Análisis

Miguel Manzanera SJ.: Visitación de la Virgen María a Isabel

El 31 de mayo la Iglesia Católica celebra la fiesta de la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel, tal como se narra en el Evangelio de Lucas (1,39-56). La fiesta de la Visitación, instituida por el Papa Urbano VI en 1389, era ya celebrada por la orden franciscana desde 1263 el 2 de julio. Recordemos también que el embarazo de la María se conmemora durante una semana como la Virgen de la Dulce Espera a partir del 18 de diciembre anterior a la Navidad.

Anteriormente la visita de María a su pariente Isabel, la madre del precursor, Juan Bautista, era celebrada el 24 de junio. Pero luego se colocó el 31 de mayo al finalizar el mes mariano. En esa fecha se celebraba anteriormente la fiesta de María Reina, instituida por Pío XII, pero luego ha sido desplazada al 22 de agosto, una semana después de la Asunción de María a los cielos, donde ella reina junto con Jesús, Rey del Universo.

Recordemos los hechos descritos en el Evangelio (Lucas 1,46-55). El Ángel Gabriel anunció a María en Nazaret, Galilea, que iba a ser la Madre del Hijo de Dios. María quedó sobresaltada ya que ella había ofrecido a Dios el voto de castidad como renuncia a tener hijos como ofrenda por los pecados del pueblo. Pero el ángel le explicó que ella seguiría siendo virgen, pero el Hijo del Altísimo se encarnaría en su seno por obra de la Divina Rúaj (Espíritu). Como señal de su veracidad el Ángel le añadió a María que su prima Isabel, ya anciana, esperaba un hijo.

María se puso inmediatamente en camino para visitar a su pariente en la montaña de Ain Karim a 6 km. de Jerusalén, para atenderla en su embarazo y parto. Lucas refiere el encuentro entre estas dos santas mujeres encintas, Isabel con Juan, que se llamará el Bautista, y María con el Hijo de Dios en su seno. Isabel refiere que su  niñito Juan saltó de alegría. Isabel felicitó a María por haber creído en el anuncio del Ángel de que iba a ser la Madre del Hijo de Dios que recibirá el nombre de Jesús o sea “Yahvé salva”.

María recita el cántico de alabanza, agradeciendo a Dios por haberla elegido a ella, humilde esclava para ser la Madre del Salvador que viene para dispersar a los ricos soberbios y llenar de alegría a los humildes.  Este cántico, conocido como el Magnificat lo recita la Iglesia Católica cada día en la oración de las Vísperas.

Las iglesias orientales ya desde el siglo XIII celebran el mes de agosto como mes mariano en el rito bizantino alrededor de la fiesta de la dormición de María (Asunción), el 15 de agosto. Los anteriores 14 días de agosto, ayunan como una pequeña cuaresma, mientras que los días siguientes hasta el 23 de agosto prolongan la fiesta. De esa manera se celebra con gran afluencia de fieles la preparación a la Navidad  en diciembre.

En la Iglesia Católica la Virgen María es celebrada en mayo, el mes de las flores, la primavera. El rey Alfonso X, el Sabio, de Castilla y Aragón (+1284) fue el primero en celebrar a la Virgen María en una de sus Cantigas (Cantares) en el mes de mayo, promoviendo la devoción a María para coronarla dignamente y santificarla con gozo.

En Roma el gran promotor de la devoción mariana fue San Felipe Neri (+1596). En el mes de mayo invitaba a obsequiar a la Virgen con flores, cantar alabanzas en su honor y realizar actos de virtud y de mortificación. Recordamos también a los últimos Papas, grandes devotos de esta fiesta de la visitación de María.

San Juan Pablo II el 2 de octubre de 1986 señaló cómo “la dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús”. ”Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente”.

El Papa Emérito, Benedicto XVI, el 31 de mayo del 2011 dijo: “Al meditar hoy la Visitación de María, reflexionamos precisamente sobre esta valentía de la fe. Aquella a quien acoge Isabel en su casa es la Virgen que ‘creyó’ al anuncio del ángel y respondió con fe aceptando con valentía el proyecto de Dios para su vida y acogiendo de esta forma en sí misma la Palabra eterna del Altísimo”.

Francisco, el actual Papa el 31 de mayo del 2013 subrayó que María “afronta el camino de su vida, con gran realismo, humanidad, concreción”: “Tres palabras sintetizan la actitud de María: escucha, decisión y acción; palabras que indican un camino también para nosotros frente a lo que nos pide el Señor en la vida”.