Análisis

La última alabanza

Ocurrió en la entrega de un edificio destinado a ser escuela comunitaria. El ciudadano García, Presidente del Estado Plurinacional en ejercicio, por ausencia del titular, investido con un poncho verde originario, luego de escuchar los agradecimientos del alcalde, se acerca a la baranda del balcón y comienza a sembrar argumentos en el imaginario colectivo de un pueblo que no terminaba de creer que, el otrora Estado Boliviano lejano e inalcanzable, hoy les entregara un edificio construido en su comunidad, una escuela construida con buenos materiales, una escuela con aulas bien equipadas, una escuela para que los hijos reciban la educación que los padres no tuvieron la oportunidad de recibir cuando fueron niños.

Para que todos tengan “mejores oportunidades que las que tuvo el Presidente Evo” Para que en vez de caminar varias leguas a la escuela, puedan emplear ese tiempo para mejorar su calidad de vida y aprendizaje. Si, para que un día los niños que reciban educación en la escuela de su comunidad “puedan llegar a ser presidentes como Evo” con la diferencia de que ahora no tendrán que pelearle al ni al Estado ni a nadie, las condiciones para tener mejores oportunidades en la vida…

Así transcurrió una de las últimas actuaciones públicas del ciudadano García en las que con rigor sistemático presentaba una semblanza del sacrificado pasado del “Presidente Evo” y su templanza para sobreponerse a todas las adversidades. Empleaba estos inspiradores relatos para entregar las obras construidas en el seno de las comunidades, motivar a los beneficiarios sean indígenas o no e integrarlos a la cotidianidad de los pueblos en el proceso de cambio. De esta manera quería dejar sentado que el Estado Plurinacional de Bolivia era una flamante realidad, un Estado en el que “las cosas ya no serían como antes”.

Después silencio. Un silencio prolongado. Se terminaron los discursos destinados a ensalzar la imagen del líder indígena, se acabaron las conferencias de prensa destinadas no a desdecir, sino a redecir los discursos del “presidente Evo”, se acabaron los salvavidas vicepresidenciales lanzados a las aguas tormentosas de la política pragmática, de la política improvisada, de la política sin escuela del “Compañero Evo”. ¿Por qué? Esa es una pregunta que no se podrá resolver porque el pueblo ve pero no tiene la posibilidad de escuchar qué ocurre dentro de las cuatro paredes del palacio de gobierno.

El pueblo ve y mira el silencio del ciudadano García. ¿Un silencio con razón? Posiblemente, en el entendido que la escuela que inauguró y todas las escuelas que se inaugurarán servirán no solo para que los niños y niñas aprendan a leer, sino para crecer en pensamiento, crecer en liderazgo. Las escuelas servirán para que los estudiantes tengan mejores oportunidades que el “Presidente Evo” y sus ministros, las escuelas servirán para que los nuevos líderes reciban la educación que les estuvo negada a los líderes pragmáticos, en las nuevas escuelas los estudiantes recibirán las herramientas para aprender a ser críticos con su realidad y promocionar su transformación, no su destrucción.

Las Escuelas también servirán para que los hombres y mujeres del mañana aprendan a plantear propuestas claras con argumentos sólidos, aprendan a ser personas coherentes con sus ideales, aprendan a discernir lo ético de lo estético, lo moral de lo inmoral, buscar la razón y alejarse de lo insensato, sólo así serán dignos de ser llamados “compañeros o compañeras” “hermanos o hermanas”, sólo así sus liderazgos construidos sobre la esperanza del pueblo, no se diluirán como terrones de azúcar en el mar del poder.

(*) Periodista y Comunicador Audiovisual