Análisis

MUJERES TEÓLOGAS, PREPARADAS PERO RELEGADAS

La semana pasada fue de presentaciones de libros de Teología escritos por mujeres. El jueves asistí en el colegio mayor Chaminade de Madrid a la presentación de ‘La Biblia y las mujeres’. Y el viernes, en la sede de la asociación cultural Blanquerna, a la de ‘La teología feminista en la Historia’. El primero es un libro coral o, mejor dicho, toda una colección de 22 volúmenes, que va a recorrer toda la exégesis biblica de la mano de más de 200 autores. Todas mujeres y muchas, españolas. Entre ellas, Mercedes Navarro, Elisa Estévez o Isabel Gómez Acebo. Una obra de altura con teólogas de altura. El libro de a hermana Teresa Forcades es un volumen más pequeño, pero igualmente profundo, en el que la autora pasa repaso a las principales corrientes teológicas feministas en la Historia.

Son simples botones de muestra de que la teología femenina española ha alcanzado la mayoría de edad hace tiempo. Hay ya una abanico numeroso de grandes teólogas. Por recordar sólo algunas, además de las citadas: Dolores Aleixandre, Feliza Elizondo, Carmen Bernabé, Silvia Martínez Cano, María José Arana, Pilar de Miguel, Leticia Sánchez, Mercedes Arriaga, Mercedes López, Pilar de Miguel, Rosa Cursach, Trinidad León, Montserrat Biosca, Ernestina Ródenas, Chini Rueda o Lucía Ramón. Sólo la Asociación de Mujeres Teólogas cuenta con más de 100 socias inscritas.

Y otras muchas, repartidas por toda la geografía nacional. Muchas y buenas. No le tienen nada que envidiar a sus colegas masculinos. Eso si, en una institución “endrocéntrica”, tienen mucha menos visibilidad. Y en una Iglesia como la española, repleta de grupos estufas, que se cooptan y se promocionan sólo entre sí mismos, todavía menos.

Tienen menos medios, pero le ponen más corazón. Algunos jerarcas les siguen mirando por encima del hombro, pero ellas, con serenidad, paz, paciencia y dedicación, continúan haciendo su camino. Y dejando huella en sus escritos y en sus obras.

La Iglesia necesita un protagonsimo y una presencia mayores de las mujeres teólogas. En simposios, congresos y asesorías. En cátedras y universidades. En seminarios y en las curias. Y a la hora de redactar documentos y de planificar campañas de evangelización. Tienen mucho que dar y están dispuestas a hacerlo. Pero mcuhos clérigos siguen sin dejarlas. Se siguen sintiendo incómodos ante ellas y con ellas. Quizás porque no se callan. Y porque exigen y reivindican sus derechos. Y denuncian la todavía apabullante misoginia y el rampante machismo de la institución a la que pertenecen, a la que sostienen y a la que quieren.

Y no está la institución como para desperdiciar el caudal femenino. La Iglesia las necesita tanto o más que nunca. Su no-presencia es un escándalo. Y un pecado del que seguramente la institución tendrá que pedir perdón. Y a no tardar. Cuanto menos tarde, mejor.