InicioAnálisisJavier Gómez Graterol: Perdonar, palabra difícil (Parte 1)

Javier Gómez Graterol: Perdonar, palabra difícil (Parte 1)

Dice el viejo dicho que, del dicho al hecho, hay mucho trecho. También se dice que perdonar es algo difícil. Lo sé, yo también lo he vivido, soy humano. Una de las cosas que he notado cuando hablo en conversaciones informales, o predico sobre el tema, es que, aunado a la dificultad referente a lo emocional, está el hecho de que muchas personas tienen ideas de lo que es el perdón, pero no un concepto real de lo que es. Mucho menos tienen claridad de lo que dice la Santa Madre Iglesia, sí, Madre, con mayúscula, sobre este tema.

No saber ciertamente lo que es perdonar hace daño en cuanto a que he visto personas que cargan sobre sus hombros culpa, miedos, hasta somatizaciones, por ideas erradas de lo que es y cómo debe hacerse.

En serio, estimado lector, ¿Se ha detenido usted a pensar qué significa realmente y cuáles son sus implicaciones? Tal vez lo que voy a intentar resumir en pocas líneas le ayudará a liberarse, o ayude a otros a ser un poco más libres. Por favor léalo y páselo a otros:

Las primeras cosas que debemos saber:

Perdonar no significa olvidar. Así de sencillo, perdonar no significa olvidar lo que ha sucedido, sino dejar de lado el dolor y el rencor que este nos ha causado. Perdonar implica sanar las heridas del pasado y abrirse a la posibilidad de una nueva relación con la persona que nos ha ofendido. No ha de confundirse esto con sacar a cada rato el error cometido en futuras discusiones con la persona que cometió el error, sino recordar sin dolor, sin amargura, sin la herida abierta. Es recordar sin andar cargando el agravio, sin respirar por la herida.

Tampoco es lo mismo que justificar, excusar o reconciliarse. Reconciliarse exige que dos personas que se respetan mutuamente, se reúnan de nuevo. Se puede perdonar y sin embargo no reconciliarse, como en el caso de una esposa abusada psicológicamente y/o continuamente maltratada por su cónyuge.

Es un proceso no siempre es fácil. Puede requerir tiempo, esfuerzo y oración. No se es mala persona por no poder hacerlo, es importante ser paciente con uno mismo y los demás. No hay que desanimarse si se experimenta dificultad para perdonar.

Hacerlo libera, es algo que ha de hacerse para poner fin a un ciclo de dolor, por nuestro propio bien, para evitar somatizaciones, pecados, por el bien de futuras generaciones, ya que implica incluso el fin de odios que lamentablemente se transmiten de generación en generación.

Tenemos, para hacerlo, el ejemplo de Jesús y la gracia de Dios para hacerlo: ¡Jesucristo es el modelo perfecto de perdón! A lo largo de su vida, enseñó a perdonar a los demás y dio ejemplo de ello, perdonando incluso a sus propios verdugos. Pedro preguntó: “¿Maestro, cuántas veces he de perdonar a mi hermano? ¿Siete veces?”, “Siete veces no, setenta veces siete”, contestó Jesús.

El acto de perdonar es un asunto libre ya que implica nuestra voluntad. Se es libre para vivir en paz con los recuerdos y no perder el aprecio a ninguna persona, incluso a un difunto en su dignidad personal.

Seguiremos profundizando el tema en una próxima entrega. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista, Ig y X: @jegogra

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Javier Gómez
Javier Gómezhttps://jegogra.blogspot.com/
Maracucho, sacerdote, periodista, locutor. Actualmente brindo atención pastoral en el oratorio de la Virgen María Desatanudos en El Hatillo, Miranda, Venezuela
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