Homilía para el 18º domingo del ciclo C
3 de agosto de 2025
El Evangelio de este domingo nos hace poner los pies en la realidad de una manera cruda y directa. Es Jesús quien nos habla directamente y nos dice que: “la vida no depende de la abundancia de los bienes que poseemos“.
La primera lectura nos recuerda también esa famosa frase: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad“. Así nos damos cuenta de que nuestra vida puede cambiar radicalmente de un instante a otro, que del cero podemos pasar al cien, y del cien al cero, en cuestión de segundos.
Estamos llamados a vivir intensamente, con gratitud a Dios por todo lo que tenemos y todo lo que no tenemos. Es cierto que los bienes materiales, fruto del trabajo honesto, son una bendición y nos ayudan a vivir mejor la vida, pero no son aquello —o no deberían ser aquello— que define nuestra identidad cristiana.
En este peregrinaje terrenal, no nos hace mal recordar que un día moriremos y no importará si llegamos al cementerio en una limusina o en una carreta; lo cierto es que no nos llevaremos nada de lo que hemos acumulado en este mundo. Si entendemos esto, nuestro estilo de vida tendría que cambiar radicalmente.
Seremos conscientes de que en esta vida no seremos eternamente jóvenes, que estamos de paso por este mundo, que nuestro cuerpo va cambiando y se va haciendo débil, aunque nuestra mente no lo acepte.
No quiero ser fatalista, ni mucho menos, porque Dios nos ha creado para ser felices, y esta felicidad se construye paso a paso, con subidas y con bajadas. Lo irónico es que la felicidad se construye también con alegrías y sufrimientos, con salud y con enfermedad. Puede parecer paradójico pero es así.
El Evangelio de hoy nos recuerda que tenemos que construir nuestra vida sobre la roca firme, no sobre la arena de lo pasajero y acomodaticio.
Por eso, Jesús va más allá del problema de la herencia y se centra en el problema de la avidez por los bienes terrenos, y expone la parábola del rico necio. Ese hombre rico de la parábola no quiere darse cuenta, desde la experiencia de las cosas visibles, de que nada dura para siempre, sino que todo pasa: la juventud y la fuerza física, las comodidades y los cargos de poder.
Finalmente, cuando estemos en un momento de dificultad, les invito a leer y orar con el salmo 89 que hemos escuchado hoy y que dice: Señor, tú eres mi refugio, porque es una oración para pedir prosperidad y la bendición del Señor en nuestras vidas, pero recordando que solo Él es dueño de nuestra existencia.
Pidamos este domingo un corazón sabio para vivir cada día como si fuera el primero, y como si fuera el último.
por ARIEL BERAMENDI


