Análisis

Mons. Jesús Pérez Rodríguez: “COMO SI NO”

En las celebraciones litúrgicas, estamos en el ciclo B, y se lee el evangelio de Marcos a lo largo de este año, excepto del domingo 17 al 21, que se leerá el evangelio de Juan. Por ello, será de gran provecho para todo católico leer durante este año el evangelio de Marcos, Habría que hacer un generoso esfuerzo para encontrar algún comentario al evangelio de Marcos que nos ayude a entender a este evangelista. Marcos fue el inventor de esta forma literaria a la que los cristianos estamos ya acostumbrados, el evangelio o la Buena Noticia de la salvación que nos ha traído Cristo al encarnarse, El evangelio de Marcos se le considera el primero entre los cuatros y escrito antes del año 70.

Para Marcos, las primeras palabras de Jesús al iniciar su vida pública fue la llamada a aceptar el reino de Dios, a convertirse. Estas palabras siempre serán actuales, “conviértanse y crean en el evangelio”. Estas palabas están en el primer capítulo, en la llamada a los primeros cuatro apóstoles, dos parejas de hermanos, los cuales respondieron de inmediato al llamado para ser discípulos de Jesús.

Jesús llama a colaboradores para la difusión del reino de Dios. La hizo Dios Padre en el Antiguo Testamento valiéndose principalmente de los profetas que tenían la misión de hablar en nombre de Dios. Dios se sirvió de ellos dotándoles de cualidades especiales, aunque a veces, estos hombres tenían no pocos defectos. Lo mismo hace Jesús al iniciar el anuncio del reino de Dios que está cerca. Hoy también sigue llamado Cristo.

La respuesta de las dos parejas de hermanos a los que Jesús llamó: “inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron”, “dejaron a su padre Zebedeo en la barca y se marcharon con Jesús”. La llamada y la respuesta son definitivas. Dios llama para siempre. Hoy se buscan tantos motivos falaces para hacernos creer que la llamada de Dios no puede ser para siempre.

El ejemplo de estos apóstoles nos invita a reflexionar a todos los cristianos -todos somos llamados- sobre la llamada de Dios a cada uno. Dios sigue llamando de diferentes maneras: en los sacramentos nos llama a vivir la gracia de una verdadera y profunda comunión con él. Se nos invita a llevar una vida espiritual ordenada. Encontramos a tantas personas que solo comulgan o se confiesan cuando tiene tiempo. ¿Qué significa tener tiempo? Dios llama a todo cristiano a ser mensajero del evangelio, el cristiano, por vocación debe ser discípulo misionero.

Insistentemente el Papa Francisco nos llama a ser miembros activos en la iglesia y en el mundo. A contribuir a la acción evangelizadora de la Iglesia en la familia, en la parroquia, en los diferentes movimientos a los que se puede pertenecer. Para comprometerse y tener tiempo es muy necesario un cambio de mentalidad, una auténtica conversión. Los bautizados formamos la Iglesia y por ello estamos llamados a contribuir en el crecimiento y perfeccionamiento de la Iglesia.

Cristo comienza el anuncio del reino de Dios con la llamada a la conversión, como dije más arriba. Conversión significa cambio de mentalidad. La conversión es algo profundo que cambia la dirección de las personas en su vivir diario. Así vemos en el evangelio de hoy como aquellos cuatro apóstoles escucharon la voz de Jesús e inmediatamente abandonaron a su padre, a la madre y a todo lo que tenían, para seguir Jesús.

Responder al llamado exige creer en el evangelio, cambiar el corazón y salir de sí mismo. El Papa Francisco nos dice que la Iglesia debe estar en “salida” para anunciar al Buena Noticia. Hay que cambiar el modo de sentir, de juzgar, de valorar las cosas. Convencerse que es tiempo perdido aquel que no se vive en la gracia, en el amor, la justicia.

San Pablo en la segunda lectura de hoy, primera carta a los corintios 7,29-31, nos invita a relativizar las cosas. Relativizar significa dar a cada cosa la importancia que tiene. No considerar como absolutos los valores que no lo san, ni como últimos a los que son penúltimos. Pablo utiliza el “como si no”, varias veces. “Que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran…”. La Palabra de Pablo nos está invitando a preguntarnos: ¿qué importancia tiene Cristo en nuestra vida? ¿Qué importancia tiene para nosotros el que muchas personas en nuestro alrededor no conozcan a Cristo? Hay que aprender a relativizar las cosas para poder responder el llamado Dios. El llamado de Dios tiene sus exigencias.

Sucre, 25 de enero de 2014

Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre