Análisis

La excomunión en Quillacollo

La noticia de que la Iglesia hubiera excomulgado a varios ministros del presidente Evo causó una verdadera conmoción, pues era la primera vez en este siglo que la Iglesia determinara tal sanción espiritual en contra de pecadores públicos.

Al enterarse mi pariente espiritual de que yo poseía una formación eclesiástica un poquillo mayor a la de una cholita cochabambina, ésta acudió a mí en pos de algunas explicaciones al respecto.

Aproveché de esa oportunidad  para hablarle a mi comadre en tono magistral, cual si fuera una exposición de excátedra para explicarle que la noticia acerca de la excomunión sobre los ministros de Evo fue desmentida por los jerarcas de la Iglesia Católica y que por lo tanto tales funcionarios podrían seguir pecando sin medida ni clemencia, como seguramente lo hace su ilustre jefe quien sería recibido por el papa Francisco el próximo mes de septiembre.

Mi comadre quiso saber si el castigo eclesiástico significaba la prohibición de comulgar y que por eso se llamaba excomunión, costándome mucho que ella comprendiera que la excomunión significa estar fuera de la Iglesia Católica.

Como buena cochala me replicó que había entendido mi explicación pero que ésta no la satisfacía, porque ella tenía otra mejor porque no encontraba en su caletre el hecho de que fueran excomulgados algunos ciudadanos, como los ministros aludidos y su mismo jefe, a los que les  importaba un rábano estar fuera o dentro de la Iglesia Católica, ya que todos ellos se declaraban laicos y rechazaban la cruz como la garantía de sus juramentos prefiriendo el puño cerrado y levantado el símbolo de los comunistas de todo el mundo, incluyendo a Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia.

Mirándome como su profesor de teología barata, mi pragmática comadre me lanzó una astuta interrogante: “¿Podría yo pedir la excomunión para aquellos clientes míos que me resisten a cancelarme los intereses y el capital de las sumas que me adeudan desde hace mucho tiempo….?”.  Mi respuesta fue clara y sincera al decirle que no podrían proceder de esa manera porque tales clientes (entre los cuales me hallaba yo) sólo podríamos ser juzgados por incumplimiento de leyes o prescripciones civiles o mercantiles, no figurando la excomunión como sanción correspondiente.

Seguro de haber triunfado en esta controversia con mi comadre cochabambina iba a levantar mi brazo derecho en señal de victoria, pero la astuta prestamista y heroína de la Coronilla dijo sentenciosamente: “Conseguiré la excomunión para mis deudores morosos porque a todos ellos le hice jurar por Dios que me pagarían las cantidades de dinero que yo les prestaba”.

Cuando me iba a echar en la lona para que Macacha me contara hasta 10 para declararme fuera de combate o K.O. me reanimó al decirme: “Usted, compadrituy, no será jamás mi deudor moroso, porque es un deudor amoroso.