Análisis

La noche más fría del año

La noche más fría del año suele obligarnos a quebrantar algunas leyes, según los yatiris que organizaron una “gran fogata gran” en la sede privada del Naiclú “Malena” de la ciudad de El Alto donde no llegan las disposiciones municipales de La Paz , aunque es obvio reconocer que ambas ciudades comparten el mismo cielo y la misma atmósfera.

Cuando comuniqué esta invitación de mis amigos yatiris a infringir la ley, mi pariente espiritual estuvo de acuerdo y me dijo que encender una fogatita más en El Alto resultaba un pecado chico en comparación a los gigantescos que comete el actual Gobierno y no se inmutan al recurrir a Estados Unidos para que nos provean de harina norteamericana para que sigamos fabricando nuestro pan. Con el pleno asentimiento de la cholita cochabambina, nos dirigimos en mi motocicleta a la cercana ciudad observando en nuestra ruta innumerables fogatas que habían sido encendidas alrededor del centro urbano de La Paz, en barrios algo alejados del centro urbano, visión que hizo desaparecer todo indicio de culpa que pudiera existir.

Si una cholita con polleras  suele ser normalmente atractiva para un ciudadano pobre y además periodista, una chola con bluyín es doblemente atractiva, lo que aumentó mi entusiasmo para asistir a la fiesta organizada por los yatiris.

Llegamos al “Malena” en un santiamén y nos encontramos con una fogata que ya había sido encendida por los yatiris quemando viejos muebles y colchones ya rendidos por el tiempo, y fue el yatiri Wayruru quien nos explicó que la “picha” de San Juan servía a los paceños para quemar esa noche muebles y objetos hogareños que ya nos habían servido, como los mencionados, a los que agregábamos  otros que era preciso hacer desaparecer consumidos por el fuego, como las viejas cartas de amor y los Informes Presidenciales que consignaban mentiras, como la desaparición de la pobreza en Bolivia, la desaparición del analfabetismo en Bolivia y documentos que anunciaban el inminente “retorno al mar”.

Pregunté al yatiri Calimán si ya habían quemado algunos impresos que contenían discursos sin importancia pronunciados por nuestro actual y futuro presidente señor Evo Morales Ayma, respondiéndome el yatiri en mi oreja: “también hemos quemado toda esa papelería impresa, pero no se lo cuentes a nadies”, algo que prometí y que hoy no cumplo porque no soy baúl de nadie.

Siguiendo la tradición bebimos variadas clases de ponches, sobresaliendo el “té con té”, bebida clásica de los viejos periodistas.

Contentos de haber quemado documentos insustanciales de nuestros gobernantes, entre los que recuerdo algunos de hombres famosos de Alvarito García Linera y Juan Ramón Quintana, busqué a mi comadre Macacha para bailar con ella pero no la encontré porque se la había robado un yatiri entusiasmado al ver por primera vez a una cholita con bluyín, lo cual me pareció perdonable.