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Centellas, Arzobispo Metropolitano: Así fue la imposición del palio arzobispal

Ceremonia de Imposición del Palio Arzobispal a Monseñor Ricardo Ernesto Centellas Guzmán, fue llevada a cabo en el día de la Inmaculada Concepción de María, patrona de la Arquidiócesis de Sucre y presidida por Mons. Angelo Accattino,  Nuncio apostólico en Bolivia, además acompañaron Obispos,  el presbiterio de Sucre, la comunidad de religiosas y autoridades en el Templo San Felipe Neri.

Entre los ritos litúrgicos, se realizo  a la bendición del altar y el sagrario.

Asistamos a este rito con la máxima atención y pidamos a Dios que mire con agrado la oblación de la Iglesia, que será colocada encima de este altar, y que haga de su pueblo una ofrenda permanente para gloria suya.

Señor, Padre santo, que has dado a los hombres el verdadero Pan del cielo, dígnate bendecirnos a nosotros y a este sagrario, destinado a la reserva del Sacramento del Cuerpo y Sangre de tu Hijo, y haz, con esta bendición, que, al adorar a Cristo aquí presente

Posteriormente, el Nuncio Apostólico, explicó el sentido del rito de la entrega del palio a los Arzobispo Metropolitanos y la  profesión de fe el juramento por  Mons. Ricardo Centellas.

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Los metropolitanos son obispos que presiden una provincia eclesiástica y desarrollan funciones de vigilancia y de suplencia sobre los demás obispos de la provincia, llamados “sufragáneos”, del sufragio o voto al cual ellos tienen derecho en el Concilio provincial.
Con la Imposición del Palio Arzobispal, Monseñor Ricardo Centellas, Arzobispo de sucre y presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana es Arzobispo Metropolitano de la zona sur de Bolivia, mismo que comprende  la Arquidiócesis de Sucre,  la Diócesis de Potosí y  la Diócesis de Tarija.

Profesión de fe

Yo, Ricardo Ernesto Centellas Guzmán., Arzobispo Metropolitano de Sucre, creo con fe firme y profeso todas y cada una de las verdades contenidas en el Símbolo de la Fe, a saber:  Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra, de todo lo visible y lo invisible. 

Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho;  que, por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado; y resucitó al tercer día, según las Escrituras; y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos  y la vida del mundo futuro. Amén. 

Creo también, con fe firme,  todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición,  y que la Iglesia propone para ser creído,  como divinamente revelado, mediante un juicio solemne  o mediante el Magisterio ordinario y universal. 

Acepto y sostengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas por la Iglesia de modo definitivo.   

Acepto, además, con religioso obsequio  de mente y voluntad toda doctrina enunciada  por el Romano Pontífice y por el Colegio de los Obispos en el ejercicio del Magisterio auténtico, aunque no se propongan proclamarla  con cláusula definitiva. 

Juramento de fidelidad

Yo, Ricardo Ernesto Centellas Guzmán, Arzobispo de la Arquidiócesis de Sucre, seré siempre fiel a la Iglesia Católica y a su Pastor supremo, el Romano Pontífice, su Vicario de Cristo, sucesor del Apóstol San Pedro en el primado y cabeza del colegio de los Obispos.  

Acataré con devoción la potestad primada ejercida libremente por el Sumo Pontífice en toda la Iglesia, y me esforzaré en promover y defender sus derechos y autoridad.

Reconoceré, asimismo, y respetaré las prerrogativas y funciones de los Legados Pontificios que actúan en nombre del supremo pastor. 

Pondré sumo empeño en ejercer las funciones apostólicas confiadas a los Obispos: enseñar, santificar y gobernar al pueblo de Dios, en comunión jerárquica con la cabeza y miembros del colegio episcopal. 

Defenderé la unidad de la Iglesia universal y pondré toda diligencia para que se conserve puro e íntegro el depósito de fe transmitido por los Apóstoles, y para que se transmitan y enseñen a todos las verdades de fe y de costumbres que se han de profesar y practicar, tal como las propone el magisterio de la Iglesia.

Y me abriré con ánimo paterno a los errantes en la fe, haciendo todo esfuerzo para que alcancen la plenitud de la verdad católica. 

Contemplando la imagen de Cristo, sumo y eterno sacerdote, daré testimonio de vida piadosa y santa, y ejerceré el ministerio que se me ha confiado, de modo que, siendo interiormente modelo de la grey, logre confirmar a los fieles en la perfección cristiana requerida. 

Promoveré la disciplina común de toda la Iglesia y la observancia de todas las leyes eclesiásticas, en primer lugar, de las contenidas en el Código de Derecho Canónico, y velaré siempre con solícita atención para que no surjan abusos principalmente en cuanto al ministerio de la palabra y a la administración de los sacramentos. 

Procuraré administrar con diligencia los bienes temporales de la Iglesia, sobre todo los destinados al ejercicio del culto divino, al honesto sustento del clero y demás ministros, así como al apostolado y a las obras de caridad. 

En el ejercicio del ministerio que se me ha confiado atenderé con especial predilección a todos los Presbíteros y Diáconos, solícitos cooperadores del orden episcopal, así como a los Religiosos y Religiosas que participan de su misma y única misión.

Y promoveré con la máxima solicitud las vocaciones consagradas para que puedan ser atendidas convenientemente las necesidades espirituales en toda la Iglesia. 

Reconociendo la dignidad de los Laicos, promoveré su participación específica en la misión de la Iglesia. Dedicaré especial solicitud a las obras misioneras para impulsar la evangelización de los pueblos.   Asistiré personalmente o daré oportuna respuesta a los Concilios y demás legítimas reuniones colegiales a las que sea convocado, a no ser que esté impedido. 

Daré cuenta de mi oficio pastoral a la Sede Apostólica en el tiempo establecido o en ocasión oportuna; y acogeré con deferencia y actuaré con suma diligencia sus mandatos y recomendaciones. 

Con la ayuda de Dios y de estos santos evangelios de Dios que toco con mis manos.

Oración de Imposición de Palio

Para gloria de Dios omnipotente, y para alabanza de la Bienaventurada siempre Virgen María y de los Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo, en nombre del Romano Pontífice, el Papa Francisco, y de la Santa Iglesia Romana, para honor de la Sede de Sucre, a ti confiada, en señal de la potestad arzobispal, te entregamos el palio tomado del sepulcro del bienaventurado Pedro, para que lo lleves dentro de los confines de tu provincia eclesiástica.

Sea para ti este palio símbolo de unidad y señal de comunión con la Sede Apostólica. Sea vínculo de caridad y aliciente de fortaleza, para que el día de la venida y revelación del gran Dios, y Cabeza de los Pastores, Jesucristo, poseas con las ovejas a ti confiadas, el vestido de la inmortalidad y de la gloria.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

T. Amén

HOMILÍA MONS. RICARDO CENTELLAS, CEREMONIA DE IMPOSICIÓN DEL PALIO ARZOBISPAL

Hoy estamos de fiesta es un espacio para alegrarnos en el nombre de Dios para alegrarnos y  celebrar la solemnidad de la inmaculada Concepción, en el centro del altar demos la inmaculada, patrona de la Arquidiócesis de Sucre y al celebrar esta solemnidad de la inmaculada Concepción escuchamos este relato de Lucas, un diálogo entre el Ángel Mensajero de Dios y la Virgen en este diálogo, hay tantas enseñanzas que quisiera que por un momento nos detengamos en la última frase de la Virgen María, “Yo soy la servidora del Señor que se haga en mí, según tu palabra”, cuántas veces hemos meditado esta frase es la identidad de la Virgen María y al mismo tiempo su misión su compromiso, yo soy la servidora del Señor es la expresión de un abandono total de la Virgen María al plan salvífico de Dios que es ponerse al servicio de lo que es Dios, al servicio del amor, al servicio de la justicia, al servicio de la verdad y la libertad, yo soy la esclava del Señor, yo soy la servidora del Señor, es una enseñanza magnifica para nuestra vida cristiana, intentemos profundizar esta expresión que nace del interior del corazón de la Virgen María yo soy la servidora del señor implica la proclamación de ser un acto de ofrenda de parte de la Virgen María y creo que a cada uno de nosotros nos invita hacer ofrenda ante Dios, ofrecer nuestras vidas a la causa de Dios a lo que Dios quiere para la humanidad, una humanidad llena de fraternidad y de paz, una humanidad que profundiza cada día su solidaridad con el más necesitado, ofrecer la vida para el bien común es lo más profundo que una persona puede realizar, esto nos enseña la Virgen María, “Yo soy la servidora del Señor” es un acto de obediencia pero una obediencia a este Dios de la vida no obediencia a la promoción, a la protección del cuidado de la vida.

Tanto nos hace falta en este mundo trabajar por la vida, por la integridad de la vida, obedecer los principios humanos y cristianos, los principios éticos y Morales, obedecer nuestros compromisos cristianos requiere una espiritualidad, es tan fácil y tan tentador llevar adelante nuestras aspiraciones nuestras inquietudes, nuestros intereses, es humano pero no siempre responde a lo que más necesita nuestro mundo y nuestra iglesia.

Al celebrar esta solemnidad de la Inmaculada Concepción, renovemos el compromiso de obedecer a Dios, de obedecer nuestros compromisos, de responden a la causa del reino, a la causa de Jesús, finalmente esta frase:  “Yo soy la servidora del Señor” es un acto de comunión profunda, de comunión íntima de una comunión tan personal de la virgen con Dios, ponerse al Servicio del plan salvífico de Dios, qué quiere en todo momento el bien de las personas, especialmente de los más necesitados como lo hizo Jesús, trabajó incansablemente en tantas cosas pero con una orientación clara, trabajar por los más pobres, trabajar por los vulnerables olvidándose de uno, esto es lo que nos recuerda y nos enseña la Virgen María, por eso el Señor la preservo inmaculada, por eso la preservo del pecado, para que su entrega, para que su decisión, para que este compromiso sea de toda la vida, no es ocasional no es circunstancial.

Que el Señor los bendiga, que nos conceda su espíritu para que renovemos esta experiencia a ejemplo, al estilo de la Virgen María, jovencita pero que es capaz de ver con Claridad, Qué es lo que tiene que hacer en la vida, cómo va a profundizar su condición humana y su condición de discípula misionera, que el Señor nos bendiga y nos renueva todos. Amen

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