Internacional

Navidad en Belén: una Puerta más allá del miedo

Dieciséis exponentes salafitas arrestados en la zona de Belén justamente en la vigilia de la Navidad. Y medidas de seguridad por parte de la Autoridad Nacional Palestina, después de amenazas específicas atribuidas al llamado Estado Islámico. Como si no fuera suficiente la intifada de los cuchillos (que también ayer cobró en la Tierra Santa su terrible tributo de sangre), en este 25 de diciembre en la ciudad de la Basílica de la Natividad se materializó también el espectro de las banderas negras del califato.

¿Solamente palabras para sembrar el temor o un peligro real? En ambos casos, se trata de una Navidad marcada por un clima particularmente denso la que se vive en este 2015 en Belén. Incluso en estos días de fiesta, los peregrinos de todo el mundo disminuyeron notablemente con respecto a otros años. A pesar de los acostumbrados ritos y los adornos navideños por las calles, se escucha claramente el eco de las tragedias que se viven a pocos kilómetros.

El Patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal, está bien consciente de esta situación. Y no lo ocultó en la homilía de la Misa del Gallo, celebrada en la Iglesia de Santa Catalina, la Parroquia latina que se encuentra al lado de la Basílica de la Natividad, en donde la tradición cristiana sitúa el nacimiento de Jesús. En primera fila lo escuchaban, como todos los años, el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, el primer ministro Rami Hamdallah y diplomáticos de todo el mundo. «Podemos decir con tristeza que hemos perdido nuestra humanidad y nuestros valores espirituales —comentó con amargura—, y la religión se ha convertido en un motivo para matar en nombre de Dios, en lugar de invitar a la fraternidad. Lo que sufrimos hoy es la ausencia de misericordia, como si la llegada de Cristo y el mensaje de su nacimiento fueran vanos».

Por esta razón, incluso en la Belén de las sombras más oscuras, en esa Tierra Santa en donde la intifada de los últimos meses se ha convertido en una verdadera lucha cuerpo a cuerpo, la respuesta a todas estas heridas debe estar bajo el signo de esa misericordia indicada por Papa Francisco, porque es la única medicina para el mundo. En Nochebuena, pues, también en Belén se abrió una Puerta Santa del Jubileo. Materialmente es la puerta de la Iglesia de Santa Catalina, pero idealmente tiene en su interior la puerta de la célebre Basílica de al lado, esa que queda impresa en la memoria de los peregrinos, porque para pasar por ella es necesario inclinarse.

Hace muchos siglos, las medidas de seguridad eran así: una puerta baja para impedir la entrada de quienes fueran a caballo. Pero hoy ese inclinarse asume también un significado preciso: recuerda que para pasar por la Puerta de la misericordia es necesario inclinarse sobre todos los heridos de esta tierra. «Nuestro corazón está con los millones de refugiados desperdigados por los campos y las tiendas, presa del frío inclemente —recuerda el Patriarca en su homilía navideña. Está con aquellos que huyen de las zonas de conflicto, que atraviesan el mar con medios improvisados, transformándolo en un gigantesco cementerio. Nuestras oraciones, nuestro pensamiento van a las casas demolidas en Jerusalén y en Palestina, a los terrenos expropiados y a aquellos que han sido golpeados por un castigo colectivo. Nuestro pensamiento va a las víctimas del terrorismo, en donde se encuentren y sin importar a cuy pueblo pertenezcan. Todos son nuestros hermanos en humanidad».

Fouad Twal llama a una misericordia que debe convertirse en elemento «de la acción pública». Y que debe ser un compromiso no solo para los cristianos: «Hay semillas de misericordia en todas las religiones —recuerda—, sobre todo en la religión hebraica y en el islam, que la consideran una característica eminente de Dios. Antes de ser el Omnipotente y el Creador, Dios es el Misericordioso. Es nuestra tarea cuidar estas semillas para que puedan crecer en nuestra vida pública y privada».

Twal explica el significado concreto de esta reflexión: la invitación se dirige «no solo a las personas honestas, sino también a los que hacen el mal», para que se arrepientan y cambien su camino. El Patriarca desmenuza este mal en sus nombres más incómodos, como la indiferencia, la corrupción, el tráfico de armas. Pero «la misericordia todavía existe», explica, y recuerda como ejemplo los esfuerzos de «Jordania, del Líbano, de Turquía y de muchos otros países europeos» para acoger a los prófugos. Es tarea nuestra, concluye, «rezar al Príncipe de la Paz y de la Misericordia para que se transforme la faz de la Tierra, para que el mundo se convierta en un lugar acogedor y seguro, en donde reinen la paz, en lugar de la rivalidad, la misericordia, en lugar de la venganza, y la caridad, en lugar del odio».