Homilía para el 14 Domingo del Tiempo Ordinario
Domingo 6 de julio 2025
La alegría
Hemos escuchado en la primera lectura y también en el Evangelio la promesa de la alegría y de la felicidad, porque el Señor nos ha elegido y porque tenemos la posibilidad de que nuestros nombres estén inscritos en el cielo.
Es decir, como cristianos, miembros del Pueblo de Dios, tenemos una vocación a la alegría y a la construcción de la felicidad.
El Santo Padre Francisco usaba una imagen muy gráfica al respecto y decía que no somos “cristianos de vinagre”. Él nos invitaba a confiar en la misericordia de Dios, en vez de actuar como “cristianos de museo”.
En el Evangelio de hoy, los 72 discípulos regresan llenos de alegría. Esa alegría no tiene nada que ver con las carcajadas que surgen al escuchar un buen chiste o ver un video en las redes sociales. La alegría que nos da Cristo es la alegría interior de saberse amado por Dios, protegido por Él y, sobre todo, unido a Él.
Seguramente, en algún momento de nuestra vida lo hemos experimentado.
Pidamos al Señor el don de la alegría de vivir el Evangelio. Tengamos fe, porque Dios nos dice: “Se alegrará su corazón y sus huesos florecerán como un prado. Y los siervos del Señor conocerán su poder”.
Misión
Este domingo, el Señor también nos habla de la misión.
Él mandó a sus 72 discípulos. ¿Por qué 72? En el Antiguo Testamento se menciona una lista de descendientes de Noé que representan a las naciones del mundo antiguo, que son justamente 72. Esto significa que Jesús envía a sus discípulos a toda la humanidad.
Cristo desea entrar en todos los lugares de la humanidad, incluso si está herida, o no tiene fe, o incluso está en contra de la fe. Precisamente, este es el desafío de la misión.
Como personas de fe, a veces podríamos tener la tentación de encerrarnos y no mezclarnos con el mundo, o escondernos para no contaminarnos. Pensamos que así nos protegeremos, y levantamos un muro alrededor de nuestra vida de fe, aislándonos.
Aunque en la Iglesia también existe la vocación a la vida monástica o contemplativa, Jesús envía a sus discípulos a anunciar el Evangelio. Lo dice claramente: caminaremos entre escorpiones, serpientes y demonios.
Pensemos que, a pesar de las guerras, la violencia y la injusticia que afectan la vida de tanta gente, tenemos que seguir creyendo en nuestra misión.
Comunidad
Jesús no manda a sus discípulos solos, sino de dos en dos. Es decir, no somos una religión de lobos solitarios, sino que la fe cristiana se vive y se celebra en comunidad. Por eso hablamos de vivir en comunión, a pesar de nuestras diferencias.
San Francisco de Asís decía a sus hermanos: “Prediquen el Evangelio en todo momento y, si es necesario, usen palabras”. Así les recordaba que la primera forma de misión es el testimonio.
El Evangelio de hoy nos recuerda que, al anunciar el Evangelio, no siempre tendremos éxito. A veces habrá gente que no desee escuchar, y tendremos que aceptarlo y marcharnos en paz. No estamos llamados a imponer ni a tener grandes pretensiones. Benedicto XVI decía: la Iglesia crece por atracción, no por proselitismo.
Pidamos al Señor que nos proteja de las serpientes y escorpiones que encontraremos en nuestra misión y en la búsqueda de la felicidad.
Pidamos al Señor que descubramos también nuestra vocación misionera en nuestra vida cotidiana.
por ARIEL BERAMENDI


