Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: “QUÉ POCA FE”

El domingo pasado escuchamos el evangelio de Mateo que nos relató la multiplicación de los panes y de los peces. En este domingo en el capítulo 14,22-23 nos cuenta el episodio de la tempestad calmada. Pedro, su barca y los discípulos son sacudidos por las olas hasta el punto que casi se hunden.

La barca zarandeada por las olas encrespadas es un buen símbolo de la Iglesia, de las situaciones familiares, personales y de este mundo en que vivimos. La historia personal se repite como la historia nacional.

El evangelista da el detalle de que Jesús, terminada la larga jornada de la milagrosa multiplicación de los panes, se retira a orar, o sea, se entrega al diálogo con el Padre. Jesús pasó probablemente desde el atardecer hasta la madrugada en oración. ¡Que lección maravillosa para todos, pero especialmente para los pastores del pueblo de Dios!

Jesús oraba mientras los discípulos navegaban. Un rico simbolismo. ¿No les parece? Cristo en oración con el Padre en la eternidad, simbolizada por la orilla, la tierra firme. La Iglesia siempre expuesta a las olas del mar de la vida, símbolo de las vicisitudes de la historia.

A la madrugada, de las tres a las seis de la mañana, Cristo va al encuentro de los discípulos que se encuentran en un gran apuro, porque los vientos zarandeaban la barca. Al ver a Jesús en medio de la noche andar sobre las aguas, le toman por fantasma, hasta que Jesús les dice que es Él. Pedro pide a Jesús que le deje caminar también sobre las aguas, pero enseguida perdió la confianza por falta de fe y temió hundirse y es salvado por el mismo Jesús a quien le pidió que lo salvara.

Ya Pedro manifiesta una duda, le falta fe, cuando a las palabras de Jesús, “Yo soy” le pidió una señal: “Si eres tú deja que vaya sobre las aguas…” Le tendría que haber bastado la afirmación de Jesús. Por eso, aquella gran aventura no podía menos de terminar mal. Sin duda, que esto fue un escarmiento para Pedro. Así también, para nosotros hay una buena lección. La Iglesia, –los cristianos– no esta llamada a caminar sobre las aguas, sino a abrirse paso a través de los remos. No hay que buscar los milagros.

Los discípulos de Jesús no debemos estar en pos de milagros, debe bastarnos su palabra. Debiera bastarnos la Palabra de Dios que se nos proclama en las celebraciones de los sacramentos, especialmente en la Eucaristía. No debemos hacer basar la fe en un Cristo que llora, imágenes que nos hacen milagros. Debe bastarnos el gran signo de Dios Poderoso, Señor de la vida. Él ha resucitado después de muerto, Él es el gran Viviente.

Debemos saber descubrir a Dios en lo sencillo y ordinario de la vida diaria, del Dios que esta presente en lo de todos los días. Esto es también lo que aprendemos de la lectura primera de este domingo 1 Reyes 19, 9ª.11-13ª.

Dios está en la brisa mucho mas que en el viento huracanado. Porque Dios es Dios de paz y serenidad. Le encontramos en el sosiego, en la calma. Dios prefiere actuar humildemente como la brisa suave. Cristo calma la tormenta, aquieta las aguas, sosiega el viento. Devuelve la paz a los discípulos.

A la Iglesia se la ha comparado con “la barca de Pedro”. Nunca han faltado en ella las tempestades fuertes y sigue teniéndolas. La Iglesia está formada por todos los bautizados, llamados a ser santos, pero somos pecadores. Como a Pedro no nos queda sino orar con humildad y decirle, “Sálvanos, Señor, que perecemos”. Si oramos como hizo Jesús en la noche, tendríamos más seguridad y más eficacia.

Pedro aparece como representante de los cristianos que siguen a Cristo, que intentan confiar en el Señor, que sienten miedo ante el futuro. El Señor está siempre con nosotros, él puede darnos paz, seguridad. Él en esta hora, como hizo Juan Pablo II, nos invita, una vez más, “rema mar adentro”. A esto nos llama Aparecida y nuestro Plan Pastoral, que nos instan a ser discípulos misioneros.

Jesús Pérez Rodríguez O. F. M.
ARZOBISPO DE SUCRE