Análisis

LA CAZA DE BRUJAS

La frase “caza de brujas” ya no se usa literalmente, sino para ilustrar la persecusión injusta a un cierto grupo identificado. El símil llega desde las que creíamos épocas remotas, oscuras y  superadas, donde la superstición era conocimiento.

Pero sucesos, muy cercanos en el espacio y el tiempo, nos revelan que en nuestro país persiste ese odio a personas que la ignorancia llama brujas o brujos.

Hace dos días, nada menos que un coronel retirado de Policía asesinó a una mujer vaciándole las sesis balas de su arma. El criminal “justificó” su acto con el argumento de que la víctima era una bruja causante de la muerte de su hija. Ésta había muerto en un accidente de tránsito (como cientos de personas) que el excoronel explicaba por el hechizo de aquella.

Semanas antes, una mujer fue vejada, martirizada y arrastrada por las calles de un pueblo, hasta dejarla al borde la muerte, también acusada de practicar brujería.

Un poco antes un grupo fanatizado cometió uno de los más espeluznantes crímenes recientes: enterraron vivo a un hombre mayor, para castigar su presunta calidad de brujo.

El alma social de la que hablaba Weber es tan generosa como compasiva, pero también tan irracional como cruel y es impredecible.

Conviven con el desarrollo del pensamiento positivo estos ataques a personas estigmatizadas como seres maléficos con poderes sobrenaturales y capaces de matar a distancia o elaborar pócimas de magia negra destinadas a provocar destrucción o enfermedad.

Simultáneamente al cada vez más fácil acceso a la información a través de decenas de medios y el desarrollo de la tecnología, que significan la luz del conocimiento; existe la arremetida de la otra “cultura”, la del oscurantismo y del elogio de los más primitivas formas de concebir el mundo, a través de los mismos medios. En el centro está el ser humano, desnudado en su dualidad.

Ante este panorama no hay otra alternativa que acudir a las leyes con las que la sociedad está regulada en todas sus manifestaciones.

Los crímenes en nombre de la superstición no pueden quedar impunes aduciendo locura temporal o extravío; pues puede ocurrir que la brujería se convierta en la cobertura de la simple venganza.