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la Fe no es abrazarse con el mal para caminar imponiendo ese mal

En ocasión de la Celebración Eucarística de clausura del año de la Fe, celebrada en el Atrio de la Catedral de San Lorenzo Mártir en la ciudad de Santa Cruz, Cardenal Julio Terrazas, pronunció la homilía que transcribimos a continuación.

Homilía de Cardenal Julio Terrazas.

Clausura del Año de la Fe

Hermanas y hermanos, a eso de las 3 de la tarde, cualquiera de nosotros hubiera preferido estar en una piscina, ¿No es verdad? Bueno a esta hora también, pero que idea esa del Sr. Arzobispo de convocarlos a todos a esta plaza que hoy día va a ser como la piscina en la que nos vamos a encontrar para dejar que el Espíritu del Señor, en este día siga cumpliendo su misión, haciéndonos imagen de nuestro padre y enseñándonos a amar al Señor, no con palabras sino con todas nuestras acciones, y más todavía, que el Espíritu nos purifique, nos quite todo aquello que en la historia nosotros mismos hemos ido inventando para acallar a Dios, al padre para arrinconar a nuestro redentor y crearnos un sinnúmero de los falsos redentores que siempre han pululado en la historia de la humanidad.

Caemos en eso y se va entrando un espíritu que no es el de nuestro Padre, el del perdón. Esa ya es una palabra fuerte: perdón, pedir perdón. Aceptar que esa es la manera de ser cristianos, aceptar que esa es la expresión más grande de nuestra Fe. Estamos clausurando el Año de la Fe, seguramente necesitaríamos 10, 15, 20 años 40 o 50, yo no tanto ya, porque ya no alcanzo para tanto, pero la mayoría puede esperar más y todos los años tienen que ser años de la Fe, no es que ahora cada uno va a buscar en su depósito el frasquito donde tienen su Fe, la van a agarrar esta tarde y la van encerrar hasta que el Papa, no sé cuánto, Francisco 30 llame y convoque a renovar la Fe a los cristianos. No; la Fe, la búsqueda el crecimiento de ella no se hace encerrándolo, sino abriendo, un año de la Fe que no termina abriendo las puertas a toda la humanidad, a todas las razas, un año de la Fe que no termina posponiendo las guerras, las peleas, las calumnias, un año de la Fe que a veces se piensa que se construye con un regalito material pero que no llega al corazón y no transforma esa búsqueda de alegría de tanta gente en auténtica alegría y no una ilusión que se pasa o una ilusión que se pierde, en una ilusión que nos aliena y que nos hace cada vez más fáciles para que nos lleven de un lugar a otro.

Una Fe firme, firme, una Fe sin temores, una Fe que no sea adorno dice el Padre Francisco, nuestro Papa, una Fe que no sea como un suspiro, una Fe que no sea como una noche de velorio, una Fe actuante, una Fe que mira al Señor y mira toda su obra para que podamos nosotros constatar realmente que todos los pueblos están alabando a Dios, o todos los pueblos están utilizando a nuestro Dios para meternos dioses falsos, dioses que van carcomiendo el alma y el espíritu de los auténticos creyentes.

El año de la Fe, mis hermanos, no se acaba, vamos a cerrar, vamos a clausurar algunos actos especiales, algunas ceremonias especiales, pero lo demás sigue. En el cada día es ahí donde se demuestra que hay Fe o no. Es cada día que tenemos que aprender a amar a nuestro Dios siempre de manera nueva, a nuestro hermano de la misma manera con que quisiéramos amar a nuestro Dios. Esa es la forma y la manera de la Fe, una Fe que se preocupa de la creación y que no la utiliza solamente para imponer ideas o imponer caprichos, una Fe que da también irradiación a todos los pueblos, estén donde estén. Por ejemplo esta tarde desde aquí desde Santa Cruz estamos diciendo esta Fe tiene que llegar a todos los rincones de Bolivia, a todos los pueblos, a toda la gente de Bolivia, porque no es para los creyentes que están aquí en la plaza sino para los creyentes que están a lo mejor están en otros espacios en estos momentos.

Una Fe exigente, una Fe que se la va haciendo, no que se la archive, no que se la utilice solamente, porque no es abrazando una imagen o abrazando a un ser que sea muy sagrado que ya se está salvando, no. Hay que luchar todos los días, todos los días. Los jóvenes que me están escuchando tienen que aprender esto, Cristo no quiere jóvenes para la flojera, Cristo no quiere jóvenes que vendan su alma y su espíritu a la droga que anda por todos lados y que algunos se asustan cuando decimos que hay droga en el país, y lo estamos leyendo, y lo estamos escuchando, y lo estamos viendo, miles y miles de kilogramos que se van descubriendo de esto que va destruyendo el alma y el corazón.

A los jóvenes, el Papa los llama constantemente, los ha llamado allá en Rio de Janeiro y les ha dicho que sean un poco más decididos, que no basta revestirse de cosas externas -que son bonitas seguramente, hay gustos y gustos- Algunos creen que una cosita aquí otra cosita allá, con un colorcito de este y del otro lugar, ya está todo listo. ¡No! La Fe es lucha, la Fe es combate, la Fe no es abrazarse con el mal para caminar imponiendo ese mal, bajo formas bonitas, retóricas o que solamente buscan aplausos fáciles.

Por allá va la Fe mis hermanos, bueno, yo supongo que ustedes me entenderán. Esta tarde no tenemos nada que decir: “huy se acabó ahora, ya desde esta noche vamos a escuchar música internacional aquí en la manzana 1, ahí vamos a divertirnos, con dios o sin dios, pero nos vamos a divertir… ¡No! No podemos decir, -bueno es una desgracia que los jóvenes caigan, que en nuestras escuelas se venda droga, que en todas partes vayan encontrando hombres, mujeres, niños y jóvenes que portan todo esto para tener dinero fácil- Nosotros no podemos entrar en ese juego y eso es lo que cuesta realmente.

Bueno hermanos, hasta aquí supongo que están de acuerdo ¿No? Pero ya están durmiendo… (N.de R. el pueblo contesta ¡no!) Ah… menos mal, entonces vamos a seguir una horita más… (N. de R. el pueblo aplaude) Un momento más, para decir porque nosotros le llamamos a Cristo: “Rey”. ¿Qué sentido tiene? Ahora hay reinas y reyes de todo, rey de la política, rey de la economía, rey de no sé cuánto, rey del deporte… Y las reinas ¿para qué voy a nombrar?, no terminaría toda la tarde de repetir tantos reinados. ¿Y nosotros? Nosotros hemos venido aquí, a coronar a Cristo para que sea nuestro Rey, ¿qué corona le vamos a dar? Porque yo veo que a veces decimos bueno vamos a hacer una coronita con piedras preciosas falsas y la vamos a entregar delante de la televisión y la ponemos en una imagen y ya creemos que es nuestro Rey. Y no es por allá…

Miremos la cruz nos dice el Papa, toda la riqueza de Cristo que reina en todos los pueblos, no está en el oro, no está en las cosas preciosas que le ponemos en la cabeza, está en aquello que Él acepto, de parte de los pecadores para reinar desde el corazón, reinar con humildad y simplicidad. La corona de espinas, esa es la corona de nuestro Rey. No es el triunfalismo, no es el buscar aplausos, no es el creerse el único que va a transformar el mundo y echarle tierra, arena y suciedades a quienes no piensan como ellos. Nuestro rey tiene una corona y hoy tenemos que preguntarnos ¿Nosotros creyentes qué es lo que estamos haciendo con esa corona de nuestro Rey? ¿Qué hemos hecho con ella? Preferimos –y a veces llega la tentación también- de que alguno dice: Bueno aquí está la imagen de Cristo Rey y nos trae una corona de no sé qué emperador de la Edad Media… Ese no es nuestro rey. Nuestro Rey es el que aceptó ser coronado y cuando lo vieron así coronado, los grandes señores se burlaban de Él y le decían si has hecho tantos milagros ¿porque no haces uno por vos mismo? La misma burla de hoy mis hermanos, los grandes que creen que entregándole una corona de oro material o haciendo una obra magnífica con el nombre de nuestro Dios, piensan que están imitándolo. ¡Se equivocan! ¡se equivocan! Imitar a nuestro Rey es asumir el dolor de los otros en nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Es entregar totalmente nuestra vida, hasta la última gota de sangre y no andar sacando sangre a los otros para que algunos vivan y mueran la mayoría.

Ese es el mensaje del Señor, ahí está el reinado, Más de 20 siglos y sigue el Señor mostrándonos su corona, esa corona que nosotros deberíamos tomar y ponerla también en nuestras cabezas, para no dejarnos llevar por vanidades que vienen de afuera o por cosas que no tienen nada que ver con el camino de la sencillez, de la humildad propias de nuestro Dios y no de los prepotentes dioses que a veces asoman por todos los rincones y por todos los horizontes.

Bueno mis hermanos, ¿qué dice el evangelio más abajito?: Los soldados, también les entró ganas de burlarse del Señor, y ser reían de Él y se mofaban de Él, y no respetaban siquiera la inscripción que ellos mismos habían puesto: Este es el rey de los judíos… No la respetaban. Es el drama de aquel que tiene el poder, de aquel que tiene disciplinas férreas, convierte a veces a esa gente en gente que va perdiendo el sentido de la vida, en gente que llora un minuto por que han muerto dos jóvenes por salvar un auto. ¿Es que el auto es más que los hombres? ¿Es que el auto es más que la vida? Esa mentalidad de quitar la vida solamente por cuestiones disciplinares, no es el camino de Dios, es el camino del reino de la Esclavitud nueva que siempre va a apareciendo por todos lados.

No podemos estar burlándonos, no podemos decir: Que se callen aquellos que hablan de droga, que no les toca, que le toca solamente a aquellos que tienen el poder ¡No! El Santo Padre hace poquito nos ha recordado a los católicos: ¡Oigan! Sean valientes, sean fuertes, hablen de Dios, pero hablen de este Dios preocupado de todo el mundo y en este mundo hay pobreza, hay miseria, hay dolor, hay sufrimiento, hay muerte, hay injusticias, hay también nuevas maneras de esclavizar multiplicando la droga porque es mucho más fácil conseguir dinero con ella que entregando la vida por los demás.

Hay que entrar como dice el Papa a preocuparse del bien común, si nuestra Fe este año va por ahí, creo que hemos conseguido dar un paso cualitativo, creo que hemos conseguido seguirlo al Señor con la cruz, no para ponerla de adorno en nuestras casas sino para crucificarnos nosotros con el Señor y poder también dejar que el espíritu nos resucite no para la muerte sino para la vida y la vida eterna.

Pero siguen las burlas mis hermanos, siguen las burlas, después de los soldados que también hoy podrían hacer lo mismo, que también hoy por dejarse llevar de unas costumbres disciplinares de siglos pasados o de otros que por salvar su lujo piensan que hay que arrebatar la vida de los jóvenes, llegamos al calvario. Y allá habían crucificado a dos como el Señor, dos pecadores, dos criminales, todo lo que quieran, y uno de ellos también, se burlaba de ellos, se burlaba del Señor, lo saben de memoria todo eso ustedes, y el otro que lo defendía y que le decía: Oye un poquito más de respeto, nosotros hemos faltado y estamos pagando nuestra culpa, pero ese señor no ha hecho nada malo y lo tienen ahí crucificado… Ese es el paso, que cada día tenemos que dar, ¿entre quienes estamos nosotros? ¿Entre los que todo lo condenan y no admiten perdón? ¿Entre esa multitud que hoy también es azuzada para que pidan muerte para unos, venganza para otros, linchamiento para los demás? O estamos con el humilde pecador que implora misericordia al Señor, que descubre en el Señor a aquel que con su corona, con su sufrimiento, con la entrega de su vida, está salvando al hombre en profundidad, y no lo está engañando con palabras bonitas, con palabras que alienan o con palabras que llevan a nuevas esclavitudes en todos los tiempos de nuestra vida.

Cuando estés en tu reino, acuérdate de mí Señor… Ahí está nuestro rey es el rey de la misericordia, es el Rey del perdón, el no dice mira tantas cosas malas que has hecho, no te perdono, ¡No! Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso, ése es el Dios que nos ha salvado, ese es el Dios de la misericordia al que tenemos que amar, ese es el Dios de nuestra Fe, ese es el Dios que nos da la capacidad de buscar nuestra conversión, pero también de trabajar para que las ciudades y los pueblos se construyan no con cualquier programa que deja Dios a un lado, o deje su mensaje a un lado sino también con la enseñanza de ese reino que el Señor nos ha traído, para nosotros.

Reino de Paz y de justicia, reino de amor, reino de solidaridad, reino verdaderamente que se va construyendo con pequeñas alegrías, pero que esas pequeñas alegrías, no se conviertan en grandes obstáculos para hablar con el otro, para trabajar con el otro, para estar con el otro, sobre todo nosotros en estos momentos en que nos preparamos para la navidad.

He escuchado consejos muy rápidos, algún alto funcionario seguramente hoy dirá que pruebe, porque hoy hay que probarlo todo. Yo les aconsejaría que se escuchen de vez en cuando, que dijo: Ahora si los pobres trabajadores van a recibir un segundo aguinaldo. ¿Cuántos de ustedes van a recibir segundo aguinaldo? ¿A ver levanten la mano para que me presten uno por lo menos? Dice: antes podían comprar un juguete, ahora pueden comprar tres… Así textualmente. ¿Eso es serio? ¿Para eso es el bono? ¿Para eso es?

Yo digo este señor no ha leído la propaganda que hay en varios medios de comunicación, han llegado juguetes modernos, hay de cinco pesos y de mil pesos, ¿cuál van a elegir aquellos que han recibido un segundo aguinaldo? Si eligen el de mil están arruinados, ya no les sirve casi nada el otro y además que todavía no se lo han dado, esperamos que les llegue. Bien hermanos, yo creo que así no se puede jugar. No se puede decir: Hemos premiado a los trabajadores, pero es bueno, está bien, ojalá lo hagan, ojalá lo hagan siempre, pero también tiene que haber alguien que diga. ¿Los trabajadores cumplen su misión cada día? Los que están ganando del estado, los que están ganando de los privados, realmente son modelos de eficiencia, de puntualidad y ¿merecen ser llamados constructores de la nueva economía?

Hay que preguntarse, no se trata de criticarlos por criticarlos, hay que saber aprovechar este regalo, porque es un regalo, pero no se puede decir a los ancianos no les damos, porque ellos ya no aportan al país. Hermanos y hermanas, ¿Esas estupideces entran? Eso no tiene nada que ver con nuestra Fe ¿Cómo van a decir que los ancianos no hacen nada en nuestro país? ¿Acaso no decimos que son la riqueza de la Iglesia, la riqueza del país? ¿Acaso no comprendemos toda su experiencia y la valoramos y le damos regalos el día del anciano y lo pisoteamos después en la práctica? No puede ser.

Y ¿nuestros niños? ¿No hacen nada por nuestro país? ¿Para qué tanto alboroto el día del niño? ¿Para qué tantos regalos si no los sabemos respetar, si no aportan nada? Ojalá tuviéramos muchos más niños que nos regalen sonrisas auténticas, para levantarnos de la desesperanza en la que a veces caemos, ojalá tuviéramos muchos más ancianos que levantando el corazón y la mente puedan decir yo también trabajé por este país y quisiera que siga adelante porque esa es su misión, y esa es su finalidad como nación…

Y así tanto, ahí está la cruz del Señor, ahí está nuestro Dios, nuestro Rey, por allá nos dice que trabajemos, El no se conforma, El no nos dice que hagamos fiesta, que le traigamos a los mariachis, que hagamos esto. No nos pide eso. Nos pide que nos preocupemos del que está cerca, del que está ahí, de ese señor que está en el corazón de mi hermano, que me grita, por mi nombre no pases por alto, preocúpate de mi persona, de mi familia, de mis problemas.

Bueno yo quiero terminar con esa última palabra del Papa que siempre tiene expresiones muy lindas, hablando de la misericordia, que debe también concretarse en solidaridad, solidaridad, ¿Qué dice el Papa? esa palabra solidaridad casi es una palabrota para muchos, palabra fea que no la queremos pronunciar, no la queremos decir, preferimos la solidaridad del que reparte desde arriba y no la que se construye tomándonos de la mano de aquel hermano o hermana que necesita también de nuestra vida. Solidaridad ahí está y ese es el gesto más grande de la misericordia dice el Papa. Y el termina diciendo sería bueno que repartamos al mundo una nueva pastilla: La misericordina, no es una pastilla del día después, por si acaso, vayan a ir a comprar eso, la misericordina: que nos llenemos de misericordia, que trabajemos por la misericordia, porque así los pueblos van a encontrar la paz, van a encontrar la justicia, sin necesidad de comprar armas y andar persiguiéndonos los unos a los otros.

Que el Dios de la vida, de nuestra Fe, los bendiga a todos ustedes.

Amén.