oye, Tata!

Menos amoscada que en un comienzo, mi interlocutora trató de reflexionarme y manifestó: “No se haga el k´asa compadre, pues se ha sabido que esta noticia llegó hasta Estados Unidos desde donde alguien le dio el mensaje del escándalo al mismísimo presidente Evo y éste le cuenta todo a su vicepresidente Álvaro…” Poniendo mi “cara de coxuáter” (que también me es facilísimo), miré el rostro juvenil y perspicaz de la cholita nacida en Quillacollo y volví a repetir con la sabiduría de un amauta de verdad: ¡No se oye, Tata!!!

Sin darse por vencida mi agraciada benefactora insistió una vez más: “Recapacite, compadrituy y dígame “ ¿No es verdad que en estos momentos se están apretando las clavijas a algunos jueces y fiscales para esclarecer hechos anteriores y sancionar a abogados que actuaron desde el Ministerio de Gobierno junto a cinco ministros anteriores al Dr. Carlos Romero…?”.

Impertérrito respondí a mi comadre aunque ella no entendió esa palabreja que utilicé: Le respondo por enésima vez: -¡¡¡No se oye, Tata!!!