InicioAnálisisHomilía para la fiesta de Pentecostés. Domingo 19 de mayo 2024

Homilía para la fiesta de Pentecostés. Domingo 19 de mayo 2024

Homilía para el domingo 19 de mayo 2024 Pentecostés

Parroquia del Espíritu Santo, Londres.

Lo primero que quiero compartir con ustedes es que hoy es un día especial para la parroquia porque estamos de aniversario. Es un domingo importante para la comunidad porque somos la parroquia del Espíritu Santo en el Sud de Londres y hoy, junto a la iglesia universal, festejamos Pentecostés.

Creo que tenemos dificultad en representar al Espíritu Santo, nuestra mente quiere entender nuestra fe y a veces lo hacemos con imágenes. Por ejemplo, es más fácil visualizar a Jesucristo, cuando opera un milagro, o en la cruz o cuando resucita.

Tal vez nos imaginamos a Dios Padre como un anciano de barba blanca, que se caracteriza por ser el creador del universo.

Pero, ahora me pregunto: ¿cómo imaginamos al Espíritu Santo? Los Hechos de los Apóstoles nos describe al Espíritu Santo como llamas de fuego, y nosotros nos imaginamos estas lenguas de fuego sobre la cabeza de los apóstoles y de la Virgen María, o como una paloma blanca que se posa sobre los apóstoles.

De hecho, eso es lo que vemos en el vitral central de nuestra parroquia: La Virgen María rodeada de los apostóles, que reciben el Espíritu Santo, todos ellos con vestimentas góticas, porque la arquitectura de la iglesia es neogótica; y como curiosidad tenemos la figura de San Pedro, en la primera línea, a la derecha de la Virgen. Se lo reconoce por el gesto de bendición, con su mano derecha. Esta imagen es una muestra de cómo la mente humana interpreta las escrituras y la tradición e intenta ponerla en categorías humanas.

Sin embargo, este domingo de Pentecostés tenemos que recordar que el Espíritu Santo es una persona. Es la tercera persona de la Trinidad. Es Dios, amor y comunión eterna entre Dios Padre y Dios hijo. Y por lo tanto, el Espíritu Santo es Dios mismo que nos ayuda a vivir.

En la lectura de los Hechos de los Apóstoles hemos escuchado esta frase: “De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban”. La palabra “soplo” debería recordarnos a esa palabra que encontramos en el libro del Génesis, es decir: “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida”.

Por lo tanto, gracias al Espíritu Santo, nos transformamos en nuevas creaturas. Ya no pertenecemos al Antiguo Testamento, sino al Nuevo Testamento. Somos como los apóstoles que no comprenden 100% todo lo que Jesús les había enseñado, tenían miedo y temor de ser testigos de Jesús Resucitado, pero gracias a la venida del Espíritu Santo, ellos pierden el miedo y anuncian la Buena Nueva hasta los confines de la tierra.

Esos apóstoles que no eran doctores de la ley, ni escribanos, pero renovados por la tercera persona de la Trinidad, ahora viajan y expanden la comunidad cristiana. Por eso, también decimos que la fiesta de Pentecostés es el cumpleaños de la iglesia, pues es el momento en el que la iglesia nace y se expande, y, todavía hoy, nosotros, somos testigos de todos esos acontecimientos.

Nuestra comunidad llamada parroquia del Espíritu Santo, creada a finales de 1800, sigue siendo testigo del Evangelio, y nadie podía imaginar que más de doscientos años después aquí seguimos, hablando idiomas distintos, de nacionalidades distintas, con historias muy distintas, pero unidos en una sola fe. Y todo esto gracias al Pentecostés.

Pidamos al Señor que hoy también sea para nosotros PENTECOSTÉS, abramos nuestra vida a Dios Espíritu Santo. Recordemos que él es fuego renovador y purificador. Él es energizante y rejuvenecedor. Dios Espíritu Santo nos ayuda a levantarnos después de cada caída, nos ayuda a no perder la esperanza, nos ayuda a seguir creyendo en la humanidad, a pesar de tanta violencia y sufrimiento.

En la misa de hoy recordemos la catequesis de nuestra juventud y pidamos los siete dones del Espíritu Santo que son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
Recordando también que los frutos del Espíritu son 12: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

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