Análisis

Miguel Manzanera SJ.: Año de San José

En la fiesta de la Inmaculada, el 8 de diciembre de 2020, el Papa Francisco ha inaugurado el «Año de San José». Lo  ha hecho en su Carta Apostólica “Patris Corde” (En el corazón del Padre), con motivo del 150 aniversario de la declaración del Papa Pío IX en 1870 reconociendo a San José como “Patrono de la Iglesia Universal”. En 1989 el Papa Juan Pablo II publicó la Exhortación apostólica “Custodio del Redentor”.

Ahora el Papa Francisco, gran devoto de San José, ha querido compartir unas breves reflexiones personales sobre esta persona extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana frágil, puesta de manifiesto en este tiempo de pandemia.

Francisco pretende que todos los fieles, siguiendo el ejemplo de San José, fortalezcamos cotidianamente nuestra vida de fe  y cumplamos la voluntad de Dios. Para ello en este año josefino el Papa ha concedido poder ganar indulgencias plenarias con los requisitos prescritos.

El Papa afirma que los evangelios de Mateo y Lucas no ofrecen muchos datos sobre San José, pero son suficientes para venerar a José como el padre ejemplar de Jesús según la misión que el mismo Dios Padre le confió. Por ello ningún otro santo, después de su esposa María, Madre de Jesús, ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio.

José en su presencia diaria, discreta y oculta no sólo contribuyó a que la Sagrada Familia cumpliese la misión encargada por Dios, sino que también sus devotos tengamos en San José un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. Él mismo nos recuerda que muchos cristianos, aparentemente ocultos o en segunda línea, estamos llamados a ejercer un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos el Papa envía una palabra de reconocimiento y de gratitud y ha redactado esta Carta profundizando en siete aspectos concretos sobre la paternidad de San José.

  1. Padre amado. San José manifestó concretamente la paternidad que Dios le concedió respecto de Jesús, haciendo de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión de la Redención. Utilizó la autoridad que le correspondía en la Sagrada Familia, como un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo. Su vocación humana de amor conyugal en la oblación sobrehumana de sí mismo, en el amor puesto al servicio de Jesús con todo su corazón y toda capacidad.

Por eso San José es también el padre amado de todo el pueblo cristiano por su papel en la historia de la salvación. De hecho la devoción a José es prácticamente universal. Numerosas parroquias y santuarios se han consagrado a su patrocinio. Igualmente son muchas las congregaciones religiosas, hermandades y comunidades que se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre. Muchas personas santas le han venerado con devoción. Entre ellas sobresale Teresa de Ávila quien llevaba siempre su imagen y le proclamaba como su abogado e intercesor por todas las gracias que le concedía diariamente.

  1. Padre tierno. Jesús, sobre todo de niño, vivió en José la ternura de Dios Padre. José cumplió la voluntad de Dios en propia vida soportando angustias. A través de ellas José nos enseña que la fe en Dios incluye también la aceptación de que Él puede actuar en nosotros siempre, incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades y debilidades. En medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de cederle el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia.
  2. Padre obediente. Así como Dios hizo con María cuando le manifestó su plan de salvación, también a José le reveló sus designios y lo hizo a través de sueños. En un primer sueño José sufrió ante la angustia al conocer el embarazo de María, incomprensible para él. Poco después en otro sueño José sintió que tenía que huir a Egipto, llevando a María y a Jesús, para salvar al niño de la crueldad de Herodes.

El Papa subraya que en cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, aceptando la voluntad de Dios, al igual que lo hicieron María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní. José en su papel de cabeza de familia enseñó a Jesús a obedecer a sus padres, según el mandamiento de Dios.

Bajo la guía de José, Jesús en Nazaret aprendió a cumplir la voluntad del Padre. Incluso en el momento más difícil de su vida, en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia. Se hizo ‘obediente hasta la muerte  y muerte de cruz’ (Filipenses 2,8).

  1. Padre acogedor. José acogió a María sin exigir condiciones previas. Confió en las palabras del ángel y supeditó la ley de Moisés a la caridad. Hoy en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se nos presenta como el modelo de varón respetuoso, que, aun sin tener toda la información, se decide por asegurar la fama, la dignidad y la vida de María, incluso marchándose ocultamente. Pero en su duda sobre cómo hacer lo mejor, Dios iluminó su decisión de aceptar a María como esposa fiel.

La vida espiritual de José nos muestra una vía que acoge y perdona. Sólo a partir de esta acogida y de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo. Aquí parecen encontrar eco las ardientes palabras de Job que, ante la insinuación de su esposa a rebelarse contra todo el mal que le sucedía, respondió: “Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?” (Job 2,10).

José no es un simple hombre que se resigna pasivamente, sino un protagonista valiente y fuerte con la virtud de la fortaleza que la Rúaj Divina (Espíritu) nos regala y nos da la energía para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia. (Proseguirá).