InicioAnálisisHomilía para el 7.º Domingo Pascua. Cómo glorificar a Dios

Homilía para el 7.º Domingo Pascua. Cómo glorificar a Dios

 17 de mayo de 2027

 

Hoy es el último domingo de Pascua. Cerramos el tiempo luminoso en el que hemos repetido una y otra vez que Cristo ha resucitado.

 

Estos días estamos en medio de estas dos celebraciones importantes.

 

Después de la Pascua de Resurrección, pasaron 40 días y vemos a Jesús subir al cielo, no para ausentarse, sino para quedarse en nuestras vidas, independientemente del espacio y del tiempo; y luego de 50 días celebraremos la fiesta del Espíritu Santo, que, entre otras cosas, es la fiesta patronal de nuestra parroquia, “Holy Ghost”.

 

Las lecturas que hemos escuchado hoy son bastante abstractas y teológicamente

profundas. Intentando traducir el pasaje del Evangelio en un lenguaje sencillo, podemos decir que Jesús se preocupa por cada uno de nosotros. Antes de marcharse al cielo, eleva una oración a Dios Padre y le pide que cada uno de sus discípulos sea glorificado y protegido. Se trata de un mensaje de esperanza en medio del mundo.

 

En esa oración, Jesús menciona varias veces la comunión y la consagración, además entrega una misión a sus discípulos y es como si él pusiera los fundamentos para que nazca la iglesia, sabiendo que dentro de poco el Espíritu Santo vendrá y los discípulos, finalmente, irán por todo el mundo a anunciar el Evangelio.

 

Hoy podemos preguntarnos: ¿cuál es la misión de los discípulos? ¿Cuál es la misión de la Iglesia? La respuesta es: la misma misión de Cristo; es decir, sacar al mundo del pecado y de las tinieblas, y hacer que este mundo sea el mundo de Dios.

 

Sin embargo la realidad es distinta. Los cristianos están divididos; la sociedad y sus gobernantes están enloquecidos por el poder. Y a pesar de este contexto las personas de fe tenemos que ser signos de luz, de esperanza y de caridad. Esa es nuestra misión, más allá de las “palabras bonitas”.

 

Es lícito preguntarnos: ¿de dónde sacamos la fuerza para cumplir nuestra misión? Solo podemos sacar la fuerza desde nuestra fe en Cristo crucificado y resucitado.

 

 

Este pasaje del Evangelio de Juan, es conocido como “la oración sacerdotal de Jesús”. Él pide que también los discípulos sean glorificados. En efecto leemos la frase “Yo soy glorificado en ellos”, y también se dice: “Padre Santo, conserva en tu nombre a aquellos que tú me has dado”.

 

En la actualidad, cuando hablamos de gloria no nos referimos a la fama, al poder o a la riqueza que dirigen la lógica del mundo.

 

El significado de la palabra “gloria” o “glorificar” en este evangelio es la manifestación de la presencia y del amor de Dios.

 

La gran pregunta para nuestra vida cotidiana es: ¿Cómo glorificamos a Dios?

 

Glorificamos a Dios en distintos modos y espacios. Por ejemplo, en la liturgia, pero también en el cumplimiento de nuestra vocación personal, cuando practicamos la unidad entre los cristianos, cuando damos testimonio de Dios en el mundo.

 

Es otras palabras, glorificamos a Dios cuando nos transformamos en aquello a lo que estamos llamados a ser. Así de sencillo y así de complicado.

 

Pidamos a Dios que nos ayude a entender esto y mientras esperamos la venida del Espíritu Santo, recordemos las palabras de San Ireneo de Lyon: “La gloria de Dios es que el hombre viva, y la vida del hombre es la visión de Dios” [1]

 

[1] San Ireneo de Lyion. Contra los herejes, 4,20,5-7

POR ARIEL BERAMENDI. SUMATE A MI CANAL DE WHATASPP

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