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Homilía para la Fiesta de Cristo Rey del Universo

Homilía para la Fiesta de Cristo Rey del Universo

23 noviembre 2025

Celebramos la fiesta de Cristo Rey del Universo. Son palabras grandes que nos hablan de Cristo, nuestro Salvador, todopoderoso. Esto significa que Cristo es Dios, que gracias a él nos movemos y existimos.

En algunas iglesias muy antiguas como en Estambul o en Sicilia hay mosaicos bizantinos del siglo XII en los que se representa a Cristo Pantocrátor.

En esos mosaicos, en el ábside, se representa a Cristo todopoderoso, y predomina el color dorado para representar la realeza de Jesucristo. Su mano derecha está alzada con un gesto de bendición y la posición de los dedos también tiene un significado concreto: los tres dedos levantados o unidos simbolizan a la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y los otros dos dedos representan las dos naturalezas de Cristo: la Divina y la Humana.

Quisiera reflexionar sobre estas dos dimensiones.

San Pablo hoy nos explica la divinidad del Hijo de Dios, nos dice que “en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles. Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él”.

Por eso Cristo es nuestro redentor, nuestro rey todopoderoso, alfa y omega de todas las cosas.

Pero ¿por qué entonces hemos proclamado el pasaje evangélico de la crucifixión? Y si reflexionamos desde nuestra fe, nos damos cuenta que el trono de nuestro rey fue la cruz y que su corona fue una corona de espinas, y en lugar de ver a un rey elegante con vestiduras dignas, contemplamos su humanidad maltratada y desnuda. La respuesta es que, por amor, ese fue el precio de nuestra salvación.

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se sacrificó por nosotros, y el hijo de Dios que hoy contemplamos en su gloria, es el mismo que el de la cruz.

Es el mismo Hijo de Dios que nos habla de su reino donde los preferidos son los que sufren, los excluidos, los débiles, los perdedores, aquellos que la sociedad descarta.

En este sentido, al rezar el Padre Nuestro y decir “venga a nosotros tu reino”, pensemos dos veces qué estamos pidiendo a Dios, qué imagen tenemos de este rey y de su reino.

El evangelio de hoy nos ayuda a entender que nuestra lógica humana es muy distinta de la lógica de Dios.

Con los años redescubrí algo que ignoré por mucho tiempo y que no me dejaba experimentar a Cristo Rey y su Reino en su totalidad, porque no puse atención al hecho de que Cristo se hizo humano como nosotros excepto en el pecado.

Veía a Cristo Rey Todopoderoso como un Dios lejano de mi humanidad, distante de mis imperfecciones, juzgando mis debilidades desde un trono en las alturas. Pero con los años entendí que ese mismo Cristo Rey Todopoderoso, nació en un lugar humilde, sin casa ni comodidades. Poco a poco redescubrí a ese Rey que en los evangelios se muestra como una persona alegre con sus amigos o en una fiesta de bodas, o llora ante la muerte de un amigo, o muestra un carácter fuerte cuando se enfrenta con los maestros de la ley.

Volví a creer en ese Hijo de Dios, que cuando habló de su reino, fue considerado loco, fue insultado y, finalmente, crucificado.

Hoy, en mi oración, intento hablar con ese Cristo. A veces hay dudas y preguntas complicadas, pero ya no está distante sino que es una presencia constante. A veces es fuego que quema, purifica y transforma; otras veces es una pequeña llama en una noche fría.

Pero está allí, así como estuvo en la cruz para prometer al “ladrón bueno”: En verdad te digo:

“hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Que esta fiesta de Cristo rey nuestra oración sea:

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

POR ARIEL BERAMENDI

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