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Mons. René Leigue en Corpus Christi: “La solución está en cada uno de nosotros”

En la celebración de la solemnidad de Corpus Christi, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. René Leigue Cesari, dirigió una homilía profundamente marcada por la realidad nacional y por un fuerte llamado a la coherencia de vida y a la esperanza activa.

“Hoy vivimos momentos difíciles; cada día hay más reclamos por el pan de cada día”, expresó Mons. Leigue, aludiendo al aumento del costo de vida y a la desigualdad social. En ese contexto, recordó el milagro de la multiplicación de los panes como una invitación a organizarse, compartir lo que se tiene y no quedarse de brazos cruzados.

La fiesta de Corpus Christi, dijo, es un encuentro con el Pan de Vida, Jesús Eucaristía, que no solo alimenta el cuerpo, sino sostiene la esperanza. “Si nos falta el alimento espiritual, también nos faltará la esperanza”, advirtió.

A lo largo de su mensaje, el Arzobispo pidió a los fieles ser coherentes entre fe y vida, no tener vergüenza de anunciar a Cristo en lo cotidiano, y construir comunidad desde el amor, el respeto y la justicia. “No perdamos esta oportunidad que el Señor nos da. Somos peregrinos de esperanza”, afirmó.

Finalmente, invitó a pensar en el futuro del país con responsabilidad ciudadana: “En agosto podemos organizarnos mejor y mirar quién nos puede sacar de este momento difícil. Pero todo depende de cada uno”.

Homilía de Mons. René Leigue Cesari

Arzobispo de Santa Cruz

Corpus Christi

Junio 19 de 2025

Unidos en Oración.

Cuerpo de Cristo, pan de esperanza, es el lema que hemos escogido para esta solemnidad de Corpus Christi, una fiesta para nosotros los católicos, especialmente muy importante y fundamental en la vida de cada uno de nosotros. Esta fiesta hoy la celebramos aquí delante de la catedral, pero también nos unimos a los hermanos de Montero, en la zona norte, que también están en la celebración en el estadio allá. Así, el estadio ha sido cedido acá al estadio. Me hubiera gustado estar ahí también, pero como ustedes saben no es posible. En este tiempo estamos unidos en oración.

Venimos para encontrarnos con el Señor, mirarlo en la eucaristía, darle gracias.

La fiesta de Corpus Christi nos hemos ido preparando para este momento tan importante. Yo no sé si todos ustedes lo sienten así, yo creo que sí, por eso estamos aquí en este momento para celebrar esta fiesta. ¿Qué le pedimos al Señor ahora? ¿Con qué sentimiento venimos a esta celebración? ¿Qué podemos dialogar con el Señor que está en la Eucaristía y que para nosotros es el pan vivo, pan verdadero, Jesucristo presente en la Eucaristía? ¿Con qué sentimiento venimos para ese encuentro con Él? Yo creo que algo traemos, algo traemos para encontrarnos con Él, para mirarlo en la Eucaristía, para darle gracias. Cada uno sabe qué sentimiento tiene, cada uno sabe cómo está viviendo en este momento y este encuentro es para eso: para estar con el Señor, para estar junto a Él, así como los discípulos que hemos escuchado en el evangelio, Jesús rodeado de sus discípulos y mucha gente. Hay un número que da aquí: 5,000 hombres, a lo mejor es la cantidad que estamos ahorita aquí presente. Entonces Jesús estaba ahí con ellos, los discípulos también preocupados, mucha gente.

Denle ustedes de comer.

—¿Qué hacemos ahora? —le dicen a Jesús—. “¿Qué hacemos? Hay mucha gente, hay que darles de comer o hay que dejarlos que se vayan ya a su casa.”

Jesús les dice a su discípulo: “Denle ustedes de comer.” Gran responsabilidad que les da a los discípulos. ¿Cómo se podía mantener a mucha gente? Le presentaron a Jesús ahí unos peces, unos pescados, unos panes.

—¿Qué hacer con esos? ¿Cuántos panes para mucha gente?

Jesús, ¿qué hace? Él sabía qué hacer en ese momento, pero quería que los discípulos pudieran pensar también qué hacer frente a una necesidad, frente a una preocupación que ellos tenían.

¿Cómo responder a esa necesidad?

Sí, hermanos, Jesús tenía claro lo que él quería hacer y lo que podía hacer. Trae los peces, trae los panes y aquí a lo mejor nos quedamos con ese milagro, como se dice, “Jesús multiplica los panes”. Creo que no tenemos que verlo tanto por ahí, tenemos que ver que Jesús no se queda con los brazos cruzados frente a una necesidad, y Él busca la manera cómo saciar el hambre de las personas.

La gente quiere comer, la gente necesita alimentarse.

Hoy en día también estamos pasando momentos muy difíciles, lo experimentamos, lo sentimos, lo vivimos cada día y hay un reclamo de todos: que nos falta el pan de cada día. Cada día las cosas suben de precio y hasta en algunos lugares como que se están peleando por su alimento.

¿Esto acaso no es una preocupación también para nosotros? ¿Esto acaso también no sería una desesperación? Así como los discípulos también: ¿qué hacemos? La gente quiere comer, la gente necesita alimentarse.

Jesús aquí lo que hace es dar gracias a Dios por lo que tiene, da gracias a Dios y luego le dice a sus discípulos: “Ahora ustedes acomoden a la gente, organícenla y ustedes denle de comer, ahora con esto que tienen y repártanlo.”

Pueblo, no se desesperen, no pierdan la esperanza.

Creo que esa confianza no tenemos que perder en el Señor frente a los problemas que estamos viviendo. A lo mejor el Señor también nos dice hoy a nosotros: no se desesperen, no pierdan la esperanza, organícense y entre todos, si es así, pueden ir adelante.

Pero para eso alguien tiene que estar al frente, así como Él estuvo al frente en ese momento tan necesario e importante. Eso también es lo que necesitamos en este tiempo: que alguien se haga cargo, sea responsable de este momento, que nos pueda organizar, que nos pueda dar esa esperanza, también decir: “¡Hay alimento y aquí está!”

Si los que tienen, compartieran con los demás, nadie pasaría hambre.

Creo que eso es lo que nosotros necesitamos en este tiempo. Jesús no le hace faltar el alimento a toda la gente, todos comen y sobra todavía. Creo que en este tiempo también está pasando eso, hay necesidad, pero algunos tienen a lo mejor más que otros, y si esas personas que tienen compartieran con los demás, yo creo que nadie pasaría hambre.

Eso es lo que nos enseña Jesús aquí, nos enseña cómo llevar adelante, cómo compartir.

En la última cena, Jesús parte el pan, parte y lo reparte. Ese partir y repartir quizás es lo que nos falta a nosotros. Hay unos que están agarrando más que otros y otros no tienen nada. Y ahí está la desesperación, ahí está el problema.

Cuerpo de Cristo, pan de esperanza, pan de vida.

Esta fiesta, lo que tengo que pensar es eso: el Señor no se va, se queda con nosotros, no nos abandona y nunca nos va a abandonar. Esa es la esperanza que tenemos, por eso es que el lema que tenemos, ¿no?, que nos llena de esperanza a nosotros: cuerpo de Cristo, pan de esperanza, pan de vida, alimento que no nos debe faltar.

Que este día también sea para nosotros ese renovar ese encuentro con el Señor.

¿Cuántos de nosotros, cuántos de ustedes ahora vienen a la misa, participan en la misa, pero no se alimentan de ese pan de vida? ¿Por qué será? Algo debe estar pasando en ustedes, pero no nos dejen pasar así nomás.

Es Él quien se ofrece ahora, es Él quien parte, esa parte se va y se reparte entre nosotros para que no nos falte el alimento espiritual. Porque si nos falta alimento espiritual, la esperanza también como que tambalea en nosotros.

Renovemos nuestra fe en Dios.

Entonces, creo que este momento es para renovar nuestra fe en Dios, para mirarle a Él, para poder entender lo que Él nos quiere decir. Por eso esta fiesta es tan fundamental, tan bonita en nuestra vida.

Creo que eso es lo que nos atrae: es Él el que nos llama, es Él el que nos dice: “Quiero estar con ustedes, quiero compartir mi cuerpo con ustedes, quiero darle mi alimento para ustedes, quiero estar siempre, no abandonarlos.”

Esa es la promesa que Él nos hizo y eso es lo que vivimos y compartimos.

Nosotros los humanos nos hemos vuelto egoístas.

También el Señor nos mirará ahora que estamos pasando un momento tan complicado, no solamente en Bolivia, sino en todo el mundo.

¿Qué esperaría de nosotros? Él se dio para nosotros, para todos, no para unos cuantos.

Eso también tenemos que aprender de Jesús: no se quedó para unos cuantos, se quedó para todos.

Somos nosotros, los humanos, que nos hemos vuelto egoístas, que a veces buscamos para nosotros, para un grupo que nos interesa, y dejamos a un lado a los demás.

Jesús no escoge, Jesús no está buscando grupitos, Jesús no está solamente con aquellos que vienen a misa.

Hay que buscar a los que no vienen, buscar a los alejados.

Si tomamos en cuenta lo que Él nos dice: “Si ya hay unos cuantos que están conmigo, más bien hay que ir a buscar a los que no vienen, buscar a los alejados.”

Entonces hoy también nos hará recuerdo de esa misión: a ustedes los envío, a ustedes les toca dar de comer, a ustedes les toca también afrontar este momento, a ustedes les toca organizarse y verán que el pan de cada día no les faltará.

Qué lindo, ¿no? Si nos escuchan, aquello que les toca ahora en este tiempo: afrontar más que todo buscar la solución a estos momentos que vivimos.

El Señor también les dice a ellos: “Usted está en sus manos ahora, busquen soluciones, y si las buscan y están conmigo, la encontrarán.”

No siempre podemos conseguir lo que pedimos, sino es con la ayuda de Dios.

Porque también es otro tema: nosotros, los humanos, por nuestra cuenta no siempre podemos conseguir lo que pedimos, sino es con la ayuda de Dios.

Él es quien nos puede dar una mano, Él es quien nos puede ayudar, Él quien nos puede iluminar, quien nos puede dar la certeza de lo que estamos haciendo.

Podemos encontrar nuestra esperanza.

Estamos en este año de jubileo, año jubilar, ya estamos a medio año.

¿Cómo estamos también en esa parte?

El Señor hoy nos ofrece su perdón.

A veces no nos acercamos a participar de este banquete que Dios nos ofrece porque hay algo en nuestra vida que no nos deja.

Y ustedes, los que no se acercan, son los que saben qué es lo que no les deja acercarse para ser parte de esa vida de Jesús, de ese alimento que Él nos da.

Pero no se queden con eso: es que yo no puedo, es que yo soy consciente que como estoy viviendo no me deja acercarme, no quiero pecar más, y bien que lo piensa así, y bien que no lo haga, acercarse.

Pero no se queden con eso.

Hay manera de cómo solucionar ese problema que tienen.

Si es porque está lleno de pecado, tenemos un sacramento para solucionar eso, que es la confesión.

Y si es que le falta también algún sacramento en las parejas, en la familia, también hay un sacramento ahí que pueden hacerlo.

¿Qué esperan? Busquen la solución.

Es que no somos casados por la Iglesia, por eso bien que sean conscientes que no pueden acercarse a la comunión, pero no se queden con eso, busquen la solución, hay un sacramento para solucionar sus problemas.

Entonces está en cada uno de ustedes, el Señor les espera.

Y cuánto no quisiera compartir con cada uno, con todos nosotros que estamos aquí.

Solamente les espera que lo decidamos.

Por eso esta fiesta de Corpus Christi es para pensar, para estar delante del Señor ahora y decir:

“Señor, aquí estoy, tú me conoces, tú sabes cuál es mi vida, tú sabes por qué no puedo acercarme, porque hay esta dificultad, tengo este problema, ayúdame.”

Dios es fiel.

Él está ahí esperándonos, nos espera a todos.

No desperdiciemos este banquete que el Señor nos ofrece, no lo desperdiciemos.

Nosotros somos peregrinos, como está el lema del jubileo: peregrinos de esperanza.

Somos peregrinos en este mundo, no somos eternos.

Por lo tanto, busquemos la solución para estar bien con nosotros.

Amor, estamos llenos de odio, estamos llenos de rencor, estamos llenos de tantas cosas en nuestra vida.

Recibámoslo en nuestros corazones.

Y si eso no lo arreglamos, ¿dónde lo metemos a este Dios, a este Jesús que viene en la Eucaristía?

¿Dónde lo metemos en nuestra vida?

Él quisiera estar en nuestra vida, en nuestro corazón.

A lo mejor encontrar un corazón limpio, tan arregladito, tan organizado, como nos preocupamos a veces para cuando tenemos una celebración, así como hoy.

Y a veces nuestra vida está tan desordenada, tenemos tantas cosas y ahí lo metemos a Jesús.

Pensemos, ¿dónde lo ponemos a Él en nuestra vida?

Nuestro corazoncito, ¿cómo está?

¿Está limpio?

¿Está lleno de tantas cosas que a veces también salimos de la misa y ya empezamos a hacer, a mirar mal a los otros, hablar mal para los demás?

Oiga, estoy saliendo de la misa, estoy comulgando, lo tengo todavía a Jesús ahí en mi vida, pero ya estoy pensando mal, ya estoy hablando mal de los demás.

¿Dónde lo he metido a Jesús?

Yo creo que esto que tenemos que pensar también.

El Señor nos pedirá la coherencia.

Me amas, me quieres, haz esto.

No tengamos miedo.

Ir al Señor.

Sé coherente entre la fe y tu vida.

Esto es lo que tenemos que meditar hoy día.

Vamos a manifestar nuestra fe caminando por la calle con Jesús sacramentado.

No tengamos miedo, no tengamos vergüenza.

Como hay algunos que a veces, por llevar una línea política por ahí, se han avergonzado del Señor, han negado su fe por estar ahí.

Nosotros no, tengamos miedo, no tengamos vergüenza de negarlo al Señor.

Seamos coherentes, seamos coherentes.

La fe que tengo, eso me lleva a ser persona valiente.

Ahí donde estoy, en la familia, en el trabajo, en el grupo donde estoy, no negarlo al Señor.

Y no solamente hablar de Él, negarlo negándolo, sino con nuestro acto.

No tengamos vergüenza de anunciar al Señor.

A veces lo negamos cuando no hacemos bien las cosas, cuando no somos correctos, cuando no somos justos, cuando no somos honestos con lo que hacemos.

Ahí lo estamos negando al Señor.

El Señor nos pedirá también eso.

Hoy quiero estar contigo y quiero darte fuerza.

No perdamos esta oportunidad que el Señor nos da.

Por eso no tengamos miedo, tengamos vergüenza de anunciar a este Señor, a este Dios que nos quiere, este Dios que nos ama, este Dios que no quiere que nos alejemos de Él, este Dios que nos da esa fuerza para seguir adelante.

A pesar de nuestra debilidad, Él está para ayudarnos, para levantarnos.

Este Dios que, a pesar de lo que le hacemos, a pesar de nuestra dificultad, nuestra debilidad humana, Él está ahí para ayudarnos, Él está para levantarnos.

Como decía el Papa Francisco: Dios nunca se cansa de perdonar, somos nosotros que nos cansamos de pedir perdón, y a veces nos cansamos hasta de encontrarnos con Él.

No dejemos vencer por la flojera cualquier otra cosa.

El Señor está ahí en esta tarde, en la procesión que hacemos, contemplando y mirando al Señor.

Renovemos nuestro compromiso cristiano, nuestra patria, nuestra Santa Cruz necesita eso.

Que sea momento también para renovar nuestro compromiso cristiano.

Qué lindo, nuestra patria, nuestro departamento de Santa Cruz necesita eso, que nos respetemos, que nos amemos, que respetemos dónde estamos y lo que somos.

Somos de este departamento, somos de esta ciudad, y como somos de este departamento, de esta ciudad, entonces también sintámonos hermanos y hermanas.

Pero no solamente con palabra, no solamente el llamarse hermano porque sos de mi grupo.

Somos hermanos y hermanas porque somos hijos de un solo Dios y, como tal, por tanto, respetemos y amémonos.

Como lo dice el Señor Jesús: “Ámense los unos a los otros como yo los amo.”

Por eso Él se quedó en la Eucaristía para decirnos: esto es lo que yo quiero, quiero que se amen, quiero que se respeten.

Si esto es así, entonces seremos coherentes con lo que decimos y lo que hacemos.

Que organizándonos bien, como debe ser, podamos encontrar una salida.

Que el Señor nos acompañe, nos dé la fortaleza, y que entre todos, organizándonos bien como debe ser, podamos encontrar una salida.

Creo que, si lo hacemos, esto vamos a tener días mejores, y eso no perdamos de vista: vamos a tener días mejores, pero eso todo depende de cada uno de nosotros.

En agosto, a lo mejor, podemos organizarnos mejor y mirar quién nos puede sacar de este momento difícil, y ahí, entre todos, podemos salir de este momento que estamos viviendo tan complicado.

Que el Señor nos acompañe, que nos ilumine, que nos dé fuerza para que podamos salir adelante.

Que así sea.

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