Santa Cruz

Mons. Sergio Gualaberti cierra el V Congreso Misionero Americano condenando la violencia y la opresión contra los pobres en países de la región

El V Congreso Americano Misionero (VCAM) concluyó este sábado frente del monumento de Cristo Redentor en la ciudad de Santa Cruz, con un llamado a buscar la libertad y una “democracia participativa y real” en América, donde en algunos países se mantiene a la población en situación de “opresión y muerte”, así los sostuvo Monseñor Sergio Gualberti quien presidió la Eucaristía de Clausura de este acontecimiento continental.

El Prelado invitó a “Subir juntos a la montaña de la libertad, de la esperanza y de la democracia participativa y real, versus los populismos caudillistas y totalitarios, que en algunos de nuestros países mantienen a la población en una situación de postración, de opresión y de muerte”.

En los cinco días del VCAM, los más de tres mil participantes, llegados de 25 países de América, reflexionaron sobre la importancia de la misión y la evangelización en la periferia. En ese sentido, Gualberti aseguró durante su homilía de clausura que “allí donde hay sufrimiento y dolor, porque se desprecia la vida, se pisotea la dignidad y derechos de la persona, se persigue a los que se desmarcan del pensamiento único, se priva de la libertad, se recurre a la violencia hasta el extremo de quitar la vida”.

El arzobispo de Santa Cruz, que concelebró la misa de cierre con dos cardenales, 90 obispos, más de 400 sacerdotes y miles de misioneros, rechazó la “explotación irracional e indiscriminada de los recursos naturales que han causado heridas mortales a ‘nuestra hermana madre tierra’ y cuyas primeras víctimas son nuestros hermanos indígenas quitándoles su hábitat vital”.

Otro de los pedidos del prelado consistió en buscar la paz para contrarrestar los gastos militares del armamentismo en los países de América. “A los que creen en la lógica del más fuerte, que fomentan el odio, el miedo y la desconfianza, entre nuestros pueblos, quitando recursos para crear fuentes de trabajo, para vencer a la pobreza e implementar políticas sociales al servicio de todo, en especial de los últimos y marginados”, acotó.

Gualberti también animó a los misioneros asistentes a buscar la fraternidad e igualdad quitando los “muros que separan a los niños de sus padres y que discriminan por los orígenes y condiciones personales y sociales, muros a derribar para construir puentes de humanidad, fraternidad y solidaridad”.

También clamó por una justicia que pueda vencer la pobreza, que “todavía mantiene en condiciones infrahumanas a una cantidad demasiado grande de hermanos en nuestro Continente”, fruto de un “sistema injusto y mercantilista”, “sistema que descarta a ancianos, a niños huérfanos y abandonados, a tantos hermanos pobres e indefensos”.
Por último, el obispo pidió a los misioneros practicar los “valores del Evangelio” y “de nuestras culturas indígenas” en un ambiente de “reconciliación y de perdón para caminar por las sendas de la conversión sincera en nuestra Iglesia”.

Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

Sábado 14 de julio de 2018

Altar Papal, Cristo Redentor

La celebración Eucarística de esta tarde aquí en el altar donde el Papa Francisco hace 3 años inauguró oficialmente este CAM V y bendijo las cruces misionales que han peregrinado en todos nuestros países, es la mejor manera de elevar desde lo hondo de nuestro corazón un sincero “gracias” al Señor por lo que hemos vivido en estos días, bajo la inspiración y testimonio misionero de la futura Santa la Beata Nazaria Ignacia. Un “gracias” que se extiende a todos los que han hecho posible este evento: al Papa Francisco que tanto nos ha apoyado y que se ha hecho presente a través de su delegado el Card. Fernando Filoni, al Cardenal Toribio Ticona, a Mons. Gianpietro Dal Toso, a los hermanos Obispos, a todos y cada uno de Uds. misioneros que nos han hecho vibrar con su alegría y testimonios, a todos los colaboradores y voluntarios de las comisiones y servicios, a las parroquias, a las instituciones religiosas, casas de retiro, hoteles y a la Alcaldía de Santa Cruz por su valiosa colaboración. En particular que “Dios se lo pague” a las familias que con tanto cariño y generosidad han abierto sus puertas compartiendo su intimidad y lo que tenían con Uds. misioneros.

En el marco del tema que ha inspirado nuestro Congreso: “La alegría del Evangelio, corazón de la misión profética, fuente de reconciliación y comunión”, hemos gozado de un tiempo privilegiado de reflexión, de comunión y de compartir nuestras vivencias misioneras, de celebrar nuestra fe y de anunciar la Buena Noticia por las calles y hogares de esta ciudad. Confío que, para todos y cada uno de nosotros, el Congreso haya sido una oportunidad misionera auténtica y entusiasmante, una gracia del Señor para todos nuestros países y Continente.

Hemos salido de nuestras casas, comunidades, países y de nosotros mismos, respondiendo al llamado del Señor para subir juntos a la montaña de la Casa del Señor, guiados por la luz que emana de su morada, como nos dice Isaías en la primera lectura: “vengan subamos al monte del Señor, a la casa de Dios… vengan caminemos a la luz del Señor”. En la casa del monte hemos tenido la dicha de encontrar Cristo, de disfrutar de su luz espléndida, de gozar de su presencia y de saborear lo hermoso y bello que es vivir como hermanos. Es una gracia de Dios, que no podemos guardar exclusivamente para nosotros, sino que, con determinación y confianza, tenemos que compartir subiendo al monte junto a “pueblos numerosos para llegar a la casa del Señor, nuestra casa, la casa de todos.

Es la casa de la alegría del Evangelio, en a la que llegamos con la subida esforzada y sufrida de la liberación de las ataduras personales y de las obscuridades que envuelven a nuestro mundo dividido, desorientado y sin horizontes. La casa donde el Señor con su Palabra sacia nuestra sed de verdad, nos instruye en sus caminos de justicia y paz.

Subir juntos a la montaña de la libertad, de la esperanza y de la democracia participativa y real, versus los populismos caudillistas y totalitarios, que en algunos de nuestros países mantienen a la población en una situación de postración, de opresión y de muerte. Allí donde hay sufrimiento y dolor porque se desprecia la vida, se pisotea la dignidad y derechos de la persona, se persigue a los que se desmarcan del pensamiento único, se priva de la libertad, se recurre a la violencia hasta el extremo de quitar la vida.  Pienso en particular a los hermanos que por estas razones no han podido participar de nuestro encuentro, a ellos nuestra cercanía, comunión y solidaridad sincera.

Subir a la montaña de la solidaridad, de la justicia y de la vida digna de todo hijo de Dios para vencer a la pobreza que todavía mantiene en condiciones infrahumanas a una cantidad demasiado grande de hermanos y hermanas en nuestro Continente. Pobreza fruto de un sistema injusto y mercantilista donde la economía está por encima del hombre, que hace a los ricos más ricos a costa de los pobres siempre más pobres. Sistema que descarta a ancianos, a niños huérfanos y abandonados, a tantos hermanos pobres e indefensos y que discrimina a las mujeres, en particular a las madres solteras y solas.

Subir a la montaña de la fraternidad e igualdad caminando juntos a tantos emigrantes que dejan nuestros países y buscan una patria que garantice condiciones de vida digna para ellos y sus familias y que en cambio se chocan en contra de los muros de la xenofobia y de la vergüenza. Muros que separan los niños de sus padres y que discriminan por los orígenes y condiciones personales y sociales, muros a derribar para construir puentes de humanidad, fraternidad y solidaridad.

Subir a la montaña de la paz, para contrarrestar a los gastos del armamentismo en nuestros países y a los que creen en la lógica del más fuerte, que fomentan el odio, el miedo y la desconfianza entre nuestros pueblos, quitando recursos para crear fuentes de trabajo, para vencer a la pobreza e implementar políticas sociales al servicio de todos, en especial de los últimos y marginados. “No se adiestrarán para la guerra… Con las espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas… No levantará espada nación contra nación”.

Subir a la montaña del amor y de la unión acompañando a las familias a instalarse en la casa del Señor, donde se reencuentren a sí mismas como iglesias domésticas, como hogares cimentados sobre la fe, el amor, la comunión, la reconciliación, el perdón y como sagrarios de la vida y escuelas de humanización. Nuestras familias que a menudo hoy andan sin rumbo afectadas en su integridad a causa de la pobreza, de las separaciones y divorcios, y constantemente hostigadas por corrientes ideológicas colonizadoras que ponen en cuestión la propia identidad de familia cimentada sobre el amor exclusivo y fiel hasta la muerte entre un varón y una mujer, abierto a la vida y a la educación de los hijos, conforme a los valores del Evangelio y de nuestras culturas indígenas.

Subir a la montaña de la luz y de la verdad, como cristianos consagrados en la verdad del Señor, desenmascarando las mentiras y falacias de la cultura individualista y relativista que subyace a la sociedad consumista. Sociedad donde el consumo de bienes innecesarios y la explotación irracional e indiscriminada de los recursos naturales han causado heridas mortales a “nuestra hermana la madre tierra y cuyas primeras víctimas son nuestros hermanos indígenas quitándole su hábitat vital.

Subir a la montaña de la comunión en nuestra Iglesia donde todos pongamos nuestros carismas al servicio de la comunidad y del Reino de Dios, donde los ministerios laicales, en particular de las mujeres, sean reconocidos y encuentren el espacio que les corresponde por el bautismo. La montaña de la reconciliación y del perdón, para caminar por las sendas de la conversión sincera en nuestra Iglesia, ante las infidelidades, divisiones, envidias y anti-testimonios de tantos de sus hijos que escandalizan al mundo.

Unidos y reconciliados, debemos caminar unidos como un solo pueblo de Dios dando testimonio de comunión sincera y profunda, el primer servicio a la misión “para que el mundo crea…que tú nos has enviado”.

Hoy desde la montaña de la casa del Señor, Él nos envía a todos a anunciar la alegría, la esencialidad y radicalidad del Evangelio: Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo”, para que “por toda la tierra se extienda su voz y sus palabras lleguen hasta los confines del mundo”. Acojamos con entusiasmo y alegría el reto que el Señor nos hace a todos y cada uno, de ser profetas de su palabra de vida, de justicia y de amor, sin dejarnos acobardar por nuestras debilidades, dificultades e incomprensiones y así experimentar cuán hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio en nuestra América y más allá de nuestro Continente.

En estos días la voz profética y el testimonio entusiasta de todos ustedes participantes del Congreso han tenido una gran resonancia no solo en todos nuestros países, sino más allá del Continente. Ahora que cada uno de nosotros emprenda, con entusiasmo, generosidad y alegría, la misión de comunicar el perdón, la alegría y la paz del Señor confiados en sus palabras: “Yo estaré con ustedes hasta el fin de la historia”.

Que María, estrella de la evangelización nos preceda y acompañe en nuestra subida a la luz y a la esperanza del monte de la casa del Señor. América en misión, el evangelio es alegría. Amén.

Fuente: Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz