Santa Cruz

HACIA EL V CONGRESO EUCARÍSTICO: LA EUCARISTÍA: EXIGENCIA DE COMPARTIR

“El auténtico sentido de la Eucaristía se convierte, de por sí, en escuela de amor activo al prójimo”. Comprendemos así, la relación entre la Eucaristía y la vida de los de-más. Presentar a Dios Padre la ofrenda de Cristo implica continuar esta misma entrega en una vida que se gasta en servicio a los demás.

Para el cristiano, con la conciencia de que es miembro del Cuerpo de Cristo, poder celebrar el “Banquete Eucarístico” es un gran privilegio, pero también una interpelación. El pan y el vino que presentamos en el altar nos remiten a la comida que debiera haber en la mesa de todo ser humano, porque hay muchos seres humanos que no tienen qué comer o porque les falta con quien compartir, lo que representa una clamorosa injusticia.

Esta situación se opone radicalmente a aquello que Jesús realizó durante su vida, a la que la primera comunidad eclesial atendió y vivió, siguiendo las enseñanzas de Cris-to. En efecto, la Eucaristía, celebrada y participada como banquete, nos invita a unir la Fracción del Pan con la comunión de bienes, con las colectas a favor de los necesitados, con el servicio de las mesas, con la superación de toda división y discriminación. Por tan-to, la celebración de la Eucaristía actualiza la diakonia o servicio de Cristo, y es momento privilegiado de renovación de la Iglesia a favor de los más necesitados. Así, la Sagrada Es-critura es fuente de amor y diakonia, que necesariamente tiende a realizarse en la vida diaria. El misterio Eucarístico abre nuestros ojos a las implicaciones sociales, culturales y políticas del Evangelio. Es la “escuela de amor activo al prójimo”.