Análisis

Mons. Sergio Gualberti “Tener a la cruz por bandera”

Los cruceños estamos de fiesta, celebramos los 204 años del “grito libertario”, que ha marcado el inicio de una nueva vida e historia de nuestro pueblo. Esta mañana quisiera reflexionar sobre los ideales que han movido a nuestros antepasados a luchar por la libertad que están consignados en el himno de Santa Cruz.

Un primer elemento que resalta en el mismo es sin duda el anhelo y espíritu de libertad, que refleja la lucha que llevaron para alcanzar una sociedad libre e independiente de toda clase de servidumbre. Por tres veces encontramos la palabra “libertad” y dos veces el grito “siempre libres seamos cruceños”.

Mirando a nuestra realidad, creo que el anhelo de libertad sigue tan necesario hoy como lo fue en ese entonces, además que los desafíos actuales urgen que ese ideal vaya permeando todos los ámbitos de la convivencia humana, y no sólo a la esfera política y social. La libertad es la vocación de toda persona, así lo expresa san Pablo en la carta a los cristianos de Galacia que acabamos de escuchar: “Es cierto, hermanos, que han sido llamados a la libertad”. La libertad es un don grande que Dios nos llama a vivir. Él, en su voluntad creadora, ha querido dejar al ser humano en manos de su propia decisión.

En la libertad está nuestra verdadera grandeza, Dios nos deja incluso la opción de decir no a su proyecto de vida y realización plena. Pero, no estamos hablando de cualquier libertad, sino de la libertad responsable, como advierte San Pablo: “No tomen la libertad como pretexto para satisfacer sus apetitos desordenados; antes bien, háganse esclavos los unos de los otros por amor. …

Pero si se muerden y devoran unos a otros, terminarán aniquilándose mutuamente”. Con esta mirada lúcida, Pablo lanza esta grave advertencia a la comunidad para que no se transforme la libertad en apetito de dominio y de poder, afán que desde siempre es la causa de las guerras entre países, y de las confrontaciones entre las personas y grupos. La libertad, es un derecho inalienable e universal, un don frágil que sufre constantes amenazas y ataques tanto desde el interior de una persona o sociedad, como del exterior, por eso hay que estar muy vigilantes para que no se debilite, so pena de poner en riesgo la misma democracia y convivencia pacífica.

Al respecto, la CEB en la carta pastoral “Los católicos en la Bolivia de hoy:presencia de esperanza y compromiso”, lanza una alerta acerca de los peligros que enfrenta la libertad en nuestra sociedad. Una mirada a fondo a nuestro país muestra que, en la práctica, no sólo algunas personas sienten que van perdiendo libertades, sino que éstas se recortan en muchos casos mediante la retardación de justicia, la intimidación y el uso inicuo de la coerción estatal y del aparato judicial, creando un clima de inseguridad personal que provoca el silencio y a veces hasta el abandono de la patria, al no encontrar suficientes garantías de un juicio justo e imparcial dentro de ella”.

Esta situación preocupante debe hacernos tomar conciencia de la urgente necesidad de educar y trabajar a favor de la libertad, valor que está a la base del desarrollo humano integral de las personas y pueblos.

El desarrollo puede ser integralmente humano sólo consolidando un sistema democrático capaz de asegurar libertad y paz, descartando la tentación de «mesianismos prometedores, pero forjadores de ilusiones».

En ese deseo de paz y libertad nuestro himno involucra poéticamente también a la naturaleza, haciendo cantar a las aves y a las flores: Libertad! Libertad! van diciendo en efluvios de paz y de amor. Paz y amor son expresión del sueño de convivencia fraterna y justa de toda sociedad, ideal que también pregona el Reino de Dios, el plan de vida, de liberación y salvación que Jesús ha venido a anunciar en instaurar en la historia de la humanidad. El Reino tiende a que la humanidad comparta la vida última y definitiva en Dios, propósito que necesariamente tiene que ir construyéndose aquí y ahora en el mundo, aunque no todavía en plenitud. En esta dimensión temporal el Reino de Dios, se expresa como nuevas relaciones:

– de filiación y amor de nosotros los hombres con Dios que es Padre de todos,

– de igualdad y hermandad entre todos los seres humanos

– y de cuidado y disfrute justo y equitativo de los bienes creados.

Esta era la misión confiada por el Padre a Jesús, y Él lo hizo entregando totalmente su vida al servicio del Reino. Con su palabra y actuación nos hizo cercano a Dios, poniendo al centro de su atención a las personas concretas que encontraba en su camino. En especial se ha solidarizado con los pobres, sanado a los enfermos, perdonado a los pecadores, y liberado a las personas de toda clase de esclavitudes espirituales y materiales.

Jesús lo afirmó de esta manera cumplió lo anunciado por el profeta Isaías, como hemos escuchado en el Evangelio: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del SeñorHoy se ha cumplido ante ustedes esta profecía”. Hoy se ha cumplido ante ustedes, es en el hoy de la humanidad, en medio de los avatares de la historia, que Jesús abre el camino al señorío del Padre, señorío de la vida y la verdad, la libertad y la justicia, el amor y la paz.

Este sueño de Dios, Jesús lo ha confiado a Iglesia como su misión primordial, para que se vaya instaurando en el mundo. Es un objetivo valedero para toda sociedad civil, ya que en él se ofrecen los valores básicos indispensables para la realización integral de las personas y para la construcción de una sociedad justa y pacífica.

De acuerdo a los principios del Reino, el desarrollo pleno y armónico de una sociedad se va alcanzando en la medida en quela persona humana está en el centro de las preocupaciones y programas políticos y sociales, y también en la búsqueda del bien comúny de la justicia equitativa, asegurando, en particular, efectivas condiciones de igualdad de oportunidades para todos y priorizando a los sectores más desfavorecidos y marginados. En concreto, las políticas sociales que benefician directamente a las personas, deberían ocupar el primer lugar de los presupuestos municipales y departamentales, hecho que está muy lejos de ser realidad.

Por último, hay otras letras de nuestro himno que quiero compartir porque nos animan a tomar los valores del Reino como orientadores de la cosa pública, la “res-publica” de nuestra ciudad y departamento: “La España grandiosa aquí plantó el signo de la Redención”. El signo de la redención, la Cruz de Cristo, la “Santa Cruz”, está plantada aquí, como símbolo, estable y firme de los orígenes y desarrollo de nuestra historia y que ha ido forjando nuestra identidad. No hablo de cualquier cruz, sino de la de Cristo, Él que ha transformado ese signo de suplicio y de muerte en signo de vida nueva y abundante. La cruz así entendida, no es un signo de impotencia y de fracaso de Dios, sino la expresión de su amor y de su victoria definitiva sobre el pecado, el mal y toda clase de esclavitudes personales y sociales, gracias a la resurrección de su Hijo.

Tener a la cruz por bandera, es una gran responsabilidad, significa asumir el compromiso de seguir los pasos de Jesús, significa una total entrega por amor y en libertad a la causa del Reino, porqué, no olvidemos, Jesús fue crucificado, asesinado, por su fidelidad a la voluntad del Padre y por su solidaridad con nuestra condición humana. Tener a la cruz por bandera significa también implementar relaciones interpersonales e institucionales inspiradas por la misión liberadora y humanizadora de Jesús, buscar la reconciliación valorando lo que nos une y no lo que nos divide. Es también respetar incondicionalmente a la dignidad de cada persona y los derechos humanos, y sembrar esperanza en tantos hermanos sumidos en la miseria material y moral, víctimas, en su mayoría, de la marginación y explotación de un sistema economicista injusto e inhumano.

Tener a la cruz por bandera significa, además, resistir a corrientes culturales supuestamente libertarias que, incluso en países democráticos y de raíces cristiana, promueven el retiro la cruz de los espacios públicos, bajo argumento de no ofender a personas que profesan otras religiones o que no son creyentes. La verdad es que la cruz y el crucificado resultan incómodos y cuestionadores para una sociedad secularizada y sumida en el consumismo materialista, sin valores espirituales y sin referencia a lo sobrenatural.

Estoy firmemente convencido que la cruz, más allá de todos los intentos de eclipsarla, seguirá siendo el único punto firme y seguro de la humanidad. Los monjes benedictinos, en muchos de sus conventos, tienen puesta esta inscripción iluminadora: en medio de todos los vaivenes humanos sólo sigue en pie la Cruz“.

Nuestra ciudad y departamento tienen a la cruz “aquí plantada”, esta presencia nos llena de esperanza y nos anima a elevar la mirada hacia ella.

Miremos confiadamente al corazón herido y los brazos abiertos del Crucificado, que siempre está dispuesto a acoger y redimir nuestro sincero dolor, a disipar el desconcierto y miedo por el dolor, la injusticia y la muerte presentes en nuestra sociedad. Su cruz victoriosa nos anime y sostenga para que la libertad, la justicia, el amor y la paz, los valores del Reino que inspiraron a nuestros antepasados, sigan marcando firmemente el rumbo del presente y del futuro de nuestra ciudad y Departamento. Amén