Análisis

Monseñor Jesús Pérez: “Un nuevo aliento”

Aliento del Espíritu

Comenzamos el tiempo ordinario en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia, que durará hasta la Cuaresma. El primer domingo de este tiempo durante el año, propiamente comenzó el domingo pasado, con la fiesta del bautismo de Jesús. Cada año en este tiempo, escuchamos al apóstol y evangelista Juan. El próximo domingo se proclamará el evangelio de Mateo, el cual es uno de los tres sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas se les llama en la Iglesia, “sinópticos”. Esto, porque los tres en sus evangelios tienen grandes semejanzas. De ahí viene que escuchemos en las homilías y conferencias sobre los evangelios, la expresión “sinópticos”.

Él es la Luz del mundo y el Salvador universal
de todas las personas”

Las lecturas de hoy, segundo domingo del tiempo ordinario, nos ayudan a centrar nuestra atención en la persona adorada de Jesús de Nazaret. Él es el enviado del Padre y Mesías que debía de venir según las Escrituras. Él es el Salvador del pueblo de Israel, pero no sólo viene para esa nación, sino que es una salvación universal para toda la humanidad. En el bautismo de Jesús, la voz del Padre lo proclamó su Hijo, el Mesías. Sobre Él bajó el Espíritu Santo. Él es la Luz del mundo y el Salvador universal de todas las personas.

Juan Bautista presenta a Jesús como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. En cada misa, cuando el sacerdote se dispone a dar la comunión a los fieles preparados para recibir el Cuerpo de Cristo, dice reverentemente elevando la hostia: “Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Es como la carta oficial de presentación del Hijo de Dios vivo, hecho hombre para redimirnos. Es de gran importancia penetrar en su significado.

En los tiempos de Jesús, para los judíos, era muy familiar, hablar del Cordero de Dios. Les recordaba el cordero pascual. El cordero ocupa también un lugar en el rito de la purificación de los que habían sido excluidos de la comunidad en razón de ciertas enfermedades. El caso es que cuando Juan el Bautista, dijo a los judíos que le rodeaban que Jesús de Nazaret era “el Cordero de Dios”, todos entendieron que en Jesús, de alguna forma, se iba a reeditar esa intervención salvadora de Dios, en favor de su pueblo que el cordero pascual evocaba.

El mundo, la sociedad humana, tiene un gran pecado: se está construyendo sin Dios. Ese pecado del mundo es fruto y raíz de los pecados individuales. Dios no es el rey. Su palabra no es la ley. Reina, idolátricamente, el ansia de poseer, de placer y poder. En ese sentido es que Cristo no oró por el mundo y quiso que sus discípulos, hoy los cristianos, no fueran del mundo, aunque tuvieran que estar en el mundo.

¿Notas en ti la fuerza de purificación del Espíritu Santo?

 

Para quitar el pecado del mundo, hemos sido bautizados con el Espíritu Santo. Así como corre el agua, refrescante y purificadora, por la frente del bautizado, así el Espíritu Santo fluye sobre lo íntimo de la persona. Espíritu significa “aliento”. Jesús trae un nuevo aliento al mundo: es una nueva orientación en la vida, otra actitud ante las personas y las cosas, fruto de una nueva apertura a Dios. ¿Notas en ti la fuerza de purificación del Espíritu Santo?

Sucre, 19 de enero de 2020

Fray Jesús Pérez Rodríguez

Arzobispo emérito de Sucre

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