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Hombres Nuevos cautiva al papa Francisco con su música

Los 25 músicos bolivianos del Ensamble Hombres Nuevos que tocaron ayer para el papa Francisco en el Aula Paulo VI del Vaticano no podían contener la emoción por lo que habían vivido. “Una alegría tremenda conocer al santo padre, quien manifestó mucha sencillez y agradecimiento. Textualmente nos dijo: ‘Felicidades, los escuché cuando entraba y me encantó ver niños y jóvenes de Bolivia’”, contó Jorge Luis Molina, uno de los violinistas del grupo, que tuvo la oportunidad de hacer bendecir sus anillos de casamiento con el papa. 

Rubén Darío Suárez Arana, director del ensamble, calificó como una mañana maravillosa para el grupo la experiencia de haber tocado en el Vaticano, ante 8.000 personas que llegaron al Aula Paulo VI para la audiencia papal (que se inició a las 9:30 hora de Roma; 4:30 de Bolivia) en la que estaba previsto el homenaje a los 25 años de trabajo del monseñor Nicolás Castellanos en Bolivia con la Fundación Hombres Nuevos, que es -precisamente-la que sostiene el ensamble que tocó ayer, integrado por muchos niños y jóvenes que viven (o vivieron) en la zona del Plan  3.000.

Emoción

El Ensamble Hombres Nuevos se ubicó en un lugar de privilegio del aula, a la que llegaron a las 7:30. Desde ahí tenían que acompañar con su música el ingreso del papa a la audiencia y también su salida. “Mientras el papa ingresaba se nos pidió que interpretáramos piezas de nuestro repertorio. Fue ahí que le brindamos himnos, salmos, música del archivo de Chiquitos y después tocamos algunas de las arias de la ópera San Ignacio de Loyola”, explicó Suárez Arana. 

Durante la audiencia el papa se acercó a saludar a los músicos y ellos aprovecharon para sacarse fotos con él. “Nos dijo que había escuchado toda la música que habíamos interpretado y que estaba muy feliz, y pidió que cuando él se estuviera retirando que por favor siguiéramos cantando para él y para la gente que llegó hasta ahí”, relató el director cruceño. 
Los niños y jóvenes conversaron con el papa. Iván Staub Pedraza, uno de los dos solistas de 10 años -los de menor edad de la delegación- le regaló un rosario  chiquitano de San Ignacio de Velasco, donde él nació, cuando el  papa se acercó al grupo y los saludó con un “Los escuché tocar ¡Tocan muy bien!”. Staub sale a recibirlo y le entrega el rosario tallado en madera y se funden en un abrazo. 
Pedro Yaquirena, otro de los músicos que integra el ensamble, dijo que no tenía palabras para describir lo que sentía. “Es una posibilidad única que hemos tenido y que en persona el mismísimo papa Francisco te salude y te diga que tocaste muy bien”, expresó Yaquirena, que toca el fagot.
Suárez Arana le regaló la última edición de la partitura de la ópera San Ignacio de Loyola realizada por el padre Piotr Nwrot (obra que fue escrita por un misionero desconocido y cuya composición musical fue hecha por los jesuitas Doménico Zípoli y Martín Schmidt, hace 300 años) entre otros presentes que había llevado.
En ese instante es cuando el papa saluda y le da sus respetos al monseñor Nicolás Castellanos por su labor. “Luego se fue a saludar a otras personas que estaban en el aula, pero nosotros seguíamos soprendidos por el cariño y el afecto con que nos trató”, dijo el director del ensamble, que estuvo ensayando desde el año pasado para esta presentación. 

Otro concierto

Y así los músicos cumplieron un sueño. Muchos de ellos salieron de gira por primera vez de Bolivia. Horas más tarde dieron otro concierto, esta vez para la embajada boliviana de Roma, en el Instituto Pontificio de Música Sacra. 

Si bien se formaron en la Orquesta Hombres Nuevos, algunos de los músicos integran conjuntos como el Coro Infantil Municipal Voces del Cielo, Coro Municipal Infantil de San Ignacio de Velasco y el
Cuarteto Coral de la UEB.

Los conciertos prosiguen hoy y finalizan mañana, y el sábado 28 de enero están retornando a Bolivia. 
Sobre las posibilidades de contactos para una nueva gira europea, Suárez Arana dijo que estuvieron muy ocupados estos días preparándose y que verán eso luego. 

Esta gira es un merecido homenaje al monseñor Nicolás Castellanos y a su labor desinteresada en Bolivia, donde ha gestionado obras sociales y culturales en todo el país, y qué mejor que uno de sus logros, la Orquesta Hombres Nuevos, para agradecerle estos años con buena música