Análisis

Mons. Jesús Pérez: “¿Cómo puede cambiar el mundo”

Si el domingo pasado, Jesús nos enseñaba que es parte esencial de la vida cristiana, o sea, del seguimiento de él, la “corrección fraterna” y veíamos cuán difícil es practicarla, hoy nos dice algo que no es menos difícil, el perdón de las ofensas. Es necesario saber perdonar. El perdón y la corrección fraterna al hermano que peca, son normas que Jesús nos ha dejado a sus seguidores. Estos dos temas están muy presentes en los evangelios y nos queda mucho camino para alcanzarlos.

El Evangelio de Mateo 18,21-38, que es proclamado este domingo en todas las celebraciones eucarísticas, ha reunido en este capítulo una serie de enseñanzas o consignas prácticas donde nos pide practicar el perdón sin restricciones. Pedro interviene con una pregunta: “¿tengo que perdonar hasta siete veces?” La costumbre de los judíos consideraba el número 7 como lo perfecto. Jesús le responde excelentemente con una parábola que sólo Mateo la cuenta. La parábola del funcionario que es perdonado y, a su vez, el perdonado que no es capaz de perdonar. Los diez mil talentos parecen una cantidad fabulosa, enorme. Mientras que los cien denarios una suma más asequible. Los entendidos dicen que ello equivaldría a unos sesenta millones de denarios. Como se ve claramente la diferencia es abismal. Y, por lo tanto, la lección de la parábola es mucho más expresiva. Eso y mucho más es la diferencia que hay entre lo que Dios nos ha perdonado y lo que nosotros debemos perdonar a nuestros hermanos.

El perdón no es cuestión de cantidad, sino de amor. Hay que saber perdonar sesenta veces siete, que equivale a “siempre”. Todo debe ser perdonado, Dios no lleva cuentas de números y contabilidad, todo es cuestión del cambio de mentalidad. Pedro fue objeto de unos de los gestos de perdón más famosos por parte de Jesús que lo rehabilitó ante los otros discípulos después de la Resurrección.

Todos tenemos muchas ocasiones en la vida familiar, comunitaria, relaciones sociales… de imitar o no a Dios. Para llegar a saber perdonar a los demás, es necesario sentir y vivir que Dios nos perdona sin retaceos. El motivo fundamental para perdonar es el que nos el Apóstol Pablo en su carta de Colosenses es: “sobrellévense mutuamente y perdónese, cuando alguien tenga quejas contra otro. El Señor les ha perdonado, hagan ustedes lo mismo”. Si viviéramos de esta manera, la situación mundial cambiaría, la paz y la concordia en las familias. Por ello, es necesario rectificar nuestra forma de vivir y de actuar. Al darnos la paz en la Eucaristía exige darla a todos los que nos han ofendido.

Sucre, 17 de septiembre de 2017

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Obispo emérito de Sucre