Mons. Robert Flock, Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, en su homilía del domingo 15 del tiempo ordinario, manifestó que Jesús pone de relieve la diferencia entre los indiferentes y los misericordiosos, presentados en la parábola del Buen Samaritano.
Refiriendose a los conflictos de los discapacitados en Bolivia con el reclamo de un bono de 500 bolivianos, llamó a la reflexión de saber ¿Quién ha sido prójimo para con ellos? y ¿Quiénes les han dado la espalda?; además de que hay que capacitar a los discapacitados para que puedan competir en el mercado laboral.
A continuación les presentamos el texto completo de la Homilía de Mons. Flock:
El Buen Samaritano, el verdadero prójimo
Queridos hermanos,
Hoy escuchamos la parábola del Buen Samaritano, que Jesús contó para volcar la perspectiva del fariseo. En lugar de limitar la definición de prójimo, para limitar el amor al prójimo, Jesús propone que sea prójimo al necesitado. Nos gusta esta parábola, porque el fariseo quiso poner Jesús a prueba, pero con su creatividad acertada, Jesús volcó la prueba al fariseo, y a todos nosotros, para que aprendamos al amor.
Jesús no ofrece ningún detalle sobre el hombre beneficiado. No dice si era rico o pobre, si era judío o extranjero, si era bueno o malo. Simplemente fue víctima de ladrones que “lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.” No se sabe si tenía méritos o vicios, sólo que necesitaba socorro ya que no podía salvar a sí mismo.
La parábola del Buen Samaritano es un invento de Jesús, pero el lujo de detalles, hace pensar que nos cuenta algo muy real. Sea un hecho de vida o un cuento no más, sabemos que semejantes situaciones suceden todos los días. A veces por accidente, a veces por ser víctima de alguna maldad, a veces por alguna condición o discapacidad. El contraste que pinta Jesús entre por un lado el sacerdote y el levita que se alejan, y por otro lado el samaritano que hace todo lo posible para ayudar al infortunado, pone de relieve la diferencia entre los indiferentes y los misericordiosos.
Hay por cierto vividores que se hace expertos en mendigar con engaños, personas que pueden trabajar y ganarse la vida, pero prefieren robar. Hay otros que tienen adicciones y problemas psicológicos que son muy difíciles de atender. Por eso nos toca organizar la solidaridad y contar con la colaboración de profesionales para encaminar la ayuda que podamos dar de manera efectiva.
El drama de los discapacitados en Bolivia con el reclamo para una mensualidad de 500 bolivianos, es una parábola en vivo y directo delante del mundo. ¿Quién ha sido prójimo para con ellos? ¿Quiénes les han dado la espalda?
Considerando los bonos que se dan a otros grupos: Juancito Pinto para escolares, Juana Azurduy, que beneficia a la madre y su niño, y la Renta Dignidad para ancianos, que según el gobierno se realiza en el marco de la política de redistribución de los ingresos a los sectores más vulnerables, parece justificado asegurar un sustento digno para los discapacitados.
Uno de los supuestos beneficios para favorecer a los discapacitados que ya existe por ley es la inamovilidad laboral; sin embargo, el efecto es asegurar el desempleo. ¿Quién puede emplear a una persona que no puede ser despedido al no cumplir su función? Actualmente las empresas temen contratar a cualquier, porque hay se decreta aumentos de sueldo y doble aguinaldo, pero nadie decreta aumento de ingresos o garantiza el éxito de la empresa. Por otro lado, ¿Quién va a trabajar honestamente cuando sabe que lo pueden tocar? Entonces, la política de redistribución de los ingresos a los sectores más vulnerables, necesita ser repensada. En lo posible, hay que capacitar a los discapacitados para que puedan competir en el mercado laboral, y cuando esto no es posible, el Estado debe asumir directamente su sustento digno, y no convertirlos en parásitos.
Cuando uno comprende la condición humana, se da cuenta que todos somos discapacitados, precisamente porque no somos capaces de amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a sí mismo. Nuestra capacidad es reducida a causa del pecado original, y se reduce aún más con cada pecado personal. Sin este defecto, no existiría la indiferencia de sacerdotes y levitas, ni gobernantes y ciudadanos. Nadie sería dejado a su suerte en la intemperie de la vida, como es el caso de los discapacitados y tantos otros.
En la primera lectura hoy escuchamos una promesa: “El Señor, tu Dios, te dará abundante prosperidad en todas tus empresas. … Todo esto te sucederá porque habrás escuchado la voz del Señor, tu Dios, y observado sus mandamientos y sus leyes, que están escritas en este libro de la Ley, después de haberte convertido al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.”
Parece que el remedio es sencillo: Convertirse al Señor. Pero, cada uno de nosotros sabemos que la conversión no es tan fácil. Es como curarse a sí mismo de una retardación mental, o de la drogodependencia. Son condiciones permanentes en la vida que requiere de ayuda permanente. En nuestro lenguaje cristiano, esta ayuda se llama “gracia”. Y la palabra “gracia”, significa un favor, algo que se da y se recibe gratis.
El primer favor que nos hace Dios es perdonar nuestra condición de pecador discapacitado. No evalúa nuestros méritos para la salvación. Envía a Jesús como Buen Samaritano para socorrer nuestra necesidad de atención. En segundo lugar, Jesús se enfrenta con este ladrón que nos ha dejado medio muertos en el camino; con su muerte y resurrección, Satanás queda desarmado e impotente. ¿Qué puede hacer si Dios perdona la cruz de su Hijo único? Finalmente, Jesús sigue acompañándonos en el camino de la vida; está a nuestro lado con su palabra, con la Eucaristía y los demás sacramentos, con los santos que nos dan ejemplo y ayuda.
¿Quién fue y es prójimo? Jesucristo. Acerquémonos a Él. Sigamos a Él.


