Análisis

Nicolás Castellanos: Mauricio Bacardit, samaritano en el mundo campesino e indígena

En medio de tantos decesos, nos llega la triste noticia del fallecimiento de un hombre eminente y sencillo, sacerdote y jesuita, Mauricio Bacardit. Desde muy joven llegó a Bolivia y se hizo pueblo boliviano. Pertenece a esa recia generación de hombres y mujeres que alumbraron, desde Medellín, en América Latina, otro modo de ser Iglesia, la Iglesia en salida del obispo de Roma, Francisco.

Mauricio Bacardit, anónima y calladamente ha hecho historia en Bolivia, en la Bolivia marginada, excluida de campesinos e indígenas. Sembró vida, despertó esperanza, devolvió protagonismo a los campesinos a través de la educación y las herramientas para el desarrollo humano integral.

En ese mundo de Bolivia, es todo un referente, una expresión profética de la presencia de los jesuitas en el mundo excluido, empobrecido, abandonado a su suerte; sobre todo, con el campesinado desde el Instituto de Promoción Campesina de ACLO. Allí se significó por sus programas innovadores de alfabetización y educación popular.

Mauricio Bacardit, ante todo, era un creyente convencido: “He tratado en lo posible de cumplir la voluntad de Dios en todo momento con los campesinos, tratando de ayudarles y acompañarles”, así lo expresó con motivo de sus 65 años en la Compañía de Jesús. Mauricio Bacardit, siempre a lado de las víctimas, campesinos e indígenas marginados, desde su pasión por la justicia en el mundo.

Toda una vida de samaritano, más de 65 años en Bolivia, viviendo el Evangelio de los pobres, en el reverso de la historia. Mauricio Bacardit, reservado, sencillo, pero muy comprometido: 27 años de permanente contacto con los sectores campesinos del departamento de Chuquisaca. En fechas no muy lejanas se empleó de responsable de la Pastoral Social – Caritas de la Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra; y también Secretario Social de la Arquidiócesis de La Paz.

En Charagua, último destino, trabajó incansable por la autonomía indígena guaraní. “Este sueño del pueblo guaraní, se está convirtiendo en una realidad”, confesó Mauricio. Les acompañaba hasta en las marchas de reivindicación de sus derechos. Trabajó incansable y activamente por las libertades, el Estado de derecho en democracia, por los derechos humanos y especialmente por los derechos de los pueblos indígenas.

Por todo ello, se hizo merecedor de la máxima condecoración y distinción en Bolivia, la medalla del Cóndor de los Andes, otorgada también al jesuita Xavier Albó, otro referente social en Bolivia. Pero les voy a contar algo, que aquí en Bolivia, no se conoce.

Desde mi tiempo de obispo de Palencia, soy amigo de José Miguel Velasco Balbuena y Concepción Fargas Bacardit, prima de Mauricio, y además hermana de leche, pues cuando nació Mauricio, al comienzo de la Guerra Civil española, la madre de Concepción amamantó también a Mauricio. Por eso, los dos, además de primos carnales, son hermanos de leche.

El hijo de este matrimonio, que vive en Palencia, Javier Velasco y su mujer Macu Martín Rodrigo, que bendije su matrimonio, voluntarios de Hombres Nuevos, visitaron a su tío Mauricio Bacardit en Sucre y vinieron impactados de su labor social con los campesinos de Chuquisaca.

Concepción y Mauricio, hermanos de leche, se sentían y trataban como hermanos de verdad. En uno de los viajes de Mauricio a Tarrasa, bautizó a un hijo de Concepción, Félix. Rendimos homenaje hoy a este pro hombre, sencillo y creyente, sacerdote y jesuita, que devolvió el protagonismo y la esperanza a los empobrecidos campesinos e indígenas bolivianos.

La historia de Bolivia, tiene que escribir y recoger la gesta de estos hombres samaritanos y luchadores por cambiar las estructuras injustas y devolver la felicidad a todos los bolivianos. Pero creo que lo más importante de Mauricio Bacardit es que pasó por la vida, haciendo el bien, sobre todo en el mundo campesino y por eso mismo, por eso solo y en eso solo, encontró a Dios, la salvación definitiva.

Por Nicolás Castellanos