Oruro

Diarios de la M. Nazaria Ignacia: Nace la Cruzada Pontificia

Fundación en Oruro de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia

Hacen 95 años atrás, la Hna. Nazaria Ignancia de Santa Teresa de Jesús March, salía del convento de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, congregación con la que llegó el año 1912. De ella, sabemos que fue una mujer que amó con intensidad la vida que había elegido para servir al Señor, a quien intentaba seguir “lo más cerca que pudiera una humana criatura”

Sabemos, por ejemplo, que ponía el mayor empeño en hacer aquello que le desagradaba; o que (según sus reflexiones personales) se había esmerado al extremo en tender las camas de los ancianitos viendo que ninguna costura o arruga lastimara el cuerpo de sus ancianitos.

Pero, qué le motivó a emprender un proyecto que le obligara a dejar a sus Hermanitas y la congregación a la que tanto amaba?

Las Hermanitas de su congregación, solían y aún lo hacen, recorrer las calles en procura de limosnas para el sostenimiento del Asilo de Ancianos que ellas atendían en Oruro. Pero, tanto contacto con la gente, le impulsó a robar un poco de su tiempo para dedicarlo al catecismo, en especial a las vendedoras de los mercados, o a los niños…

Esas actividades, no le fueron desapercibidas al P. Abel Isidoro Antezana, sacerdote cordimariano que desde “La Matriz”, atendía la Ermita del Socavón y la capillita del Señor de la Paciencia que más tarde sería erigida parroquia, quién empezó a madurar la posibilidad de una congregación misionera. Aquellas iniciativas, se irían cristalizando con el apoyo del Internuncio en Bolivia, Mons. Felipe Cortesi, la erección de 3 nuevas Diócesis, el 11 de noviembre de 1924 (la de Oruro, con el P. Abel Isidoro Antezana como su primer Obispo, la de Potosí, con el P. Cleto Loayza y la de Tarija con el P. Ramon Font, sus primeros Obispos) y la consagración del P. Augusto Siffert y Julio Garret para La Paz y Cochabamba.

El 11 de marzo de 1925, son consagrados los cinco nuevos Obispos y tienen un primer encuentro en La Paz con Sor Luisa del Carmen Rufo. Están presentes, los nuevos Obispos: Mons. Antezana y Siffert junto al Internuncio Mons. Cortesi; allí irán concretando el nuevo proyecto. Ella iba acompañada de sus Superiora Sor Luisa del Carmen y otra hermanita. Mons. les pedirá quedarse fuera mientras conversan con Sor Nazaria.

Pasa el tiempo y su superiora al sospechar algo, decide el traslado de Nazaria… el tiempo apremia y se hace necesario tomar urgentemente decisiones e iniciar el proyecto; la excusa, “El beaterio de las Nazarenas” donde habitan varias mujeres laicas en régimen conventual, se ha visto criticada por las constantes peleas y escándalos protagonizados por las “beatas”.

Ya Mons. Antezana informaba al Internuncio la realidad del lugar: “En vista de la desorganización, que hace muchos años con notoriedad pública reina en el Beaterio de las Nazarenas de esta ciudad, destinado desde su fundación a Casa de señoras dedicadas al servicio del Señor;  con el deseo de mejorar sus condiciones en todo sentido, haciendo de él un centro útil a la sociedad y a la Iglesia; conocedor de las cualidades que adornan a la R.M. Nazaria March, de la Congregación de las Hermanitas del Asilo de Ancianos Desamparados. A mi modo de ver, impulsado por el Espíritu Santo, suplico a V.E. si es a su beneplácito,  quiera autorizar como representante ante la Santa Sede Apostólica para que pueda vivir separada de su Comunidad temporalmente en el mencionado Beaterio con el fin de reformarlo.”

En mayo de 1925, Mons. Cortesi responde: “En atención a la súplica elevada a esta Internuciatura Apostólica por el Iltmo. Y Rvdmo. Mons. Abel Antezana, Obispo de Oruro y a la recomendación del Iltmo. y Rvdmo. Mons. Augusto Sieffer, Obispo de La Paz.

Conociendo las disposiciones y anhelos que impulsan a la R.M. Nazaria March del Asilo de Ancianos Desamparados de Oruro, a consagrarse a una obra para la cual la llama Dios, según el juicio  de dichos Rvdmos. Prelados y de otros eclesiásticos autorizados.

Concedemos a la R.M. Nazaria March licencia por seis meses de morar fuera de Comunidad a fin de que pueda atender a la reforma del llamado Beaterio de Oruro, bajo la dirección del Ordinario Diocesano.”

Las condiciones estaban dadas; la tarde del 16 de junio, el Obispo Mons. Abel Isidoro Antezana, Obispo de Oruro; el P. Ignacio Duña, Vicario, el P.  Félix Sola, Superior de los PP. Franciscanos, el P. Argandoña, se dirigen al Asilo.

Aquí, hago un alto para algunas precisiones: El asilo, entonces estaba ubicado en la Calle Chimborazo (hoy, Calle Junín); lo que fuera Asilo, es ahora el Colegio Mariscal Antonio José de Sucre, y el templo que ellas atendían fue San Juan de Dios, demolido hacen como 35 años atrás, hoy es el nuevo Obispado de Oruro.

Pero, volvamos nuevamente la mirada atrás. Allí en la salita, están todos reunidos: Mons. Antezana, una comitiva de la Curia, del otro lado, Sor Luisa del Carmen Rufo, Superiora de la Comunidad, varias hermanas y, claro, como en el banquillo de acusados, Sor Nazaria Ignacia.

El Canciller da lectura de una Carta a la superiora que dice: “Adjunta a este oficio encontrará V.R. copia de la licencia temporal, oficialmente concedida por la Nunciatura Apostólica, para la R.M. Nazaria de Santa Teresa de Jesús March, a fin de que pueda morar fuera de la Comunidad en el Beaterio de esta ciudad en calidad de Superiora con objeto de reformarla y atender a sus múltiples necesidades.

Dada la sumisión incondicional que debe animar a V.R. respecto a la Santa Sede, no dudo que acatará religiosamente, la disposición emanada de su legítimo representante cuyo cumplimiento nos ha sido encomendada.

De nuestra parte, convencidos de la voluntad de Dios N.S. en esta obra, que está llamada a hacer muchos bienes a favor de la sociedad y de la Iglesia, suplicamos a esa su V. Comunidad, quiera cooperar a la mencionada religiosa con eficaces oraciones” y también del Decreto de salida: “CONSIDERANDO: que es necesario reemplazar a la actual Superiora del Beaterio de Nazarenas doña Angélica Mangudo, por haber terminado su periodo y por su insistente renuncia:

Que es muy urgente poner mano en la reforma del Establecimiento, a fin de que sea más útil a la sociedad y a la Iglesia, conforme a la voluntad de Dios;

I que tenemos a la vista la licencia temporal de la Nunciatura, para que la Hermana Nazaria de Santa Teresa de Jesús del Asilo de Ancianos Desamparados, pueda morar en el mencionado Beaterio, con el fin de reformarlo, hemos resuelto decretar y:

DECRETAMOS: la salida de la expresada Hermana de su Comunidad y su traslado al Beaterio de esta ciudad, en calidad de Superiora, Que sea reconocida por tal, de parte de la Superiora cesante, de todo el personal, haciéndosele la entrega inventariada de los enseres de la Iglesia y de la Casa, que hubieren.”

Interior del Beaterio de las Nazarenas

Qué pasó por la mente y el corazón de Sor Nazaria Ignacia? La M. Nazaria, rememoraba aquellos momentos: “Me arrodillé a los pies de la Madre, ella no quería saliera, dijo que mi salud era delicadísima y todo esto era cierto: yo estaba muy mal. Por fín accedió, me bendijo… Una por una, a todas pedí perdón y las abracé… Dios mío, mi pulso tiembla, las lágrimas nublan mis ojos…”

Luego, la comitiva la acompañó hacia su nueva morada. Ya la noche había caído. Me imagino que ella también sentiría aquella brisa helada que anuncia el frío invierno orureño.

Me contaron que más tarde, del Obispado le mandaron algo para que cenara; que la encontraron sumida en un mar de lágrimas; no era para menos. Atrás dejaba a sus queridas Hermanitas; que lo que cinco años atrás, le había dicho el Nazareno, finalmente se hacía realidad «Tú serás fundadora y esta casa, tu primer convento».  Si el grano de trigo no muere…

El reto estaba lanzado: tendría que formar un ejército de almas que luchasen por el Reino al lado del Papa y los Obispos, claro que las primeras armadas, serían las mujeres.

Desde la soledad de aquel obscuro cuartito, con el frío calándole los huesos, seguramente también pensaba en la soledad de aquel Jesús que tanto amó: “…después que el holocausto se ha terminado, y contemplo tranquila el montón de cenizas, y percibo sólo ya el humo y el olor del sacrificio, desde la humilde y pobrísima celda que ocupo en el Beaterio de las Nazarenas…”

La M. Nazaria reflexionaba: “Jesús, aquel que vino al mundo para meter la guerra, para separar  al hijo de su padre y a la hija de su madre, ese Jesús me arrancó del lado de mis queridas Hermanitas, de aquellas ejemplares religiosas tan llenas de humildad y sencillez, tal vez porque no era digna de vivir con ellas y me trae aquí y me pone al frente de este grupo de pobres beatas, con el fin de que ensaye mis pasos y dé comienzo a la gran Cruzada…”

Con modestos 40 centavos que le entregó la Abadesa del Recogimiento como único capital de arranque, empezó a conocer a las “recogidas” y constatar que la vida que llevaban era bastante disipada; se propuso conocerlas más y poner un poco de orden como se lo habían confiado.

 

Fuentes: Boletín Eclesiástico, Diócesis de Oruro, Abril de 1926

Diarios de la M. Nazaria Ignacia, Tomo II