Análisis

Inconsistencia ética de los argumentos abortistas (I)

Las recientes multitudinarias manifestaciones realizadas en diversas ciudades de Bolivia -las más numerosas en La Paz, Santa Cruz, Sucre, Tarija, Oruro y Cochabamba- han mostrado cómo la población boliviana en su gran mayoría defiende la vida de los seres humanos más inocentes, débiles e indefensos que todavía están gestándose en el seno materno.

Frente a la insidiosa campaña, promovida por grupos antinatalistas para despenalizar y/o legalizar el aborto, se ha formado casi espontáneamente la “Plataforma por la Vida y la Familia”. Muchas personas de diversas edades, iglesias y creencias, clases sociales, partidos políticos, asociaciones cívicas y populares, se han manifestado en defensa de la vida como el primer valor y el derecho humano fundamental del cual dependen todos los demás derechos y que por lo tanto debe ser defendido prioritariamente.

Las asociaciones abortistas pretenden que se despenalice el aborto y en último término que se legalice incluyéndolo dentro de las prestaciones del seguro de salud. Abortar sería simplemente una elección que hace la mujer embarazada según su propia libertad. Para ello ofrecen una serie de argumentos que hay que examinar críticamente desde la ética natural, sustentada por datos científicos.

Un primer argumento niega que el “nasciturus”, nombre jurídico clásico para designar al embrión y feto, sea un ser humano antes de la nidación o en las primeras semanas o meses. Esta afirmación choca frontalmente contra la biología moderna que muestra cómo por la fusión del óvulo y del espermatozoide se produce la concepción de un nuevo ser humano que posee ya los elementos esenciales de su identidad genómica y cromosómica, además de una energía endógena que le impulsa a desarrollarse.

El argumento aborto más radical afirma que la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo y por lo tanto también a “interrumpir el embarazo”, denominación eufemística con la que se quiere disfrazar que el aborto es una crimen abominable. Ese argumento es falaz y constituye un grave retroceso jurídico hacia épocas donde predominaba la ley del más fuerte. El nuevo ser humano, aunque está dentro del útero femenino y depende de la mujer para sobrevivir, no forma parte del cuerpo de ella, sino que posee características biológicas distintas de los progenitores biológicos.

El argumento de que el embarazo no ha sido deseado tampoco es válido, sobre todo si la mujer accedió a tener relaciones sexuales con el varón o se puso en una situación, donde, por el ambiente, espectáculos, compañías, consumo de alcohol o drogas etc., eran previsibles los contactos sexuales. Toda persona es responsable de sus obras y de las posibles consecuencias aunque luego se arrepienta.

Mucho más sutil es el argumento del embarazo por violación. Según él la mujer violada no tiene por qué mantener su embarazo al que ha sido forzada en contra su voluntad. Sin embargo, aún en este caso hay que afirmar que toda persona tiene obligación de atender y salvar la vida de otros seres humanos en peligro aun cuando no haya sido responsable de su situación. Tal es el caso de un accidente donde una persona malherida o agredida pide auxilio a alguien que pasa a su lado. Se debe prestar auxilio, más aún cuando el peligro de perder la vida es manifiesto y grave. La omisión de este deber ético está tipificada como delito en algunos códigos penales. En el caso de una violación la mujer debe prestar ayuda solidaria al ser humano inocente que lleva en su seno. Si, cuando nace, ella no está en disposición de cuidarlo, hay un deber solidario de la sociedad para encontrar alguna institución o familia que quieran atenderlo y/o adoptarlo.

Otro argumento abortista pone de relieve que hay casos en los que peligra la salud y la vida de la mujer. Se puede responder indicando en primer lugar que el embarazo no es una enfermedad. Gracias al avance de la ginecología obstétrica los casos de tener que elegir entre la vida de la mujer y la del “nasciturus” son hoy prácticamente inexistentes, Un tumor uterino puede combatirse sin dañar al nasciturus. En el caso extremo de un embarazo ectópico, si no se puede reimplantar el embrión en el endometrio, es ético retirar el embrión, sin matarlo, aun previendo que morirá por no ser viable. El embarazo de una adolescente hay cierto riesgo, pero su organismo, si ha comenzado a ovular, está también preparado para el embarazo y el parto, bien sea natural o a través de una cesárea. Ciertamente hay que darle cuidados especiales pre y postnatales.

Recordemos que la ética natural y la moral cristiana consideran el aborto provocado como una transgresión grave, pero no así el aborto espontáneo, consecuencia de un accidente involuntario, ni tampoco el aborto indirecto producido por un efecto colateral, no pretendido, de un tratamiento o medicamento que únicamente quería curar a la madre. (Continuará).