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Mons. Sergio Gualberti: Todo alimento es sagrado, botarlo o desperdiciarlo es un escándalo mundial

En su Homilía dominical, el Arzobispo de Santa Cruz centró su atención al parecido que existe entre el relato del profeta Elías en el Antiguo Testamento y el relato del apóstol San Juan en el Nuevo Testamento, ambos relacionados a la multiplicación de los panes para alimentar a las multitudes de necesitados. En ese contexto el Arzobispo remarco que la multitud de necesitados ven en Jesús no solo un hombre que cura enfermos, sino un hombre en quien poner su fe y esperanza.

Por otro lado el prelado indicó que en la Pascua Judía se celebraba la liberación de la esclavitud de Egipto, pero con Jesús enviado del Padre, se celebra la liberación para toda la humanidad, asimismo Mons. Sergio destacó que Jesús no solo predica y sana sino ayuda a tomar conciencia de las necesidades materiales por un lado y por otro ayuda a tener en cuenta que los grandes problemas del mundo generan sentimientos de impotencia humana, pero no debemos olvidar que ante los problemas del mundo, Dios hace grandes cosas aun con nuestra pequeñez.

Mons. Gualberti también destacó que Jesús mandó a organizar a la gente como comunidad, antes de bendecir y repartir los panes, en ese contexto manifestó que todo alimento es sagrado, incluso las sobras. Por tanto botarlo o desperdiciarlo es un escándalo mundial sobre todo cuando hay miles de personas que mueren de hambre.

El Arzobispo remarcó que el mensaje de Jesus es una gran lección al sistema económico que impera hoy, pues Jesús no manda a guardar egoísticamente los bienes, sino compartirlos en solidaridad con los necesitados. Compartir el pan es compartir la vida, tumbar muros de difidencia, construir puentes de respeto.

Finalmente explicó que Jesús no quería ser el profeta que solucionara todos los problemas de la gente como por arte de magia, de esa manera exhorto al Pueblo de Dios a que no caigamos en la tentación de apoderarnos de Jesús para que sea el quién solucione nuestros problemas.

Homilía de Mons. Sergio Gualberti 

Arzobispo de Santa Cruz

Pronunciada en la Catedral de San Lorenzo Mártir

Julio 29 de 2018

  • Conforme a la palabra del Señor “comerán y sobrará”
  • La multitud de necesitados ven en Jesús un hombre en quien poner su fe y esperanza
  • En la Pascua Judía se celebraba la liberación de la esclavitud de Egipto
  • Con Jesús enviado del Padre, se celebra la liberación para toda la humanidad
  • Jesús no solo predica y sana sino ayuda a tomar conciencia de las necesidades materiales
  • Los grandes problemas del mundo generan sentimientos de impotencia humana
  • Ante los problemas del mundo, Dios hace grandes cosas con nuestra pequeñez
  • Jesús manda a organizar a la gente como comunidad, antes de bendecir y repartir el pan de vida
  • Todo alimento es sagrado, incluso las sobras. Botarlo o desperdiciarlo es un escándalo mundial
  • Jesus no manda a guardar egoisticamente los bienes, sino compartirlos con los necesitados
  • Compartir el pan es compartir la vida, tumbar muros de difidencia, construir puentes de respeto
  • Jesús no quería ser el profeta que solucionara todos los problemas de la gente
  • No caigamos en la tentación de apoderarnos de Jesús para solucionar nuestros problemas

Conforme a la palabra del Señor “comerán y sobrará”

La primera lectura de hoy nos presenta al profeta Eliseo que, habiendo recibido como ofrenda veinte panes, ordenó que se repartieran a la gente reunida a su alrededor. Su servidor le observó que eran insuficientes para saciar a esa cantidad de personas, pero Eliseo insistió: ”Dáseloporque así habla el Señor Comerán y sobrará”. Y así fue, todos comieron y hubo sobras, “conforme a la palabra del Señor”. Este prodigio tiene un gran parecido con la actuación de Jesús en la multiplicación de los panes narrada por el Evangelio de San Juan que iniciamos este domingo y nos acompañará por otros cuatro domingos este Evangelios sobre la repartición y multiplicación de los panes.

La multitud de necesitados ven en Jesús un hombre en quien poner su fe y esperanza

Jesús, con sus discípulos, subió a una altura seguido por “una gran multitud de gente deseosa de escucharlo y de ver los signos que hacía curando a enfermos. Es la “gran multitud” de los necesitados, los pobres, los enfermos, los afligidos y los indigentes que ven en Jesús un hombre de Dios en quien poner su fe y su esperanza.

En la Pascua Judía se celebraba la liberación de la esclavitud de Egipto

El Evangelio nos dice que este hecho acaeció en inminencia de la Pascua, la más grande solemnidad judía en la que cada familia sacrificaba a un cordero, celebrando la liberación de la esclavitud de Egipto bajo la guía de Moisés. En esa fiesta revivían los grandes milagros con los que Dios los había acompañado en su travesía por el desierto, como el cruce del mar Rojo, el fluir de las aguas en la roca de Meribá y el don del maná, el alimento que bajaba del cielo cada día.

Con Jesús enviado del Padre, se celebra la liberación para toda la humanidad

Con esta referencia San Juan quiere significar que Jesús es el nuevo cordero de Dios, el enviado del Padre que entrega su vida para traer la liberación integral del pecado, del mal y de toda esclavitud no solo para el pueblo de Israel sino para toda la humanidad.

Jesús no solo predica y sana sino ayuda a tomar conciencia de las necesidades materiales

Jesús, no obstante estuviera ocupado en predicar y sanar a los enfermos, se dio cuenta de que esa gente estaba hambrienta y que necesitaba alimentarse: “Jesús vio”. Su ver es más que un vistazo superficial, es prestar atención a las necesidades materiales y urgentes de esa gente. Por eso, tomando la iniciativa, preguntó al apóstol Felipe: ”¿Dónde compraremos pan para darles de comer?” Con esta pregunta Jesús quiso provocar en Felipe y en los demás apóstoles la toma de conciencia del problema, que se dieran cuenta que la gente estaba hambrienta para que fueran disponibles a colaborar en solucionar el problema.

Los grandes problemas del mundo generan sentimientos de impotencia humana

Felipe contestó que ni siquiera una gran cantidad de dinero alcanzaría para dar a cada uno un pedazo de pan. Es la respuesta de un hombre concreto y práctico, que expresa el sentimiento de impotencia humana ante una situación que sobrepasa sus posibilidades. Es lo que sentimos también nosotros frente a los grandes problemas del mundo: la miseria y el hambre, las guerras, la violencia, los regímenes totalitarios, la contaminación ambiental, el calentamiento global y tantos otros males.

Ante los problemas del mundo, Dios hace grandes cosas con nuestra pequeñez

Pero Andrés, otro discípulo, reaccionó ante ese sentimiento de impotencia, fue a buscar entre la gente y encontró a un muchacho que ofreció sus cinco panes y dos peces. Andrés, aunque se daba cuenta de que esos alimentos eran totalmente insuficientes para esa multitud, se los presentó a Jesús. La actuación de Andrés y del muchacho nos está indicando que también nosotros ante los problemas no debemos esperar todo de Dios y que debemos poner de nuestra parte lo que tenemos, aunque sea poca cosa, dispuestos a compartir y a colaborar con la providencia de Dios que, con nuestra pequeñez, hace grandes cosas.

Jesús manda a organizar a la gente como comunidad, antes de bendecir y repartir los panes

La colaboración de ese niño y de Andrés propició las condiciones para que Jesús pudiera actuar. Mandó que prepararan y sentaran a la gente organizándola como una comunidad y no como muchedumbre informe. Luego, con unos gestos solemnes y sagrados, Jesús tomó los panes, dio gracias, los partió y los repartió; signos que anticipan la última cena, cuando con sus palabras y su bendición trasformó el pan en su cuerpo y el vino en su sangre y los repartió entre sus discípulos, instituyendo así la Eucaristía.

Todo alimento es sagrado, incluso las sobras. Botarlo o desperdiciarlo es un escándalo mundial

El Evangelio no dice que Jesús multiplicó sino que partió y distribuyó los panes y los peces entre la gente hasta que quedara saciada: “todo lo que quisieron”. Poco pan partido y compartido es misteriosamente suficiente para todos; es el milagro de la generosidad. Luego Jesús pidió que recogieran las sobras para que “no se perdiera nada”. Todo alimento es sagrado, porque es don de Dios y al mismo tiempo fruto del trabajo humano. Sin embargo en el mundo asistimos al escándalo de una cantidad enorme de alimentos que se botan y que se desperdician cuando hay miles y miles de personas que cada año mueren de hambre.

Jesus no manda a guardar egoisticamente los bienes, sino compartirlos con los necesitados

Con el signo de partir y repartir el pan, Jesús da una gran lección también para el sistema económico injusto que impera hoy, donde unas pocas personas detienen la mayor parte de los bienes y recursos de la humanidad, a costa del hambre y miseria de la gran mayoría. Hay una frase de Gandhi muy bonita que dice: «En el mundo hay pan suficiente para el hambre de todos, pero insuficiente por la codicia de pocos» (Gandhi). Con ese gesto Jesús nos manda a no guardar egoisticamente para sí mismos los bienes, sino a compartir lo poco o lo mucho que tenemos en solidaridad con los necesitados. Al estilo de Jesús, también nosotros podemos realizar estos milagros.

Compartir el pan es compartir la vida, tumbar muros de difidencia, construir puentes de respeto

De hecho, está a nuestro alcance saciar el hambre de un hermano, ser solidarios con los necesitados y los pobres, los enfermos, los ancianos solos, los niños de la calle y tantas personas marginadas de la sociedad. En la realización del V CAM hemos sido testigos de los milagros de tantas familias y personas que han compartido sus alimentos y sus casas con tantos misioneros llegados de otras regiones y países, a costa de sacrificios e incomodidad. Ellos han tocado con mano que, compartir el pan es compartir la vida, es tumbar los muros de la difidencia y desconfianza entre culturas y naciones y es construir puentes de respeto, comunión, fraternidad y solidaridad. Esta actitud tiene que volverse el modelo de cada día, aprendiendo a “ver” las necesidades de los demás y a compartir con ellos: “Dénselo a la gente para que coman…”, convencidos que el pan compartido nunca se agota.

Jesús no quería ser el profeta que solucionara todos los problemas de la gente

La escena del Evangelio termina con unas palabras de asombro y entusiasmo de esa gente: “Este verdaderamente es el profeta que debe venir al mundo”, al punto que en seguida “querían apoderarse de Él para hacerlo rey”, para que les solucionara como por arte de magia todos sus problemas. Esto no era lo que Jesús quería por eso se retiró en la montaña, sólo con el Padre.

No caigamos en la tentación de apoderarnos de Jesús para solucionar nuestros problemas

Tampoco nosotros caigamos en la tentación de apoderarnos de Jesús para que solucione nuestros problemas, sino que seamos partícipes del camino de liberación instituido por Él. Seamos como Andrés y el muchacho, pongamos a disposición del Señor nuestra vida y lo que tenemos para que Jesús los vuelva un don compartido para los demás. Abre tus manos Señor y cólmanos a todos con tus bienes. Amén