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MONS. JESÚS PÉREZ: XLVIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

MENSAJE: “PROPONER LAS VOCACIONES EN LA IGLESIA LOCAL”

Queridos hermanos y hermanas:

El domingo, 15 de mayo celebramos en toda la Iglesia la XLVIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIONES, con el tema siguiente: “PROPONER LAS VOCACIONES EN LA IGLESIA LOCAL”.

Según la voluntad de Cristo debemos orar por las vocaciones pues Él nos dice: “la mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9,36-38). Esta Jornada quiere que tomemos muy en cuenta lo que el Señor dijo. Por lo menos en esta Jornada saldremos de la indiferencia de rezar por las vocaciones.

Ante todo y sobre todo, la Jornada es de oración. La vocación a la vida sacerdotal y religiosa es un don de Dios, un maravilloso regalo de Dios, de Jesucristo, el Buen Pastor que llama a su seguimiento a quienes Él quiere y cuando quiere. Todo don debe pedirse y cuidarse. Cristo considera necesaria la oración por las vocaciones. Por ello, hago un llamado ferviente para que en las parroquias, en los grupos de movimientos eclesiales, sobre todo en los grupos juveniles y también en nuestros colegios de Iglesia se organicen momentos de oración, proporcionando así espacios para el encuentro con el dueño de la viña, el Señor Jesús, todo depende del encuentro con Cristo, “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14,6).

Junto a la oración deben unirse momentos de reflexión sobre el tema que el Papa ha señalado para esta jornada y otros temas vocacionales. Mucho depende del celo pastoral de los presbíteros, asesores, educadores, profesores de religión y sobre todo de la preocupación de los padres de los jóvenes que son los más llamados a orientar a sus hijos y alentarlos en aceptar la vocación sacerdotal o religiosa.

Es importante conocer el mensaje del Papa para esta Jornada. El nos da luces a todos los miembros del pueblo de Dios. Por ello me animo a poner un largo párrafo:

“El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús, llama a sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero. El modo en el que Jesús llamó a sus más estrechos colaboradores para anunciar el Reino de Dios ha de ser objeto particular de nuestra atención (cf. Lc 10,9). En primer lugar, aparece claramente que el primer acto ha sido la oración por ellos: antes de llamarlos, Jesús pasó la noche a solas en oración y en escucha de la voluntad del Padre (cf. Lc 6,12), en una elevación interior por encima de las cosas ordinarias. La vocación de los discípulos nace precisamente, en el coloquio íntimo de Jesús con el Padre. Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al “Señor de la mies tanto en las comunidades parroquiales como en las familias cristianas y en los cenáculos vocacionales”.

Además, Benedicto XVI, no deja de prevenirnos ante la idea que hace falta de vocaciones, pues la llamada, la vocación, sigue existiendo, “el Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida, para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y en la vida consagrada, y la Iglesia “está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica post sinodal Pastores dabo vobis, 41).

Añade algo mas Benedicto XVI, que es necesario tomarlo en cuenta: “Especialmente en nuestro tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada por ‘otras voces’ y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel debería de asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones”.

Estas palabras anteriores del Supremo Pastor de la Iglesia, no nos pueden dejar indiferentes a ningún cristiano, de lo contrario, seríamos culpables de un grave pecado de omisión. Todos, en una pastoral de conjunto, a la que nos llama el Plan Pastoral 2011-2016, debemos revisar nuestro trabajo, ya sea en la familia, en la educación católica de nuestros colegios, en las parroquias, en las comunidades eclesiales… La preocupación por la pastoral vocacional es una urgencia que pertenece a todos y reclama de todos una mejor actuación.

Por ello, en la celebración de ésta Jornada, me permito convocarles a asumir con responsabilidad esta necesidad apremiante e indispensable de la Iglesia, “el esfuerzo en la promoción y cuidado de las vocaciones adquiere plenitud de sentido y de eficacia pastoral cuando se realiza en la unidad de la Iglesia y va dirigido al servicio de la comunión” (Benedicto XVI).

Agradezco profundamente a todos los que están trabajando de diferentes maneras en nuestra Arquidiócesis en la pastoral vocacional y les invito a no desmayar aunque parezcan, a veces, inútil los esfuerzos que realizan. “La capacidad de cultivar las vocaciones es un signo característico de una Iglesia local”.

Que María, la Madre de Jesús y Madre nuestra, quien supo animar, acompañar y apoyar a su hijo Cristo en su vocación de hacer la voluntad del Padre, nos estimule a todos a seguir en esta tarea pastoral de las vocaciones sacerdotales y religiosas. 

Jesús Pérez Rodríguez O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE