Cochabamba

Mons. Roberto Flock, obispo auxiliar de Cochabamba: ¡El que tenga oídos, que oiga!

En su homilía Mons. Roberto Flock se refirió al partido final de la Copa del Mundo, como también invito a todos a ser parte de la selección que el Señor ha convocado.

 

Queridos hermanos,

En estos días los medios de comunicación y las redes sociales han celebrado el hecho que el Papa Francisco y el Papa emérito Benedicto, representan las dos selecciones nacionales que disputan hoy el final de la Copa Mundial de Futbol. Además de una foto con cada un vistiendo el uniforme de su equipo, hay uno que los muestra sugiriendo cancelar la Misa. Por suerte, para nosotros, el partido es esta tarde; para ellos es muy tarde de la noche.

En realidad lo que ha señalado el Papa Francisco, por medio de Twitter fue esto: “Los Mundiales lograron el encuentro de personas de varias naciones y religiones. Que el deporte promueva siempre la cultura del encuentro”.

¡Hoy es el Día del Señor! Por eso nos encontramos aquí reunidos para celebrar la Eucaristía. Les felicitó por su presencia. En realidad, es Jesús mismo quien nos invita a participar de su mesa. Quiere hablar a nuestro corazón como personas y como Iglesia. Quiere alimentarnos con su cuerpo y su sangre, verdadera comida y bebida que nos fortalece en su amor. Y quiere conducir nuestra vida para producir en nosotros y en nuestro mundo los frutos del Reino de Dios.

Como dice el Papa Francisco, el deporte tiene la posibilidad de promover el encuentro, además de lo que se vive con la pasión de la competición, con el gozo de los triunfos y la angustia de las derrotas. La convocatoria que nos hace el Señor, en cambio, no tiene perdedores, solo ganadores, aunque sí, coloca todos las angustias de la humanidad delante de Dios, quien nos consuela, y también todos los triunfos, que son motivo para darle gracias, como lo hizo Jesús en la Última Cena con el pan que compartió con sus discípulos y ahora con nosotros.

En la primera lectura, el Señor dice que su Palabra no es estéril, más bien realiza todo lo que Él quiere y cumple la misión encomendada, de la misma manera que la lluvia y la nieve fecundan la tierra. A fondo esa Palabra es Jesucristo, el verbo hecho carne que habita entre nosotros. Cada palabra suya es Palabra de Dios y su misma vida y presencia es como Dios nos dice que nos ama, nos llama a la vida y nos desafía a la bondad de los hijos de Dios.

Tierra buena es la que se abre para recibir la Palabra de Dios. Con nuestra fidelidad al Señor en su día, domingo tras domingo, el Señor logra que nosotros seamos verdaderos Hijos de Dios que producimos fruto abundante, como indica Jesús con la Parábola del Sembrador. Aunque es fácil observar los obstáculos que enfrenta la Palabra de Dios, simbolizado por el camino duro, los espinos y las piedras, la Palabra de Dios encuentra los suelos donde puede hacer el bien, y la ha encontrado en ustedes. No se desanimen si no se sienten santos y perfectos. Esa misma conciencia humilde es señal de pertenencia al Señor y de la acción de su gracia en sus corazones.

Toma en cuenta lo que Pablo escribió a los Romanos: “Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto.” Sin embargo: “la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.”

Entonces, hermanos, sea lo que sea el resultado del final de la copa mundial, sepan que como Benedicto y Francisco, forman parte de la selección que ha convocado y formado Dios y que nosotros, como discípulos de Jesucristo, vamos a ganar el Reino de Dios con su justicia, su amor y su victoria.

¡El que tenga oídos, que oiga!