Análisis

Mons. Jesús Pérez: “La batalla de siempre”

Terminamos hoy la cincuentena pascual con la solemnidad de Pentecostés. En griego la palabra “Pentecostés” significa día quincuagésimo. Los judíos tenían asimilado el número cincuenta, pues para ellos es el símbolo de la plenitud. En esta oportunidad se celebraba la fiesta de la recolección y también de la Alianza que había hecho con Dios en el monte Sinaí. Para los cristianos es la venida del Espíritu Santo a los cincuenta días de la Resurrección. Es la culminación de la Pascua. Pascua, Ascensión y Pentecostés están íntimamente unidos.

Las lecturas de este domingo, nos ayudan a afianzarnos en el seguimiento de Jesús con la fuerza del Espíritu Santo. Jesús prometió al subir a los cielos enviar al Espíritu Santo, que es la plenitud y complemento de la Pascua. El libro de los Hechos es la historia de los primeros cristianos que fueron implantando el Reino de Cristo con el fuego del mismo Espíritu. Decía don Helder Cámara: ¿por qué dudan de que el Espíritu, siempre viviente, realice milagros, quizás mayores que los de los primeros siglos del cristianismo?

El Espíritu Santo que resucitó a Jesús, es el que vino sobre María y los Apóstoles que permanecían en oración, llenándolos de una fuerza y valentía sobrehumana para ser testigos de que Jesús es el Mesías y Salvador, es el Hijo de Dios y vino con el fin de salvar de la muerte. El libro de los Hechos nos narra el cambio radical que se dio en los Apóstoles y discípulos. Esta es la forma como actúa, llena por dentro de una novedad, llena del fuego del Espíritu y lanza hacia el anuncio del evangelio, nos hace testigos de Cristo en todas partes.

Conscientes de la presencia del Espíritu y de la necesidad de él, pedimos a Dios “no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación”. Hoy nuestra oración debe estar llena de acción de gracias porque en el bautismo y confirmación nos ha regalado el don del Espíritu Santo y sus dones.

Nuestra generación desde varias décadas ha redescubierto al Espíritu Santo y su actuación en la Iglesia y en el mundo. Hoy encontramos como dos fuerzas, el pentacolísmo en tantos grupos cristianos y católicos y el furor de ciertos grupos satánicos. Ambos espíritus se extienden por el mundo como fuerzas que intentan en hombres de buena voluntad que buscan el bien, que son solidarios, liberar a la persona humana y a aquellos egoístas que esclavizan a la personas, sobre todo viviendo en el pecado. Esta ha sido la batalla de siempre, luchar contra el mal y hacer el bien. De una manera u otra el cristiano que se siente discípulo de Cristo, está llamado a ser mensajero, testigo de Jesús, muerto y resucitado que, “pasó haciendo el bien”.

Hoy es un día para alegrarnos del Don del ESPÍRITU SANTO, la plenitud de la Pascua. Jesús nos enseñó a pedir al Padre el don del Espíritu, pero nuestras oraciones muchas veces se limitan a pedir salud, justicia, paz, libertad, perdón, éxito en nuestros objetivos… pero nos acordamos poco de pedir el Espíritu Santo, que es el mejor de los regalos que nos puede dar Dios y Jesucristo nuestro Redentor.

Si queremos cumplir los compromisos de bautizados y confirmados que nos exige Pentecostés es necesario volver a redescubrir el nuevo rostro del Espíritu. El Espíritu que es amor, fuego de amor, nos empuja a enfrentarnos a las actuaciones satánicas del egoísmo, del egoísmo humano que convierte nuestra sociedad en una feria de tiranías.” La inercia es el único pecado contra el Espíritu que no tendría perdón”(CH.von Keyserling).

El Espíritu Santo quiere liberar también hoy a toda persona de toda esclavitud y muerte, que es la gran razón por la que Cristo fue a la cruz. Jesús claramente dijo a las personas religiosas judías que “el que vive en el pecado es esclavo”. Por ello, estamos llamados a ser testigos de Jesús implantando una nueva civilización, la civilización del amor. Por ello, nos es muy necesario conocer mucho más quien es el Espíritu Santo. Para ello les invito a conocer los numerales del Catecismo de la Iglesia, el Catecismo que publicó san Juan Pablo II, que dedica al Espíritu Santo desde el 687 al 747.

Sucre, 24 de mayo de 2015

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre