Santa Cruz

“Jóvenes y Señoritas, salgan de la sociedad que nos quiere poner en el molde la mediocridad” Mons. Sergio Gualberti

En su homilía de este 4º domingo de Pascua en el que se celebra la Jornada Mundial de la Oración por las vocaciones, Mons. Sergio Gualberti manifestó su deseo de que se produzcan nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas.

Asimismo hizo una exposición del mensaje del Papa Franciscodenominado “El éxodo experiencia fundamental de la vocación” que nos recuerda que, un aspecto central acerca de la vocación, es el de rezar, anunciar el evangelio, practicar el don de la fe y compartirlo con los demás de esta manera dejarnos atraer y conducir por él y gastar generosamente nuestra vida por la causa del Reino de Dios.

Por otro lado Mons. Gualberti hizo notar que toda vocación cristiana exige renunciar a uno mismo, salir de la comodidad del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo y parafraseando al papa se dirigió a los jóvenes que por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben ser disponibles y generosos. y les dijo, queridos jóvenes, no tengan miedo a salir de ustedes mismos y a ponerse en camino.

En ese contexto invitó a que después de la comunión escuchar el testimonio del joven Herling, seminarista del primer año de teología.

Al concluir su homilía, expresó su gratitud a todos los fieles que en estos días han estado orando por recuperación de la salud del Cardenal. “Gracias a Dios está mejor y pronto volverá a su casa. Nosotros lo seguimos acompañando con nuestro afecto y oraciones”

TESTIMONIO DEL SEMINARISTA ERLING GONZALES

Erling Gonzales

Soy Erlin Gonzales nacido en el Beni en San Ramón, soy el mayor de 6 hermanos, sentí el llamado del Señor desde niño cuando a los 9 años me preparé para la primera comunión y fue ahí donde sentí el llamado.

En el transcurso del tiempo ese llamado volvió a los 17 años cuando salí bachiller, cuando mis padres me preguntaron qué carrera iba a hacer, tenía el deseo de estudiar periodismo, pero en mi interior estaba latente el deseo de ser sacerdote. De esa manera es que ingresé a la universidad para seguir la carrera pero alternaba mis clases con visitas a la Catedral hasta que un día tomé la decisión de seguir a Cristo y lo primero que hice fue compartir con mis padres. Mi papá fue el primero que me dijo que si era mi deseo me apoyaba mi madre aceptó en silencio

Ahora curso el primer año de estudios en Teología y estoy en mi cuarto año de formación en el seminario.

Estoy haciendo algo mucho mejor, estoy siguiendo a Jesús de Nazareth, ese Jesús que un día me llamo. No estaré frente a las cámaras siendo periodista pero si estaré al frente de un pueblo, dando la gran noticia que es anunciar el evangelio.

Gracias hermanos porque sé que rezan por nosotros y les pido que no se cansen de rezar porque nosotros necesitamos sus oraciones.

HOMILIA DE MONS. SERGIO GUALBERTI

PRONUNCIADA EN LA CATEDRAL DE SAN LORENZO MARTIR

ABRIL 26 DE 2015

Este 4º domingo de Pascua, la palabra de Dios nos presenta la figura de Jesús, el Buen Pastor, el pastor maravilloso que ha entregado su vida para que sus ovejas tengan vida. La Iglesia, desde muchos años, celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, un día para orar en particular para que el Señor siga haciendo surgir vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Para esta jornada, el Papa Francisco, que pronto estará entre y con nosotros, ha enviado un mensaje para toda la Iglesia con el tema: “El éxodo, experiencia fundamental de la vocación”. Creo importante resumirlo y compartirlo con ustedes.

El Papa nos recuerda que, un aspecto central acerca de la vocación, es el de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, «el dueño de la mies… mande obreros a su mies» (Lc 10,2). Jesús nos dio este mandamiento cuando envío sus discípulos a la misión, a anunciar lo que él les había enseñado. A igual que los discípulos, también nosotros los cristianos hemos recibido el don de la fe, no para guardarlo solo para nosotros, sino para compartirlo con los demás. Así, escuchar la voz de Cristo Buen Pastor y seguir sus pasos, nos compromete a entrar en el dinamismo misionero, a dejarnos atraer y conducir por él y gastar generosamente nuestra vida por la causa del Reino de Dios.

Pero, entregar la propia vida es una opción difícil, sólo es posible si somos capaces de salir de nosotros mismos, el éxodo espiritual, en respuesta a la llamada de Dios. Toda vocación cristiana exige renunciar a uno mismo, salir de la comodidad del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo, poniéndonos en camino confiando que Dios nos indicará el rumbo.

Quien tiene la valentía de emprender el camino detrás de Cristo, poniéndose del todo a su disposición, encuentra vida en abundancia, como nos dice Jesús: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mt 19,29).

La raíz profunda de tomar esta decisión es el amor, porque la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que nos llama a salir de nosotros mismos hacia el descubrimiento de Dios.

Seguir a Jesús, nos pide una actitud siempre renovada de conversión y transformación, estar siempre en camino, en un pasar de la muerte a la vida, propio del dinamismo de la Pascua. La vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra situación inicial, nos libera de toda forma de esclavitud, nos saca de la rutina y la indiferencia y nos proyecta hacia la alegría de la comunión con Dios y con los hermanos.

Esta dinámica del éxodo, del salir de uno mismo para seguir a Jesús, no se refiere sólo a la vocación personal, sino también a la acción misionera y evangelizadora de toda la Iglesia. La Iglesia es verdaderamente fiel a su Maestro en la medida en que es una Iglesia «en salida», no preocupada por ella misma y por sus estructuras, sino más bien capaz de ir en búsqueda de las personas en su situación real y de solidarizarse con sus sufrimientos. La Iglesia, que está llamada a evangelizar, tiene que salir al encuentro del hombre, anunciar la palabra liberadora del Evangelio, sanar con la gracia de Dios las heridas del alma y del cuerpo, y socorrer a los pobres y necesitados.

Queridos hermanos y hermanas, escuchar y acoger la llamada del Señor no es una cuestión privada o intimista que pueda confundirse con la emoción del momento; es un compromiso concreto, real y total, que afecta a toda nuestra existencia, para ponerla al servicio de la construcción del Reino de Dios en la tierra. Por eso, la vocación cristiana, lleva al mismo tiempo al compromiso solidario en favor de la liberación de los hermanos, sobre todo de los más pobres. Este salir de uno mismo para ir hacia Dios y hacia el hombre, llena la vida de alegría y de sentido.

El Papa al finalizar su mensaje se dirige de manera especial a los jóvenes: “Quisiera decírselo especialmente a los más jóvenes que, también por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben ser disponibles y generosos. A veces las incógnitas y las preocupaciones por el futuro y las incertidumbres que afectan a la vida de cada día amenazan con paralizar su entusiasmo, de frenar sus sueños, hasta el punto de pensar que no vale la pena comprometerse y que el Dios de la fe cristiana limita su libertad.

En cambio, queridos jóvenes, no tengan miedo a salir de ustedes mismos y a ponerse en camino. El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Qué hermoso es dejarse sorprender por la llamada de Dios, acoger su Palabra, encauzar los pasos de su vida tras las huellas de Jesús, en la adoración al misterio divino y en la entrega generosa a los otros. jóvenes, su vida será más rica y más alegre cada día”.

Las palabras del Papa son una hermosa y apremiante invitación para que ustedes, jóvenes y señoritas, se atrevan a salir del conformismo de una sociedad que nos quiere poner a todos en el molde la mediocridad, y a mirar a un ideal noble y alto: entregar su vida por el Señor y su Evangelio, por la buena noticia del Reino de Dios que es vida y amor para todos. Les invito a todos esta mañana a unirnos en oración al Señor, «el dueño de la mies… para que mande obreros a su mies», para que haya muchos jóvenes y señoritas que abren sus corazón al llamado del Señor, dispuestos a seguirle con entusiasmo y generosidad.

Después de la comunión escucharemos el testimonio del joven Herling, seminarista del primer año de teología, que nos dirá porque ha aceptado la invitación de Jesús, el buen Pastor, a seguirlo en el camino del sacerdocio, a poner su vida al servicio de la Iglesia y del reino de Dios.

Por último, renuevo mi gratitud a todos ustedes que en estos días han estado orando por recuperación de la salud del Cardenal. Gracias a Dios está mejor y pronto volverá a su casa. Nosotros lo seguimos acompañando con nuestro afecto y oraciones.

Amén