Análisis

La renuncia del Papa es un gesto humano, evangélico y profético

“El nuevo Papa será crítico con la economía globalizada del mercado”

Como Pastor bueno y samaritano se pregunta todas las noches ¿Dónde van a dormir los pobres en esta excluyente civilización?

 (Nicolás Castellanos, obispo).- La renuncia del sucesor de Pedro, Benedicto XVI, es todoun gesto humano, evangélico y profético. Es reconocer la fuerza de Dios en su debilidad, congénita a los años. Es un gesto que le engrandece, lo mismo que las palabras, que nos ha regalado. Y ese gesto empequeñece las limitaciones que ha podido tener.

Puede haber otras razones, que le pesan, pero creo que deben pasar a un segundo plano. Me quedo que es una buena noticia para la Iglesia, para todo el Pueblo de Dios.

Creo que en este momento lo que nos incumbe a todos los creyentes es ORAR Y REZAR y estar abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo. Hoy me escribe un amigo,Miguel Angel Mesa:

“Dejo una puerta abierta

a la tenue lluvia de la sorpresa,

a las olas del recuerdo y del porvenir,

a la ceniza ardiente bajo las brazas”.

¿Cuál sería el perfil del nuevo Papa?

Lo rezaba esta mañana y me asaltaban algunas intuiciones. Ser más joven, no se puede llevar el timón de la Iglesia de Pedro con una edad avanzada.

Retomar y aplicar el Concilio Vaticano II: el retorno a las fuentes, la eclesiología de comunión, mayor énfasis en la Colegialidad (los retos y problemas de hoy son de tal magnitud que tienen que ser abordados colegialmente) protagonismo de los laicos, que la mujer pueda intervenir a la hora de tomar decisiones en la Iglesia.

Recuperar la preocupación de Juan XXIII y del Concilio Vaticano II de dialogar con el mundo, “coger al mundo en su carrera”.

Y en este diálogo con el mundo, la Iglesia tendría que hacer un discernimiento sobre los nuevos signos de los tiempos: la descentralización del poder, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, la escasez de vocaciones sacerdotales, religiosas, de compromiso laical, servicio de la comunidad cristiana en el mundo moderno, ¿y de la parroquia, qué?

Desde el Concilio Vaticano II tenemos pendiente responder a esta pregunta ¿Iglesia que dices de Dios? La cuestión de Dios tiene que pasar al primer plano. Y la respuesta tiene que ser colegial desde toda la geografía eclesial.

La Iglesia creen algunos que no ha hecho todavía una hermenéutica integral del kerigma cristiano, desde el logos de la modernidad.

Desde el SUR estimo que un capítulo fundamental de la agenda pastoral y social del nuevo sucesor de Pedro tiene que ser la JUSTICIA EN EL MUNDO y el PROBLEMA PLANETARIO DE LA POBREZA, IGNOMINIA DE LA HUMANIDAD.

Aquí en América Latina, en donde hay más millones de católicos, también padecemos la severidad de una fuerte pobreza, que crece de día en día y los pobres son cada vez más pobres y los derechos humanos son violados impunemente. En América Latina pasan hambre 53 millones de personas, en el 2003 más de 15 millones de niños quedaron huérfanos a causa del Sida, en el mundo.

Como Pastor, le puede la “Salus animarum”, que empieza con la promoción integral, desde ahora y desde aquí, de TODO el hombre y de TODAS las mujeres y hombres y culmina en el cielo, pues la Iglesia vive su condición escatológica, que nos hace descubrir la presencia del Resucitado, la fuerza del Espíritu Santo y de la Palabra, en medio de estas transformaciones históricas.

Como Pastor bueno y samaritano se pregunta todas las noches ¿Dónde van a dormir los pobres en esta excluyente civilización? Y no puede menos de asumir y reafirmar la opción preferencial por los pobres del Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida y repensar y asumir las teologías latinoamericanas, africanas, asiáticas y de la liberación, porque desde estos infiernos de la pobreza no hay otro modo de hacer teología.

Será crítico con la economía globalizada del mercado, con la violación de los derechos humanos y defensor del 75% de empobrecidos y excluidos. Todo esto exige ser audaz y valiente como María de Nazaret en el Magnificat.

Debe pesar más su densidad de Pastor que la burocracia de la Curia imponiendo un poder centralizador. Se espera que sea el Obispo de Roma, sucesor de Pedro, en colegialidad con todos los Obispos del mundo, que también son sucesores de los apóstoles.

Cuando se habla de la muerte de las utopías y el fin de la historia es la gran oportunidad de presentar la oferta gratuita no impuesta de la utopía de Jesús, que se contagia por la fuerza del Espíritu y de nuestro testimonio alegre y pascual.

La Iglesia hoy más que nunca en este mundo neoliberal, secularizado, empobrecido, ofrece la mística del Evangelio, libro abierto a la vida, a la personalización y a la más exquisita humanización, alma de esta sociedad de tecnologías punta.

El sucesor de Pedro puede y debe en el ámbito del Pueblo de Dios, comunión de comunidades crear espacios para la verdad ofrecida y compartida no impuesta y sobre todo la capacidad de compasión, ternura, entrañamiento, amistad, valores en desuso y de los que tiene hambre la mujer y el hombre de hoy.

Si el teólogo Metz cree que la compasión que busca la justicia es la palabra clave para el programa universal del cristianismo en la era de la globalización, con mayor razón esa “dote” bíblica de la compasión debe significarse y marcar al nuevo sucesor de Pedro, que el Pueblo creyente mariano y solidario esperan como Pastor solicito, profeta valiente y samaritano de toda dolencia.

No puede faltar en su agenda promover un ecumenismo real desde las bases eclesiales y en la cúspide, en donde se de un real diálogo de escuchar, compartir y decidir juntos. El diálogo con las grandes religiones puede servir de antídoto a algunos fundamentalismos reinantes. El ecumenismo ha de ser prioridad.

Un Papa libre, carismático con la libertad de los Hijos de Dios, en fidelidad al Evangelio, en esta sociedad cambiante no puede acosar a los teólogos sino instaurar un diálogo y comunión dialéctica, entrañable, crítica y profética. Los jóvenes de hoy le piden que preste atención a los cambios radicales y permanentes de la sociedad para que no se desenganchen de la Iglesia.

Al iniciar su itinerario apostólico tras las huellas de Pedro sería bueno recordar aquel axioma sabio del gran teólogo y Cardenal, Y. Congar: “La labor reformadora nace del amor a la Iglesia”.