Análisis

Mons. Jesús Pérez: “Suena el despertador”

Hoy iniciamos, los cristianos, el año litúrgico. Además, comenzamos a celebrar en un único y progresivo movimiento el Adviento y la Navidad. Estas seis semana pertenecen a un “tiempo fuerte” en que celebramos la Buena Noticia de la venida del Señor. Comienza la preparación a la Navidad. El nacimiento de Jesús en Belén era la primera luz que anunció la llegada del día. El Adviento es polivalente. Por una parte, se orienta a la celebración de la primera venida histórica de Cristo en carne mortal, pero, por otra, nos remitimos también a su venida última en poder y gloria, sin perder la perspectiva del presente en que se realizan las continuas venidas de Dios en los acontecimientos del cada día de la historia personal y comunitaria.

Podríamos considerar tres venidas de Cristo o tres advientos que coronan sendas espesas. El Adviento histórico, el adviento místico y el adviento final o escatológico como señala el evangelio de hoy y los evangelios de los domingos pasados. Es el adviento del final de los tiempos, que en tiempo de Mateo como de Pablo, no pocos cristianos consideraban inminente. El adviento o primera venida de Jesús coronó las expectativas de milenios del pueblo de Israel. Cuando llegó la plenitud de los tiempos, como dice el apóstol Pablo, el Hijo de Dios se hizo hombre, naciendo de María de Nazaret y habitó entre nosotros y resucitó para nosotros. Cristo vive, le llamamos el Viviente. Olvidar esto sería perder las relaciones íntimas con Él. En este tiempo de Adviento queremos recordar y vivir en preparación para llegar a esta Navidad con un espíritu nuevo. La segunda venida, es esa venida de cada día a todas las personas, a lo íntimo del corazón. Jesús viene a nuestra alma por la Palabra de Dios que se escucha, por los sacramentos que se reciben, por la oración ferviente y, también por las obras de misericordia que ejercemos. Jesús viene de mil modos a nuestras vidas. La última venida será al fin de los tiempos. Jesús vendrá a cerrar la historia. Va a quedar de manifiesto que el humilde Jesús que pasó por el mundo haciendo el bien es el Señor y rey del universo.

Las tres lecturas de este primer domingo de Adviento nos invitan a la vigilancia, a estar despiertos y atentos para que la venida del Señor que puede suceder en el momento más inesperado, nos encuentre en vigilia. Jesús dice: “estén en vela, que no saben qué día vendrá el Señor”. El apóstol Pablo nos advierte que “es hora de despabilarse, el día está encima”. El profeta nos dice “caminemos a la luz del Señor”. Los que están dormidos, distraídos, satisfechos de las cosas que nos rodean, no esperan ningún salvador. Estos corren un gran peligro: perder la ocasión de tener a Dios muy cerca, que siempre está viniendo a nuestras vidas para ofrecernos su salvación. El Adviento no es tanto cuestión de calendario, un tiempo de preparación a la Navidad sino de una actitud espiritual que debe durar toda la vida y, que en estos días, intensificamos de un modo especial con la actitud de atención y de vigilancia. Por ello, estemos atentos y vigilantes, suena el despertador. ¿Nos dejaremos despertar? ¿O seguiremos durmiendo, haciendo ver que no lo hemos oído? El Adviento es la hora apremiante del Señor. El estilo vigilante del Adviento inacabado es lo que distingue al cristiano. Porque el Adviento es la llamada de Dios a construir un mundo mejor.

Sucre, 27 de noviembre de 2016

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre