Análisis

Monseñor Jesús Pérez: “¡Tenemos un Mesías penitente, Jesús!”

Bautismo de adulto

Hemos terminado la Navidad y con esta acción de Jesús de recibir el bautismo de agua, da inicio a la misión pública, donde recibe la confirmación oficial de Mesías”

Hoy la Iglesia celebra gozosa la Fiesta del Bautismo de nuestro Señor Jesucristo en el río Jordán, por Juan el Bautista. Conviene recordar que este rito bautismal de Juan, no fue el sacramento del bautismo, instituido por Jesús, como el mismo Juan dice: “Detrás de mí viene quien bautizará con agua y Espíritu Santo”. Para los que desean saber y profundizar su fe cristiana, les recuerdo que el Catecismo de Juan Pablo II, publicado en 1992, es el mejor libro de formación de los católicos, después de la Biblia, como es lógico.

Hemos terminado la Navidad y con esta acción de Jesús de recibir el bautismo de agua, da inicio a la misión pública, donde recibe la confirmación oficial de Mesías. De Jesús niño pasamos a Jesús Maestro, al Profeta, al Enviado del Padre. Las lecturas bíblicas de este domingo, Bautismo de Jesús, nos ayudan a entrar  en el misterio de humildad de Jesús. Puede parecer un tanto brusco este paso de la infancia a su vida pública, pero debe hacerse así, pues Jesús no tanto viene a narrar cosas, sino a transmitirnos su Buena Noticia, o sea, el Evangelio.

En el bautismo de Jesús tenemos, sin duda alguna, una gran revelación o epifanía. El Dios Uno se manifiesta como el Dios Trino. Esta afirmación nueva y dogmática, se llama el misterio de la Santísima Trinidad. Pero esto, no cabía en la mentalidad de un judío, más aún, era una blasfemia contra el único Dios Verdadero y Absoluto. Esta teofanía de Dios –Dios Uno y Trino- fue escándalo insoportable para los judíos. Hasta la muerte en cruz de Jesús, como también ahora, es rechazada totalmente. Pero Dios sabe lo que hace y, no había momento mejor para comunicarlo que en la hora en que Jesús empieza su vida pública, con el bautismo de Juan. Dios es tan extraordinariamente benévolo que renunció al esplendor de su divinidad, naciendo en un portal para que lleguemos a vivir casi como Él. Jesús buscó y busca la felicidad de todos.

El Señor no quiso salvarnos desde arriba, sino desde dentro de la familia humana, haciéndose uno más de los humanos, “menos en el pecado”.

 

La fiesta del bautismo de Jesús, aparte de la gran revelación de que Dios es Uno y Trino, nos muestra una gran sorpresa, pues los judíos esperaban un Mesías poderoso y glorioso. Tenemos un Mesías penitente, que es Jesús de Nazaret. Él que es Santo, Santísimo, a más no poder, quiso identificarse también con nuestra humanidad pecadora. El Señor no quiso salvarnos desde arriba, sino desde dentro de la familia humana, haciéndose uno más de los humanos, “menos en el pecado”. El todo santo quiso ubicarse plenamente entre nosotros, los pecadores, obrar en nuestro nombre, sufrir como nosotros, morir por nosotros cargado con nuestras culpas. Ese es el sentido del bautismo de Jesús, que se pone en la fila de los  pecadores y recibe sobre sí mismo los pecados de la humanidad entera que viene a redimir.

¿En qué medida y con qué fuerza creemos en la vigencia de la salvación que nos ofrece Cristo? ¿Trabajamos como Cristo por la libertad, la justicia, el amor universal, la paz, la santidad, la humildad? Vivir en Cristo, es sentirnos ungidos por el Santo Espíritu y llamados a trabajar por Él y su reino de amor, de justicia… En cada cristiano debe notarse, por sus obras, que es un ungido.

Sucre, 12 de enero de 2020

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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