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Monseñor Bittschi: “Les invito a renovar nuestra gratitud y sorpresa delante del gran misterio de la Eucaristía”

Este domingo 18 de agosto, proclamamos el Evangelio según San Juan 6, 51 – 58. Monseñor Adolfo Bittschi, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Sucre y director nacional de OM Bolivia, compartió su reflexión dominical enfocándose en el final del Discurso del “Pan de Vida”, “que presenta la sublime grandeza de Cristo presente en la EUCARISTÍA, el “Pan bajado del Cielo”, alimento “para el mundo”. Jesús revela ahora el pleno significado de esta declaración en el misterio de la Eucaristía, es decir, dar “su carne y su sangre para la vida del mundo”, manifestó que es este el misterio de meditación.

Su homilía la centró en tres puntos:

1. De la oferta de la Sabiduría de Dios a la de Jesús

El discurso de la sabiduría de Dios en la primera lectura del libro de los Proverbios recibe su cumplimiento en Jesús. La sabiduría ofrece su alimento a todos, en particular a los que son “inexpertos”, es decir, a los más necesitados. Aún más, se habla de la necesidad de todos de comer y de beber la sabiduría para ser sostenidos. Para vivir es necesario permanecer en la comunión constante con ella.   Así como la Sabiduría divina invita a compartir su comida de la misma manera invita Jesús. Esto implica la adhesión a sus enseñanzas y a su persona. Hoy, al final del discurso, el Señor revela que su “pan” es el don de sí mismo: “mi carne por la vida del mundo”.

2. El don de la carne y de la sangre de Jesús para todos

Las palabras de Jesús “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre” explican las características del “pan”: “viviente”, “bajado del cielo” y que “da la vida eterna”. La novedad se encuentra en el término “carne para la vida del mundo”. Así conecta con el sacrificio de Jesús en la Cruz. La palabra “carne” corresponde al hebreo “basar” que indica el cuerpo y la existencia física caduca, distinta a la de Dios. El “cuerpo” está unido con la “sangre” en la que, según la tradición bíblica-judía, reside la vida (Lev 17,10-14; Gen 9,4). Eso explica el gran desconcierto de los oyentes cuando Jesús habla de beber su sangre.

La expresión “Mi carne por la vida del mundo” subraya la realidad de la Encarnación de Cristo (Juan 1,14: El Verbo se hizo carne). El pan que Jesús dará para la vida del mundo será el sacrificio de toda su existencia corporal desde el primer momento de su hacerse “carne” en María, su Madre. El “comer su carne y beber su sangre” es acoger a Jesús, su vida terrenal, su palabra, y consumir incruento, es decir sin sangre, en el Sacramento  de la Eucaristía toda la persona de Jesús, ofrecida físicamente en el sacrificio cruento de la Cruz.

3. «El que me come vivirá por mí». La Eucaristía como fuente y culmen de la vida y la misión

La última frase del pasaje de hoy, la declaración conclusiva de todo el discurso: “Este es el pan que ha bajado del cielo” (v.58) ya no menciona el “yo” de Jesús, sino simplemente dice: “Este es el pan…”. El acento está sobre la función del “pan”, que es “vivirá para siempre”. El relato no se centra en la consumación física de la Eucaristía, sino en la comunión de vida. Este aspecto de la comunión expresó Jesús en el v. 56: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él». En la Última Cena hablará de la relación entre Él y sus discípulos con la bella y fuerte metáfora de la vid y los sarmientos (Juan 15,5-7).

Mons. dijo que se trata de reflexionar sobre: “la vida divina que Jesús quiere comunicar a sus fieles en el don de la Eucaristía. Jesús resalta la cadena de transmisión de la vida del Padre al Hijo y del Hijo a “quien lo come”. “Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí”. La frase refiere a la recomendación que Jesús hace a sus seguidores de continuar la misión que el Padre le ha confiado a Él: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Juan 20,21). La Comunión eucarística lleva a la comunión con su vida, que es toda ella una misión recibida del Padre. Así el que come a Jesús vivirá por medio de Él, como Él vive por medio del Padre que lo ha enviado al mundo. También será cierto que quien vive por medio de Él y de Él, será exigido a vivir como Él y recibirá la fuerza para poder hacerlo”.

El obispo invitó a los fieles a renovar su gratitud y sorpresa delante del gran misterio de la Eucaristía, y exhortó a disponer siempre y de la mejor forma posible a acoger el pan eucarístico “integral” de Jesús, “que es su palabra de vida y su carne y sangre ofrecida por nosotros.  Así, podremos vivir en misterio de la Eucaristía como fuente y culmen de la vida y misión cristianas, en memoria de todo lo que Él dijo, hizo y padeció por nosotros”, enfatizó.

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