Santa Cruz

Mons. Roberto Flock: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

Santísima Trinidad 2018

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Queridos hermanos,

Hace unos 3,300 años, Moisés dijo al pueblo lo que hemos escuchado en nuestra primera lectura: Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios – allá arriba, en el cielo, y aquí abajo, en la tierra – y no hay Otro. Lo dijo a un pueblo que poco antes estaba esclavizado en Egipto, donde todavía se conservan las pirámides y los monumentos que recuerdan el poder de aquel imperio opresor sobre el Río Nilo, sostenido por una religión politeísta que ya no existe. En cambio, nosotros creemos hoy en el mismo Dios que liberó a los Israelitas de aquella dura opresión. Desde entonces hasta ahora, y de manera especial a través de Jesucristo, hemos ido conociéndole a Dios cada vez mejor, de manera que hoy celebramos esta solemnidad de Dios mismo, Padre, Hijo e Espíritu Santo, la Santísima Trinidad.

Parte de nuestro conocimiento de Dios es una mayor comprensión de su ser, como Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador del Universo, Perfecto en su Ser e Infinito en su Amor y su Poder, a la vez una perfecta comunidad, descrita con mayor detalle en el Credo Niceno, que dice del Hijo: “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho.” Enseña algo del Espíritu Santo: “Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.” Aun así, Dios sobrepasa nuestra pobre capacidad humana de comprender su realidad, ya que somos creaturas limitadas por el mundo físico del cual participamos y por el daño que provoca el pecado en nuestra alma.

La otra parte de nuestro conocimiento de Dios tiene que ver con sus actitudes y acciones. La Biblia comenta mucho especialmente en estas experiencias en el Desierto: “El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad. Él mantiene su amor a lo largo de mil generaciones y perdona la culpa, la rebeldía y el pecado; sin embargo, no los deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación” (Ex 34,6-7); y “el Señor, tu Dios, es un Dios misericordioso, que no te abandonará, ni te destruirá, ni se olvidará de la alianza que estableció con tus padres mediante un juramento” (Dt 4,31). Al pactar la primera Alianza Dios aparece con el poder de un volcán, lo que hace temblar por su poder, pero a la vez, muestra con las plagas contra Egipto que su poder es para acabar con el pecado opresor y el sufrimiento que provoca.

El libro de Job con sus 42 capítulos de discursos sobre la justicia divina y el sufrimiento humano intenta desvelar el misterio de Dios, y en cierto momento Job reclama hablar a Dios cara a cara para que le explique por qué le toca sufrir. No recibe nunca una explicación, pero sí responde diciéndole a Job, ¿Quién eres tú para cuestionarme al Todopoderoso? Pero, por lo menos Dios le habló. Y Job se contentó con eso.

Con la venida de Jesús las cosas cambian profundamente. Por medio de Jesús Dios nos ha dicho todo. Por medio de Jesús conocemos a Dios de cerca. Pero esto también vino con un precio. Aunque algunos dijeron que expulsaba demonios con el poder de Beelzebul, lo hacía, según Jesús, con el meñique de Dios. Con su bondad y su sabiduría proclamó a un Dios Padre misericordioso y prometió el Espíritu Santo de Dios para habitar en nosotros. Durante la Última Cena, le dice a los Apóstoles, cuando ven a mí, ven al Padre. Es decir, en las palabras y gestos de Jesús conocemos a Dios, qué es lo que le preocupa, qué es lo que agrada, qué es lo que le hace enojar, y qué está dispuesto a hacer para salvar a la humanidad de su capacidad para la autodestrucción. Moisés vio la Gloria de Dios cuando pasó frente a su cara, pero según el Evangelio de San Juan, nosotros vemos la gloria de Dios cuando contemplamos a Jesucristo Crucificado.

Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; una comunidad divina de amor, bondad y poder infinito y perfecto; somos su creación, somos hijos de Dios, somos su alegría y somos su cruz. Nos dijo el mandamiento mayor ya por medio de Moisés: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,5). Y sabiendo que fallamos, decidió amar a nosotros con todo su ser y con todas sus fuerzas.

Hoy celebramos el Día de la Madre. El amor y la vida que recibimos a través de nuestra madre, proviene de Dios Creador, que a la vez nos dio a María Santísima como Madre Celestial. Con todo el amor y gratitud que tenemos por nuestras madres, podemos a la vez preguntarnos, hasta qué punto realmente conoces a tu madre. Es diferente conocerla como bebé, niño, adolescente, joven y adulto. Ojalá podemos ir conociendo, maravillando y amando con cada vez mayor corazón a la mamá que nos trajo a este mundo.

Ojalá podamos ir también conociendo profundamente a nuestro Dios, quedando totalmente sobrepasado a tomar conciencia de su grandeza, de su infinita bondad y de su eterno amor, y con la ayuda de su propio Espíritu Santo, amarlo gozosamente también con todo nuestro ser.

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.