Sucre

Mons. Bittschi: “El Reino de Dios se parece al grano de la mostaza”

Mons. Bisttschi en Domingo 11 TO.

13 de junio 2021 / 11mo. Domingo B durante el año / Proclamamos el Evangelio según San Marcos 4, 26 – 34 / Gloria a ti Señor.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor, Jesús.

EL REINO DE DIOS SE PARECE AL GRANO DE LA MOSTAZA… ES LA SEMILLA MÁS PEQUEÑA… QUE SE HACE MÁS ALTA

Queridos hermanos en Cristo, las tres lecturas de este domingo nos ofrecen una enseñanza de Cristo que tiene que ver con la confianza en Dios que nos dará el coraje para enfrentar todas las dificultades de nuestra vida, y no solo del covid-19. Por eso hay que dar GRACIAS al Señor. La primera lectura del profeta EZEQUIEL, habla de un futuro crecimiento extraordinario del resto de Israel, humillado y reducido. SAN PABLO, en la segunda lectura de la 2ª Carta a los Corintios, se declara lleno de confianza, y procede así en su empeño de ser grato a Dios a pesar de sus sufrimientos.

En el Evangelio nos dice el Señor que el Reino de Dios es una fuerza que avanza a través de cualquier dificultad y circunstancia; tiene dentro de sí una dinámica imposible de detener. Con parábolas nos explica acerca de Dios que reina y lo que hace. Llama la atención que esta vez no depende de la calidad de la tierra ni de la persona del sembrador – como en las otras parábolas -, sino es la semilla con su propio dinamismo y potencial de vida y crecimiento. La semilla que Dios Padre como sembrador ha esparcido en este mundo es Jesucristo y la fuerza transformadora de la Palabra y la acción del Espíritu Santo.

La gran prueba. El profeta Ezequiel habla de la situación tan penosa por la que el pueblo de Israel está pasando: el exilio en Babilonia. Esta gran prueba presenta una amenaza para la confianza en Dios y la esperanza de un cambio. La profecía que acabamos de escuchar quiere infundir nueva vida, ánimo y motivación para seguir adelante con Dios que no se olvidó de su pueblo. El profeta presenta a Dios como jardinero que arrancará “una rama del alto cedro” como esqueje para plantarlo en “la montaña más alta de Israel… y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma… Y todos los árboles silvestres sabrán que YO SOY EL SEÑOR… lo he dicho y lo haré”. Con esta alegoría, el profeta desea consolar y fortalecer a los desterrados compatriotas suyos. Es la esperanza de un reino mesiánico, cuyos inicios son tan frágiles como un tierno esqueje pero el Señor lo convertirá en un gran cedro noble, a donde acudirán las aves del cielo para buscar abrigo.

Una semilla pequeña y viva dejó Jesús mismo con el grupo de los Doce en el momento cuando el Imperio Romano estaba en la cúspide de su poder. Con unas parábolas, Jesús quiere mostrar el contraste entre humildes comienzos y la grandeza final. La realidad de los primeros cristianos era muy adversa. Sus comunidades eran pequeñas, esparcidas y perseguidas. Las parábolas responden a los impacientes que dudan de la venida del Reino; encierran el “misterio del Reino”: el modo de ser Dios y su manera de actuar.

Desde el Antiguo Testamento existe la promesa de la venida del Reino de Dios alimentada por la predicación de los profetas. Jesús vino a anunciar y a instaurar el Reino de Dios, el Reino de amor y de justicia, de paz y santidad. Por eso un tema central del Padre Nuestro es el Reino de Dios con dos pedidos: “Venga a nosotros tu Reino” y en seguida “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” porque este es el camino para la venida del Reino, cumplir la voluntad de Dios. Acabamos de celebrar la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. En su corazón reinaba siempre Dios por eso nos dio la mayor prueba de amor que se puede dar al entregar su vida en la Cruz por amor a nosotros. Este mensaje de amor y de vida del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo nadie lo puede parar; siempre seguirá adelante aunque con los tropiezos humanos. El Reino de Dios crece en los corazones sin que lo advirtamos. Este es el resumen del domingo.

SAN ANTONIO es un ejemplo de la fuerza del Evangelio en su época. Él nació 1195 en Lisboa, capital de Portugal, frente a la catedral donde fue bautizado con nombre de Fernando. Hijo de familia noble deja con 15 años sus riquezas para entrar al convento de San Agustín. Cuando diez años más tarde, hicieron pasar los restos de cinco frailes franciscanos, mártires en Marruecos, en Fernando despertó el deseo de ofrecer su vida por Cristo como misionero. Cambió de la Orden y logró ser destinado para África pero el barco fue llevado por una tempestad hasta Italia. Allá servía a los hermanos, oraba mucho y estudiaba la Biblia. Un día le tocó predicar y todos quedaban conmovidos. Lo llevaron ante el Papa Gregorio IX que decía después de escucharle “Antonio es el arca del Antiguo y Nuevo Testamento”. Destinado para predicar en Italia y Francia sanaba y convertía muchos. Entre ellos uno que era jefe de secta por 30años. Predicó fuerte contra los usureros- haría falta que predique en Sucre- y consiguió la ley que quien se ha prestado responde con sus cosas pero ya no con su vida vendido como esclavo. San Antonio es el Santo de tantos milagros hasta que en su fiesta vienen budistas, hinduistas y musulmanes a Padua porque no tiene los taumaturgos como nosotros en la Iglesia Católica. Predicó con fuerza porque estaba empapado de la Sagrada Escritura y vivía lo que predicaba. En una ciudad no lo querían escuchar; Antonio se fue a la orilla del mar para predicar a los peces que se juntaron y sacando sus cabezas entendieron su prédica. Les decía: vivan agradecidos a su Creador que les ha dado la vida, la libertad y no les hace faltar la comida. La lengua de San Antonio se guarda incorrupta.

El Papa Francisco declaró este año un AÑO SANTO en honor a SAN JOSÉ, y un AÑO SANTO de la FAMÍLIA. En este mes de junio invita a orar por la belleza del matrimonio y por los que se preparan al matrimonio con el apoyo de la comunidad cristiana: para que crezcan en el amor, con generosidad, fidelidad y paciencia. Nos unimos al pedido del Papa y regalamos a la Madre cada día un ramo de rosas al rezar en todas nuestras intenciones el SANTO ROSARIO. Oremos al final: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita”. El Evangelio es alegría. ¡Anúncialo! Y la Bendición de Dios: del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y sus familias.

Mons. Adolfo Bittschi / Obispo Auxiliar de Sucre

Obispo responsable de Misiones CEB

 

[Fuente: boliviamisionera.com]