En su homilía, el Obispo Auxiliar de Santa Cruz hablo del bautismo de Jesús y dijo que el bautismo de Jesús es espíritu de vida, de verdad, de amor y conversión por lo que llamó a todos los bautizados a defender la vida y a no callar frente al a muerte; así mismo fue contundente exhortando a no claudicar frente a la mentira ni a dejarse llevar por el engaño y la maldad.
La eucaristía fue presidida por Mons. Giovanni Tonucci Ex Nuncio Apostólico en Bolivia que estuvo estos días por el país, entre otras cosas, para visitar la tumba del Cardenal Julio Terrazas.
“Por eso ser bautizado es acoger la vida y defender la vida en todas sus manifestaciones, allá donde se descubre la muerte el cristiano no puede callar, no sólo hablar sino defender la vida con todas sus fuerzas. Hoy estamos siendo espectadores de un desprecio de la vida, miles de niños son privados de nacer cada día por el egoísmo de la humanidad. Millones de niños deambulan por las calles muriendo de hambre ante la insensibilidad del derroche de unos cuantos. Las guerras fratricidas, entre pueblos hermanos están siendo el escándalo de nuestro siglo por la intolerancia y el fanatismo de los grupos sectarios. Y la pregunta que nos hacemos ¿Qué estamos haciendo como cristianos para que estos acontecimientos no provoquen más violencia en nuestro mundo?
Así mismo llamo a no claudicar frente a la mentira “El bautismo de Jesús- dijo Sáez- es “Espíritu de verdad”, por tanto no podemos claudicar ni dejarnos llevar por la mentira, la corrupción, por callar cuando vemos tantas injusticias, por la corriente de lo más fácil y no comprometernos ante la maldad. Ante tanto engaño no es posible aceptar, no sólo verdades a medias, sino falsedades que rompen todas las normas de la convivencia social y de los derechos de las personas.
Estos días se habla mucho en la prensa del “cartel de la mentira” y uno se pregunta, ¿quiénes son realmente los mentirosos? Mentiroso es aquel que oculta la verdad y se sirve de la inocencia de los sencillos para imponer “su verdad”. Son aquellos que no quieren reconocer la verdad que dice el pueblo. Jesús nos dice: “Yo soy la luz del mundo y el que me sigue no anda en tinieblas”, el Profeta Isaías nos dice hoy “Yo te destino a ser luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra”.
Finalmente el Obispo Auxiliar dijo dijo que “No puede haber salvación si no hay luz, si no hay verdad, y si no hay transparencia. El bautismo de Jesús es “Espíritu de amor y conversión” el amor transforma, cambia y renueva la vida y regenera todas las cosas, pero sobre todo el amor nos libera de las cobardías y del egoísmo, porque amar es entregarse en totalidad y descubrir la solidaridad con quienes sufren, es sensibilidad por el dolor del hermano. Dejarnos bautizar por Jesús es abrirnos al amor gratuito, generoso y compasivo y a la vez dejarnos transformar por sus criterios, actitudes y estilo de vida”.
HOMILÍA DE MONSEÑOR BRAULIO SÁEZ, OBISPO AUXILIAR DE SANTA CRUZ.
DOMINGO 15 DE ENERO DE 2016. BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR.
DOMINGO II – TIEMPO ORDINARIO
El domingo pasado celebrábamos la Fiesta del Bautismo del Señor. Jesús es presentado por el Padre: “apenas Jesús salió del agua se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. Al celebrar el Bautismo de Jesús recordábamos nuestro bautismo y sabemos que por su fuerza se nos dio la capacidad de incorporarnos a la familia de Dios que es la Iglesia y descubríamos nuestra propia vocación: ser hijos de Dios en Cristo.
Desde ese momento se abre para todo bautizado un camino que nos convierte en testigos de la fraternidad, la solidaridad, la justicia y la paz para construir el Reino de Dios en medio del mundo. A partir de esa gran verdad, la Palabra que acabamos de proclamar, nos invitan a vivir nuestra fe de una manera nueva, con mayor exigencia.
Apoyados por la experiencia de Jesús, la Palabra nos empuja a ser signos de Jesucristo en medio de nuestro mundo. Juan en el Evangelio nos dirá: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo…ése es el que bautiza en el Espíritu Santo….y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios”. Pablo en la segunda lectura nos habla de nuestra vocación, no es un saludo ritual, es la constatación de nuestra vocación: “a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos”, el cristiano no puede quedarse satisfecho con un estilo de vida cualquiera, mediocre, está llamado a la santidad, a vivir la radicalidad del Evangelio.
El profeta Isaías nos dice el cómo debemos vivir esa vocación: “Yo te destino a ser luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra”. Mis queridos hermanos, después de escuchar estas palabras no podemos quedarnos tranquilos viviendo una vida cómoda, indiferente y sin complicaciones. Jesús es “el Cordero del mundo que quita el pecado del mundo”, pero sabemos que para ello tuvo que sacrificarse e inmolarse en la cruz.
Jesús inaugura un nuevo modo de vivir la fe, Juan bautiza con agua, Jesús bautiza con Espíritu, Juan sabe que su bautismo con agua no puede cambiar el corazón del ser humano. El corazón se cambia y se hace nuevo cuando tiene un encuentro personal con Jesús, fruto del Espíritu. Por eso, un corazón que no está enamorado de Jesús no convence a nadie. El bautismo de Jesús no es un baño externo, algo superficial por cumplir, un rito más. Jesús no va al desierto como iban tantos otros para que les viera la gente, tampoco porque tuviera pecado o algo de qué arrepentirse, Jesús va al desierto a ser bautizado por Juan para asegurarnos que se siente uno como nosotros pero que viene a salvar al hombre en toda su integridad. El Bautismo de Jesús es algo interior, que penetra el corazón y transforma la persona humana. Es, dice el Evangelio: “Espíritu y vida”. Ante tantos signos de muerte que se dan en nuestro mundo y tanta corrupción, el cristiano no puede ser indiferente.
Por eso ser bautizado es acoger la vida y defender la vida en todas sus manifestaciones, allá donde se descubre la muerte el cristiano no puede callar, no sólo hablar sino defender la vida con todas sus fuerzas. Hoy estamos siendo espectadores de un desprecio de la vida, miles de niños son privados de nacer cada día por el egoísmo de la humanidad. Millones de niños deambulan por las calles muriendo de hambre ante la insensibilidad del derroche de unos cuantos. Las guerras fratricidas, entre pueblos hermanos están siendo el escándalo de nuestro siglo por la intolerancia y el fanatismo de los grupos sectarios. Y la pregunta que nos hacemos ¿Qué estamos haciendo como cristianos para que estos acontecimientos no provoquen más violencia en nuestro mundo?


