Santa Cruz

Mons. Sergio Guaberti exhorta a participar en las elecciones y hacer que sea una fiesta del pueblo, vivida en armonía y paz

Desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti nos exhortó a participar de las elecciones Nacionales y hacer que sea una fiesta del pueblo, vivida en armonía y paz.

 

Así mismo afirmó que es parte de nuestro ser cristiano ejercer nuestro deber y derecho de ciudadanos, libres de presiones, en conciencia y delante de Dios.

También el Prelado aseguró que cuando la Iglesia se compromete con la vida de las personas, la sociedad, la cultura, la economía y la política solo está siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesús, que pasó su vida haciendo el bien, anunciando la buena noticia a los pobres, denunciando las injusticias, sanando a enfermos, perdonando a pecadores y liberando a los poseídos por espíritus malignos.

Desde estas consideraciones, la correcta interpretación de las palabras de Jesús: “”Den al Cesar lo que es del Cesar y den a Dios, lo que es de Dios”, *no contrapone el Cesar a Dios, lo político a lo religioso, lo temporal a lo espiritual, sino que establece un orden de importancia donde Dios tiene la preminencia sobre el Cesar. *En este sentido, todo el poder humano está bajo la autoridad de Dios*, su autonomía se limita a su propio ámbito y de ninguna manera puede estar al mismo nivel o por encima de Dios.

Lo último y esencial no es el César, sino Dios y nadie ni nadad tiene poder sobre el hombre, solo Dios. En esta visión, no hay cabida para la divinización del poder, de las ideologías totalitarias y del pensamiento único, como ha pasado tantas veces en la historia humana hasta el día de hoy, y donde sobran los ejemplos de los “cesares de turno” que buscan constituirse como “señores y dioses” de pueblos y naciones. En el caso que el poder político se extralimite y quiera sustituirse a Dios imponiendo su poder sobre la persona humana, entonces la Iglesia y los cristianos tenemos el deber de denunciar y de rebelarnos*, siguiendo el ejemplo el apóstol Pedro que, ante las autoridades judías que le prohibían predicar en nombre de Jesús, respondió: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, dijo Mons.

Así mismo Mons. Afirmó que Según el pensamiento cristiano, el poder político es una vocación al servicio de la persona, el pueblo y la sociedad, de acuerdo a las leyes que el Señor ha puesto al interior del ser humano, como la inviolabilidad de la vida humana, la igual dignidad de todos sin distinción alguna, los derechos humanos y los valores del reino de Dios, la verdad, la justicia, la libertad, el bien común y la paz.

La misa dominical fue presidida por Mons. Sergio Gualberti y concelebrada por: Mons. Estanislao Dowlaszewicz, Mons. René Leigue, P. Hugo Ara, Rector de la Catedral y el P. Mario Ortuño, Capellán de Palmasola.

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

18/10/2020

Hoy en la Iglesia celebramos el Domingo Mundial de las Misiones animados por el lema: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). El Papa Francisco en su mensaje nos dice que “La llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder. La misión que Dios nos confía a cada uno nos hace pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo”.

También el Papa nos dice que la celebración de esta Jornada “significa reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia. La caridad, que se expresa en la colecta de las celebraciones litúrgicas del tercer domingo de octubre, tiene como objetivo apoyar la tarea misionera realizada en mi nombre por las Obras Misionales Pontificias, para hacer frente a las necesidades espirituales y materiales de los pueblos y las iglesias del mundo entero y para la salvación de todos”.

Conscientes del llamado de Dios a compartir el don de la fe que hemos recibido en el Bautismo, nos acercamos al Evangelio de hoy que nos presenta una controversia diríamos de “carácter político” entre Jesús y unos fariseos y herodianos, sus oponentes. Éstos últimos eran miembros de un grupo que apoyaba a los dominadores romanos, mientras que los fariseos eran practicantes tradicionalistas contrarios al imperio romano: los dos grupos, a pesar de ser enemigos entre ellos, se habían aliado para sorprender a Jesús.

Ellos inician el diálogo con un halago a Jesús:” Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios”. Sus palabras suenan falsas y buscan congraciarse con Jesús y hacerlo caer en una trampa, pero no se dan cuenta que están diciendo una gran verdad. Evidentemente Jesús es un maestro sincero que enseña el camino de Dios y no un oportunista que busca su propio interés y el aplauso de la gente. A continuación ellos lanzan al maestro la pregunta clave: “¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”.

Jesús, descubriendo una actitud maliciosa detrás de la pregunta, los desenmascara: “Hipócritas, ¿porque me tienden una trampa?”.  En efecto, si él responde que no está permitido pagar los impuestos, los herodianos lo denunciarán a las autoridades romanas como un subversivo, y si responde que está permitido, los fariseos volcarán al pueblo en su contra porque colaborador del imperio.

Por eso Jesús, no contesta a la pregunta provocadora y se pone a hablar dos dimensiones muy importantes del ser humano: la relación entre religión y política. Partiendo de la constatación que los judíos reconocen de hecho la dominación de Roma, Jesús lleva al plano práctico la discusión que sus adversarios han planteado en el plano ideológico y les pide que muestren la moneda con qué pagan el impuesto. Luego les pregunta: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?” Su respuesta es obvia: “Del Cesar”.

A partir de esta contestación Jesús pone fin a la discusión con una afirmación magistral, que ha pasado a la historia: ”Den al Cesar lo que es del Cesar y den a Dios, lo que es de Dios”. Jesús no acepta la alternativa: o Dios o el César, sino que pone las cosas en su lugar. Si ellos se portan como súbditos del imperio, gozan de sus servicios y manejan su moneda, tienen que devolver al Cesar lo suyo, cumpliendo con las obligaciones respectivas y pagando los impuestos.

De la misma manera, ellos deben tener bien claro que sigue válido e ineludible el principio de dar a Dios lo que a Él solo le compete, es decir, reconocerlo como único Dios y Señor, a quien hay que amarlo por encima de todas las cosas.

A esta afirmación de Jesús se les ha dado innumerables interpretaciones, entre ellas  me refiero a una visión de Estado  laicista, que relega a la Iglesia y a los agentes de pastoral a la esfera privada, a la sacristía y a los templos. Según esta idea, la problemática de orden social y político, es de competencia exclusiva de los políticos y los gobernantes.

Este enfoque vulnera la vocación de la Iglesia, enviada por Cristo a anunciar el Evangelio del que es parte indisoluble el desarrollo humano integral. Es lo que reafirma el papa Francisco, en el mensaje de esta jornada misionera: “La Iglesia, sacramento universal del amor de Dios para el mundo, continúa la misión de Jesús en la historia y nos envía por doquier para que, a través de nuestro testimonio de fe y el anuncio del Evangelio, Dios siga manifestando su amor y pueda tocar y transformar corazones, mentes, cuerpos, sociedades y culturas, en todo lugar y tiempo”.

Por eso, cuando la Iglesia se compromete con la vida de las personas, la sociedad, la cultura, la economía y la política solo está siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesús, que pasó su vida haciendo el bien, anunciando la buena noticia a los pobres, denunciando las injusticias, sanando a enfermos, perdonando a pecadores y liberando a los poseídos por espíritus malignos.

 

Desde estas consideraciones, la correcta interpretación de las palabras de Jesús: “”Den al Cesar lo que es del Cesar y den a Dios, lo que es de Dios”, no contrapone el Cesar a Dios, lo político a lo religioso, lo temporal a lo espiritual, sino que establece un orden de importancia donde Dios tiene la preminencia sobre el Cesar. En este sentido, todo el poder humano está bajo la autoridad de Dios, su autonomía se limita a su propio ámbito y de ninguna manera puede estar al mismo nivel o por encima de Dios.

Lo último y esencial no es el César, sino Dios y nadie ni nadad tiene poder sobre el hombre, solo Dios. En esta visión, no hay cabida para la divinización del poder, de las ideologías totalitarias y del pensamiento único, como ha pasado tantas veces en la historia humana hasta el día de hoy, y donde sobran los ejemplos de los “cesares de turno” que buscan constituirse como “señores y dioses” de pueblos y naciones. En el caso que el poder político se extralimite y quiera sustituirse a Dios imponiendo su poder sobre la persona humana, entonces la Iglesia y los cristianos tenemos el deber de denunciar y de rebelarnos, siguiendo el ejemplo el apóstol Pedro que, ante las autoridades judías que le prohibían predicar en nombre de Jesús, respondió: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

 

Según el pensamiento cristiano, el poder político es una vocación al servicio de la persona, el pueblo y la sociedad, de acuerdo a las leyes que el Señor ha puesto al interior del ser humano, como la inviolabilidad de la vida humana, la igual dignidad de todos sin distinción alguna, los derechos humanos y los valores del reino de Dios, la verdad, la justicia, la libertad, el bien común y la paz.

 

Queridos hermanos y hermanas, la palabra de Dios de este Domingo, en el que todos estamos llamado a participar de las elecciones nacionales, nos recuerda también que es parte de nuestro ser cristiano ejercer nuestro deber y derecho de ciudadanos, libres de presiones, en conciencia y delante de Dios. Por eso, seamos responsables, participemos todos y hagamos que este día sea una fiesta de pueblo, vivida en armonía y paz.  Amén

Fuente: Campanas  – Iglesia Santa Cruz