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La fiesta diocesana en honor a la Virgen del Carmen, una oportunidad para servir a los pobres e inundados

“Y si María, Madre de Jesús, es Madre de la Iglesia y Madre nuestra, ¿Cómo no habremos de parecernos a Ella, llevando la impronta de su ser? El parecido físico nos es transmitido por nuestros padres, pero María, nuestra Madre, debe ejercer en nosotros el parecido espiritual. ¿Quién no se siente atraído y necesitado de su maternidad?”, interpeló el obispo de Formosa, monseñor Vicente Conejero Gallego, en su editorial en el periódico diocesano Peregrinamos.

“Ayudados por la gracia del Espíritu Santo, podemos, más aún, debemos para ser coherentes a este singular parentesco dado por Jesús en la Cruz en la persona de Juan, asemejarnos a nuestra Madre. Qué lindo que pudiéramos ser reconocidos como hijos de María por ser humildes, fieles, alegres y serviciales como Ella”, aseguró.

El prelado recordó que “un año más, tenemos en julio la gracia y la oportunidad de meditar, contemplar y celebrar el misterio de María, Madre y Patrona de Formosa, viviendo la novena y la fiesta diocesana de Nuestra Señora del Carmen. Esta vez, motivada y relacionándola con la alegría del Evangelio de nuestro querido papa Francisco”.

“María se nos presenta como discípula misionera de su Hijo Jesús, Evangelio de Dios, como modelo y ejemplo de santidad y de gracia, como mujer fiel y creyente a la voluntad de Dios, como Madre intercesora y solícita de los hermanos de su Hijo, el fruto bendito de su vientre, Jesús”, sostuvo.

“Quiera Dios que la fiesta diocesana de este 2014, ‘aquí y ahora’, sea un verdadero tiempo de gracia y de salvación para todos. Que progresemos en conversión de vida, según el Evangelio de Jesús, personal, familiar y comunitaria. Que, además de ser cada día más y mejores hijos de Dios e hijos de María, instaurando la paz y la fraternidad universal, sepamos compartir con alegría, nuestra fe y nuestros bienes con los más pobres, entre ellos los inundados”, expresó.

Por último, monseñor Conejero Gallego señaló que “Jesús, Maestro y Señor, está siempre con nosotros, y con Él, como discípulos misioneros suyos, reflejemos su gloria y su vida, seamos impronta de su ser, como Él lo es del Padre Dios y de su Madre, María, Madre nuestra, de la Iglesia y de la humanidad”.+