Análisis Reflexión Dominical

Mons. Jesús Pérez: “Un Rey crucificado”

Cristo_Rey

Estamos finalizando el Año litúrgico, y la liturgia lo hace con la solemnidad de Cristo, Rey del universo.  Es la fiesta con que finaliza  el año de culto. Con el Adviento, el próximo domingo, iniciaremos nuevamente ese proceso celebrativo que nos hace participar un año más de la gracia de la salvación. Las lecturas de hoy nos pueden ayudar a comprender mejor cómo es ese Rey y cómo debemos comportarnos para ser buenos y leales súbditos de ÉL. Cristo es Rey y Dios. Es un regalo de Dios Padre a la humanidad entera. Esta solemnidad de Cristo Rey nos hace mirar al futuro.  Nos guía al final de la historia de la salvación.

Este Rey que Dios ha enviado es realmente un Rey muy extraño y sorprendente. El trono de Cristo es la cruz. Junto a los dolores de la cruz están los insultos y todo género de burlas. Pilato con ironía hizo poner un letrero en la cruz que decía: “ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS”. Los soldados, como los enemigos de Cristo, creían que era rey, como esos que hacen tantas gentes; reyes más prepotentes que poderosos, más preocupados de su gloria que del bienestar de los súbditos, más amantes de su fasto y del protocolo que de su pueblo.

Jesús enseña claramente cómo es su reino. “Mi reino  no es de este mundo”. Jesús demuestra  su realeza quedándose en la cruz, resistiéndose a la tentación de responder al torpe desafío de la chusma. Cristo demuestra su realeza soportando con infinita confianza en el Padre, hasta el fin, la cruz y la humillación en que se ponía a prueba su fidelidad. Jesús vino al mundo para salvarnos y servirnos. El mayor servicio a la humanidad fue morir en la cruz, dando la vida por nosotros. Por eso la plenitud de la realeza de Cristo está en la cruz.

Cristo no entendió su reinado como privilegio social, ni fuerza militar, ni riquezas. Sus credenciales las proclama el prefacio de la misa de hoy: “Un reino eterno y universal, el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz”. Nuestro Rey es Cristo clavado en la cruz, un crucificado. Así nos muestra, desde la crucifixión, que sólo el amor y la entrega solidaria pueden salvar el mundo. Nosotros, los cristianos, somos sus seguidores y tenemos que aprender mucho de Cristo en la cruz. Nuestra actitud no puede ser de dominio, sino de servicio, no de prestigio político o económico, sino de diálogo humilde y comunicador de esperanza.

En el “padrenuestro” nos atrevemos a pedir: “venga a nosotros tu reino”. El llamado “buen ladrón” cree en la realeza de Cristo. Cree que Jesucristo tiene toda la verdad y que realmente es Rey, e intuye que la muerte no está lejos para ambos. Él puede ser nuestro modelo, para ello tenemos que aceptar que somos pecadores y pedir humildemente ser súbditos de su reino y trabajar por el reinado de Cristo. El Papa San Juan Pablo II decía: “el mayor pecado del hombre es no reconocer el pecado”.

Sucre, 24 de noviembre de 2019

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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