InicioArchivoMENSAJE DEL MONSEÑOR ANTONIO BONIFACIO REIMANN

MENSAJE DEL MONSEÑOR ANTONIO BONIFACIO REIMANN

  1. “𝐅𝐞𝐥𝐢𝐜𝐞𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐚𝐥 𝐛𝐚𝐧𝐪𝐮𝐞𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐂𝐨𝐫𝐝𝐞𝐫𝐨” (𝐀𝐩 𝟏𝟗,𝟗).

    “Aleluya, ya reina el Señor”

    𝐐𝐮𝐞𝐫𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐀𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬 𝐲 𝐀𝐦𝐢𝐠𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬

    Quiero comenzar este prólogo, recordando un hecho que quizás nunca se borrará de mi mente, y se refiere al accidente que sufrí en las vísperas de la fiesta patronal de Santa Clara. Aprovecho para agradecer a Dios, por salir ileso, aunque todavía siento “molestias” en la espalda; agradezco, también, a los sacerdotes, y al personal médico de La Asunta, que acudieron a socorrerme y me llevaron a la Clínica Peñaranda en San Julián, para sacar una radiografía.

    ¿Por qué lo menciono en el Prólogo que nos introduce al mes de la Biblia?
    Las causas de este hecho son varias, comenzando por la negligencia de no retirar el montón de tierra de la carretera después de haber suspendido el bloqueo, y tal vez no utilizar adecuadamente la luz de los focos del auto. Sabemos, que cada uno de los faroles contiene dos focos: luz corta, y luz larga. La luz corta nos quiere ayudar a ver con claridad lo que está a nuestro alcance; mientras la luz larga alumbra lejos el camino.

    𝐋𝐚 𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐧𝐨𝐬 𝐢𝐥𝐮𝐦𝐢𝐧𝐚

    La Palabra de Dios tiene esta finalidad: ayudarnos a ver nuestros pasos, nuestro comportamientos y hábitos a la luz de la fe (cfr. Sal 119), para no caminar en la oscuridad, y vivir en la verdad (cfr. 1Jn 1,5-9).

    Sin embargo, la Palabra de Dios, nos ayuda a ver el futuro del hombre y de la mujer, que debe alimentarse no solo con el pan de cada día sino también con la Palabra que proviene de Dios (cfr. Mt 4,4; Jn 6,51), y exclamar, junto con el Pedro Apóstol: “Señor, ¿dónde podemos ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,69).

    La Palabra de Dios nos ayuda a divisar también el futuro de toda la creación, porque toda la creación hasta ahora, gime dolores de parto, y no solo ella, también nosotros que tenemos las primicias del Espíritu, mientras aguardamos la revelación para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios (cfr. Rom 8, 19-23). Ella, la Palabra, contribuye a la formación de las futuras generaciones, para que puedan abrirse al camino de la comunión con Dios, con los hermanos, y con toda la creación.

    𝐍𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐟𝐢́𝐚

    Y nos preguntamos: ¿Los conflictos de la violencia generalizada en el mundo, la falta de respeto a los derechos humanos, el peligro de la destrucción de la “casa común” causada últimamente por la explotación indiscriminada de los recursos naturales, y por los incendios, las debilidades que experimentamos nosotros mismos, como miembros de la Iglesia, no son signos visibles de vivir al margen de la Palabra que es Luz y Vida? (cfr. Jn 1,4-6).

    Quiero terminar con la invitación dirigida a nosotros por el Mons. Luís Durán, encargado de la Sección de Animación Biblica de la Pastoral en la Conferencia Episcopal Boliviana: “El mes de la Biblia es un tiempo propicio para reflexionar sobre el impacto transformador de la Palabra de Dios; es un momento para entronizar la Palabra de Dios en nuestras comunidades, parroquias, y hogares, dándole el lugar privilegiado que merece, como fuente de vida y animadora de toda pastoral”.

    Les invito también, a tomar atención al mensaje, dirigido a todos los fieles de nuestro Vicariato, por parte del P. Juan Baran, responsable por Animación Bíblica, que se puede resumir en estas palabras:” El llamado que Dios nos hace a través de su Palabra, y entronizarla en nuestro corazón, no tiene más finalidad que esta: experimentar, con toda la creación, la promesa de alcanzar “un cielo nuevo y tierra nueva” (Ap 3,20).

    Agradezco, y felicito a todos, comenzando por los sacerdotes, hermanos y hermanas en la Vida Consagrada, laicos comprometidos, los que se dedican a vivir la Palabra, y compartirla con alegría en sus familias, en los grupos parroquiales, y extra parroquiales, para que se cumpla el lema de este Mes de la Biblia: “Aleluya, ya reina el Señor”.

    María, Madre de la Palabra hecha carne en su vida, por la escucha y entrega incondicional al proyecto de Dios, ruega por nosotros.

    ¡Evangelio es Alegría, anúncialo!

    Les bendigo y saludo, + Antonio Bonifacio Reimann, OFM.

Ademar Pizarro
Ademar Pizarro
Ademar Pizarro Informando desde Ñuflo de Chávez
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